Diario de León

Artistas donantes de obras de arte

Herminia de Lucas se suma al extenso catálogo de autores leoneses que deciden legar parte de sus creaciones al ILC.

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á. c. | león
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Las donaciones de obras que distintos artistas desean entregar entran a formar parte de la colección de arte de la Diputación de León, gestionada desde el departamento de Arte y Exposiciones del Instituto Leonés de Cultura (ILC). Una labor con la que el año pasado se añadieron al fondo 108 obras de escultura, pintura, dibujo, ready-made, vídeo, fotografía, grabados y poemas visuales. Obras de muy distintas firmas que ya entran en el catálogo provincial, como Modesto Llamas, Olga Llamas, Nino Cabero, Villoria, Manolo Jular, Lolo, Esther Santás, Francisco Suárez, José Guillou, Félix de Agúero, José de León, Vicente García, Marcelino Cuevas, María Díez Velázquez, Manuel García, Lucía Cuñado, David del Bosque, Isidro Tascón, José María Lozano o Adolfo Álvarez Barthe.

La última incorporación llega de la mano de Hermina de Luca, quien ha hecho «una importantísima y generosa donación», según agradecen desde el ILC. «Es una de las pintoras más destacadas de la segunda mitad del siglo XX en nuestra provincia, junto con artistas tan destacadas como Castorina, Gloria Alcaud, Petra Hernández y la reconocida internacionalmente Teresa Gancedo», señalan los responsables del organismo, que insisten en que «su trayectoria se inicia en la década de los cincuenta con el maestro Demetrio Monteserín y transcurre hasta la actualidad, si bien es cierto que en estos últimos años con menos producción».

La donación de Herminia de Lucas está compuesta por un total de 297 obras plásticas entre las que se cuentan dibujos, litografías, pinturas de guache sobre papel, óleos sobre lienzo, guache sobre acetato y un nutrido grupo de pinturas de técnica mixta sobre diferentes materiales, valorada en 258.400 euros. Una obra con la que «se cubre un hueco fundamental en la historia del arte de la provincia de León en el área de la pintura y el grabado, puesto que hasta ahora no se tenía ninguna obra de Herminia en la colección», destacan desde el ILC.

Las diferentes obras que entran a formar parte del catálogo del ILC permiten que quede «perfectamente representadas varias de las etapas estructurales en la evolución creativa de la artista», desde «obras de primera etapa de formación, un conjunto de dibujos y estudios de anatomía de gran interés en los cuales se construye el volumen anatómico con la línea», así como «otro conjunto amplio que es una representación integral de todas las imágenes realizadas en técnica de litografía en la Facultad de Bellas Artes de Madrid y con las cuales consiguió el Premio Nacional de Litografía». Un periodo del cual también son «un conjunto de retratos de un gran realismo y con una gran capacidad expresiva de amigos y familiares», mientras que «de la década de los sesenta se incorporan otros retratos más constructivos». Hay espacio además, según reseñan desde el instituto, para «obras de tipo realista, pero con una intensa estructuración geométrica y una paleta de color muy sobria que corresponden a temáticas muy clásicas como bodegones o vanitas, muy del gusto estético de la vertiente clásica académica de la época», e incluso para «varios autorretratos muy esquemáticos de los años cincuenta y sesenta de gran sencillez y sobriedad cromática».

Entre las donaciones se reconocen asimismo «varias obras que revisan una cierta vertiente neo pop de gran interés de los años noventa que plantean un cierto vínculo, al mismo tiempo con tendencias de enfoques neodadas», apuntan los responsables del ILC, que destacan la importancia de «varias piezas que plantean diferentes incursiones en el informalismo gestual y matérico de finales de siglo, piezas muy interesantes que hacen que tengamos que incorporar a esta artista en esta corriente en León, dentro del estudio realizado y tesis doctoral de Rosa María Olmos sobre informalismo leonés».

Los paisajes entran en una serie, denominada concavidades, «con sentido barroco de espacios arquitectónicos y cierta carga onírica». Un «paisaje natural» que va «desde un paisaje realista hasta la desmaterialización de las formas que culmina en una utilización intensa del color y la mancha con una gran luminosidad y explosión cromática», citan desde el ILC. Pero «el punto álgido de esta evolución lo alcanza con obras plenamente abstractas que tienen su origen en el paisaje pero donde el color es el protagonista, introduciéndose en el territorio de la abstracción lírica», exponen desde el organismo, que pone el acento «una magnífica obra de pintura sobre radiografías de su propio cuerpo».

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