EL ESTADO DE LA CIUDAD
Los agujeros de Ventas Oeste
El abandono de los nuevos sectores urbanos no desarrollados propicia que. los ladrones se lleven las tapas de los registros y el cableado de las farolas

Los actos vandálicos con robos son frecuentes en los nuevos sectores, en la imagen Ventas Oeste sin las tapas de registros
Un cráter en mitad de la calle, señalizado apenas por un tubo que surge del subsuelo, da la bienvenida al sector. Pero hay más repartidos casi cada 50 pasos, sin protección, ni aviso, ni preccaución ninguna para alertar a los ciudadanos. Aquí una tapa de los colectores que falta, allá una rejilla del alcantarillado que no aparece. Todo en medio de un terreno en el que, cuando se pone el sol, se hace la oscuridad y donde la maleza crece a sus anchas, sin cuidado alguno, con el sistema de riego por aspersión convertido en un elemento decorativo después de que, por segunda vez, desvalijaran la caseta en la que se guarecían los mecanismos motores. A la entrada, el cartel quemado por el sol, recuerda que en Ventas Oeste, cuando se puso la primera piedra, se pensaban construir 707 viviendas. No hay ninguna grúa, ni movimiento de tierras que denote actividad inmediata o proyecto de que pudiera haberla en un horizonte próximo. No hay nada por el momento. Sólo se ve el centro cívico levantado en la linde con el barrio de La Inmaculada dentro de un extenso terreno propicio para los robos por su abandono.
Hoy, más de tres años después de su apertura oficial, el sector se ha convertido en un ejemplo de las zonas de abandono urbanístico a las que pilló la crisis y se han convertido en un bazar para el hurto, como ha sucedido en otros a medio desarrollar como Los Juncales, en Armunia, o la parte de La Lastra que se bordea la cuña de los ríos Bernesga y Torío. Todo lo que se pueda desmontar les sirve a los ladrones, que se han llevado ya las tapas de los registros y el cableado de las farolas de la zona interior.
No hay luz, salvo en el vial principal que comunica la rotonda de la carretera Asturias con la calle Nazareth para dar conexión a la ronda interior, donde los operarios municipales de los servicios eléctricos han procedido a restablecer la normalidad después de repetidas desapariciones de material. Por ahora, parece que han cesado los robos del cable como consecuencia de la decisión de hormigonar los registros para que, si los abren, no puedan acceder hasta el cobre. «Para lo único que sirve estop ahora es para que se metan coches por la noche a dar rienda suelta a sus necesidades y para trapicheos», resume uno de los vecinos de los barrios colindantes, mientras pasea a su perro con cuidado para no caer en uno de los agujeros que se abren en mitad de la calle sin aviso alguno. «Un día va a haber una desgracia», avisa.