Diario de León

REFORMAS EDUCATIVAS

Casi 650 universitarios, colgados pendientes de aprobar la licenciatura

Ya no tienen derecho a asistir a clase y sólo pueden presentarse a los exámenes

Miguel Ángel Cuervo y  Diego Borregán.

Miguel Ángel Cuervo y Diego Borregán.

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A. CALVO | LEÓN
León

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Los primeros egresados ya están en la calle y en la Universidad de León aún quedan cerca de 650 estudiantes que continúan estudiando bajo el antiguo sistema, esperando conseguir su licenciatura y pendientes también de una nueva reforma con la aplicación del 3+2 propuesta por el ministro Wert. Los alumnos del plan antiguo, anterior a Bolonia, sienten «colgados» académicamente y «desatendidos» ya que sólo pueden presentarse a los exámenes y no tienen derecho ni a clases ni a tutorías. Derecho es la facultad con más alumnos en esta situación, con cerca de 200, seguida de Veterinaria, con 142 y Empresariales, que entre cuatro titulaciones tiene a 126 estudiantes aún pendientes de obtener su título. Los que aún estudian para obtener la licenciatura en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte son 79 y en el resto de las facultades también están sembradas de estos jóvenes que sólo acuden a los exámenes entre los doce mil estudiantes de la Universidad de León.

El plan Bolonia comenzó a implantarse en el 2009 y desde ese momento fueron desapareciendo las antiguas titulaciones. Ahora, tras quedar completamente extinguido al ir agotándose los cursos, los estudiantes que no han conseguido acabar la carrera en estos años tienen hasta seis convocatorias para aprobar los exámenes, a través de apuntes que les facilita el profesor en la plataforma digital de la Universidad de León o en fotocopias. «Es gente que va retrasada algunos años, pero la mayoría no pasa de los 30», explica el decano de Económicas, José Miguel Fernández, quien también apunta que muchos de ellos son alumnos que han compatibilizado sus estudios con trabajo.

El curso pasado fue el último en el que estos alumnos pudieron asistir a clase ya que este año la docencia de las licenciaturas se ha extinguido. «Estamos un poco desamparados porque, lógicamente, los profesores apuestan directamente por el plan nuevo y a pesar de que pagamos la matrícula sólo tenemos derecho a exámenes», comenta Miguel Ángel Cuervo, uno de los últimos licenciados de la Universidad de León. Él ha compaginado sus estudios con el trabajo y a pesar de la implantación de Bolonia «prefiero ser licenciado». «Estamos colgados académicamente porque estamos en el limbo, en tierra de nadie. Tienes cuatro meses para estudiar los exámenes, pero no dedicas todo el tiempo a ello y estar en casa sin hacer nada es la mayor losa del mundo», indica tras apuntar que a pesar de que hay asignaturas como las centradas en la historia que no precisan de un profesor, otras como las relacionadas con las matemáticas «es necesario ir a clase» para poder aprobar la asignatura con más facilidad.

Diego Borregán tiene la mente puesta en el 23 de junio, cuando se presentará al examen de la última asignatura para acabar su carrera en Económicas. También empezó en el 2007 y aunque comenzó con buen paso, «por problemas personales, y también por falta de esfuerzo, perdí el ritmo y después es más difícil, no conoces a las compañeros y pierdes la rutina». Él no trabaja, pero como tiene tiempo libre lo dedica a seguir formándose y se aplica con las clases de inglés. «Aún no he comenzado a buscar trabajo, estoy esperando a conseguir el título», apunta para añadir: «Tengo unas ganas locas de terminar».

Pagan la matrícula más barata, en la modalidad de «sin docencia», aunque así «no es fácil, porque lo mejor es ir a clase, preguntar al profesor, ir a las tutorías», concreta Diego Borregán. Lucía, por su parte, consiguió acabar sus estudios en la convocatoria de diciembre. «He estado viajando mucho, haciendo cursos, trabajando, no he parado de hacer cosas y me he entretenido demasiado tiempo», concreta esta joven que aún no ha llegado a la treintena y que ya ha empezado a trabajar. Ella comenzó en septiembre del 2003 sus estudios y cuando llegó la implantación de los grados estaba pendiente de ocho asignaturas para acabar. «Sabía que iba a presentarme a mi ritmo, tenía los apuntes de cuando había ido a clase y sólo me quedaban las asignaturas de estudiar», dice el joven.

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