Diario de León

el drama del desempleo

Un pasado en paro y un futuro sin trabajo

En León hay 36.000 desempleados de larga duración; las dificultades aumentan cuando se superan los 45 años.

Benito Castro y José López no tiran la toalla, no se rinden y siguen buscando un empleo.

Benito Castro y José López no tiran la toalla, no se rinden y siguen buscando un empleo.

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A. Calvo | León
León

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Sentados frente a frente, con un café en el medio, Benito Castro y José López hablan de tú a tú, aunque es la primera vez que se ven. Su situación es similar, muchos años sin trabajo, apurando al máximo los pocos ingresos con los que cuentan y dejando de lado pequeñas aficiones. Ellos le ponen cara a los 36.000 parados de larga duración que hay en León y a pesar de que no están dispuestos a rendirse por muy negro que se les pinte el futuro, los dos son conscientes de que «estiras, estiras y estiras hasta que un día ya no puedas más». Más de 18.600 familias leonesas tienen a todos sus miembros sin trabajo y sólo uno de cada dos parados cobra alguna prestación.

Son incansables en la búsqueda de ofertas de empleo. Cada uno a su manera. Benito acude al Inem y también se ha dado cuenta de que no puede seguir picando a las mismas puertas cada dos o tres meses para entregarles el currículum, «porque en muchos sitios ya no te dejan ni entrar y te piden que lo dejes en el buzón». José cada mañana, cuando se levanta, se conecta a Internet y busca las ofertas a través de la página de la Junta. «Llamas a las empresas pero siempre se cierran las puertas por lo mismo, aunque tengas preparación o cursos, como no tengas experiencia, nada de nada», concreta.

Pero ellos siguen siendo optimistas y mantienen la esperanza. José está casado y tiene dos hijos. Su mujer también está en el paro, aunque ahora trabaja 4,5 horas a la semana. Su hija, de 26 años, es funcionaria, «supo buscarse la vida muy pronto» y su hijo de 15 años continúa estudiando. «Los dos siempre han sido conscientes de lo que había en casa, porque todo se limita al cien por cien». Su mujer se quedó en el paro en enero del 2012 y el 10 de octubre de ese mismo él pasó a engrosar las listas del temido desempleo. Desde entonces, nada.

«Este mes de diciembre hace ocho años que perdí mi trabajo en la construcción. Justo cuando comenzó la crisis. Cogimos las vacaciones de Navidad y nos dijeron que después volveríamos, pero la obra quedó incompleta y nunca nos reincorporamos», comenta Benito. Él vive solo. No tiene nadie a su cargo, salvo la hipoteca. José también. Para ambos, este pago mensual es una prioridad y para él reservan parte de sus escasos ingresos.

El último informe del Consejo Económico y Social destaca la importancia de aprobar medidas para paliar el desempleo de los mayores de 45 a 64 años. José y Benito han superado en ambos casos los 50 años y, como el 60% de los parados de esta franja de edad a nivel nacional, tan sólo se han formado hasta la educación obligatoria. Ambos han aprovechado los cursos de actualización que les han ido ofreciendo a través de los diferentes organismos o por iniciativa propia, pero tampoco encuentran trabajo.

Benito no cobra ninguna prestación desde marzo y José y su familia subsisten con los 426 euros de la ayuda familiar. El desempleo para los mayores de 45 años se ha multiplicado por 4,5 desde el 2007 y los parados de larga duración representan el 49,7% de los desempleados y desde el CES remarcan el hecho de que en la mayoría de los casos sobre estos desempleados recae la responsabilidad y los ingresos de sus hogares. A Benito le ayudan sus hermanos, aunque cinco de los nueve que son también están sin trabajo. Entre todos salen adelante. De momento, ni a él ni a José les falta para comer, pero han recortado en el vestir, en los pequeños lujos o en salir de vez en cuando a tomar algo. Eso es prohibitivo.

«Yo no quiero creer que con 52 años no tenga opción de trabajar, cuando siempre fui mi rentable para mi empresa», remarca José, quien los últimos quince años estuvo trabajando como conductor y vigilante de explosivos. Los dos coinciden en que cuando uno sale del mercado laboral, ya es muy difícil regresar y creen que es preciso contar con amigos en todos los rincones, pero ellos también se han quedado sin trabajo.

«Lo único que no pierdes es la ilusión. Cuando te despiertas por la mañana piensas, hoy es un día nuevo y me llamarán, pero después te das cuenta de que el teléfono no suena», lamenta José. Benito tiene esperanzas en lo poco que juega a la lotería esta Navidad y que comparte con sus hermanos. «Aunque no me saque de pobre, por lo menos será otro empujón para seguir tirando». Pasear, sacar al perro y hacer las cosas de casa, son algunas de las alternativas que les quedan mientras siguen a la caza de un empleo. «Ya te aburre tanto tiempo libre», precisan los dos mirándose uno a otro y con el poso del café tan oscuro como ven su futuro.

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