TRAS EL FIN DEL PERIODO DE PRÓRROGA
El 90% de los locales de renta antigua de León renegocian su alquiler
Algunos comerciantes de la capital pasan a pagar de 70 a 700 euros al mes aunque otros tratan de pactar sus precios a la baja.

Zapaterías, bares, despachos de pan, hueverías, almacenes de ropa y un largo etcétera de pequeños comercios leoneses que hasta el pasado mes de diciembre estaban sujetos a la renta antigua afrontan la cuesta de enero entre rebajas, la esperanza de una recuperación económica que no termina de cristalizar y la incertidumbre sobre dónde atenderán a sus clientes a partir de ahora. Y es que el cambio de año ha ‘finiquitado’ los contratos de arrendamiento que se firmaron antes del 9 de mayo de 1985, al caducar el periodo transitorio o de prórroga concedido a este tipo de inquilinos comerciales que siguen rigiéndose por la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1964.
Pese a que en algunos escapares de la capital ya cuelga desde hace semanas el cartel de ‘se traspasa’, la asesoría jurídica de la Cámara de la Propiedad Urbana de León asegura que «entre el 80 y el 90% de los locales de renta antigua renegociarán finalmente sus alquileres», como puntualiza Luis Lobato Pozuelo, uno de los letrados asesores de la Cámara. Algunos de ellos ya han llegado a un acuerdo con los propietarios de los establecimientos y otros están en trámites para lograrlo en las próximas fechas.
El denominado como Decreto Boyer afecta a un millar de comercios en toda la provincia, de los que 500 se asientan en la capital y su alfoz. Muchos de ellos negocian sus nuevos alquileres al alza —pasando de pagar en algunos casos de 70 euros al mes a 700—, pero otros como Josefa Pérez, que regenta una tienda de ropa de bebés en la calle del Carmen, han pactado incluso un precio más bajo del que ya pagaban con la renta antigua. «En mi caso —aclara— hasta un 10% menos». Después de tres décadas vistiendo a niños y niñas de cero a dos años, la buena relación de esta vendedora con su arrendador han influido de forma determinante para mejorar las condiciones. Y aunque extraño, no es el único caso de renegociaciones a la baja que se está llevando a cabo en la provincia.
Al alza tratan de pactar un acuerdo otros locales históricos como el Bar Morán —calle Villafranca esquina con la Pícara—, la vinoteca Casares o la Panadería Robles Manganeses —en Alcázar de Toledo—.
Asimismo, muchos de los negocios de renta antigua que han actualizado sus alquileres al alza seguirán pagando menos que otros locales vecinos cuyos contratos son posteriores a 1985. Una ‘competencia desleal’ que ya han denunciado algunos afectados en varias ocasiones.
Cuando se planeó el Decreto Boyer —que recibió ese nombre por el entonces ministro de Economía del Gobierno— se calculó que para 2015 la gran mayoría de inquilinos comerciales de este tipo estarían en edad de jubilación, por lo que una nueva generación podría tener acceso a esos negocios. Lo que no tuvo en cuenta la ley es la actual situación de crisis que todavía sufre el país pese a los últimos datos económicos, un hecho que está provocando que esa jubilación se antoje mucho más compleja. Dentro de ese 10% de locales leoneses que no han llegado o no llegarán a buen puerto, algunos encuentran su salvaguarda trasladándose a nuevos establecimientos y otros, simplemente, echarán el cierre porque les resulta imposible hacer frente a los alquileres.
Uno de los ejemplos de este ‘éxodo’ en busca de simple subsistencia lo protagoniza Carmen Roberto, propietaria de Roberto Camisería. «Lo tengo crudo y, como yo mucha gente», señalaba hace casi un año a este periódico. Hasta hace poco su negocio —abierto por su progenitor en el año 1952— echaba raíces en la céntrica Calle Ancha, ahora trata de abrirse camino en La Rúa. «No me quejo de mi nueva ubicación, por suerte es una calle con movimiento», remarcaba ayer.
Otro caso de este renovarse o morir ya lo protagonizó Isabel Paula López, de Almacenes San Froilán, que conociendo el fin de las rentas antiguas mudó su negocio —una de las pocas tiendas de telas para confección en la ciudad— al local de enfrente en la calle Regidores. Aprovechó la jubilación del propietario de la tienda de motos que allí había, cruzó la calle y firmó un contrato por tres años a un mejor precio que el que le hubiera ofrecido su anterior arrendatario con la actualización. Su padre comenzó en la década de los cuarenta con un negocio ya nacido en 1906. «Muchos tendrán que cerrar, no hay negocio que lo resista según están las cosas ahora mismo».
Algunos expertos inmobiliarios creen que la crisis puede jugar a favor de estos arrendatarios que llevan años beneficiándose de un régimen de alquiler muy por debajo del mercado, ya que sus cuotas tan sólo se han ido actualizando anualmente con el incremento del IPC. Este ‘pacto entre caballeros’ interesa a ambas partes; unos porque prefieren continuar sacándole rendimiento a sus locales y otros porque aún pagando más no quieren perder su estratégica situación. Sea como fuere, lo que está claro es que la mayor parte de comerciantes de León parece estar dispuesta a adaptarse a los nuevos tiempos, mientras que una minoría queda condenada a la extinción o a reubicarse en otro local. Una decisión no siempre sencilla que, como en otras situaciones, no termina de convencer a todos por igual.