DESAPARICIÓN EN SIRIA
Perdidos en un agujero negro
El Ministerio de Exteriores español habla de la «desaparición» de López y los dos reporteros, pero agencias sirias como Step News lo califican ya de «secuestro».

Ruinas de un edificio de Alepo tras un ataque con cohetes en el mes de junio
Siria ya no existe. Aquella Siria anterior a la primavera de 2011 ha dado paso a un pedazo de tierra dividido en tres partes en las que el régimen de Bashar el-Asad, las milicias kurdas y los grupos armados de la oposición se reparten los escombros de lo que fue un país. Aunque con dificultades, régimen y kurdos siguen abriendo las puertas a la prensa internacional, pero la tercera parte, aquella en disputa entre los grupos armados opositores y el grupo yihadista Estado Islámico (EI), se ha convertido en territorio vetado para informadores locales y occidentales. La primera sospecha sobre cualquier periodista extranjero que pone el pie en esa zona es la de espionaje, uno puede ser espía del Gobierno de Damasco, de la CIA, del M16 o de cualquier otro servicio de Inteligencia a los ojos de unos captores que se deben de frotar los ojos al ver que, pese a todo lo que ha llovido en el último año de califato con los asesinatos ante las cámaras de periodistas y cooperantes británicos, estadounidenses y japoneses, sigue habiendo gente como Antonio, Angel y el leonés José Manuel López que se meten en la boca del lobo.
El Alepo de 2015 no tiene nada que ver con aquella capital económica de Siria a la que hasta 2011 viajábamos desde Damasco en apenas cinco horas de autopista por el simple capricho de cenar en su ciudadela antigua, machacada. Desde el inicio del levantamiento contra El-Asad, Alepo está divida en dos partes, dos ciudades diferentes, dos mundos en los que los civiles, según el lado en el que se encuentren, sobreviven bajo la lluvia de barriles bombas del régimen y los atentados y morteros de la oposición armada
Dentro de la ciudad son otras facciones como Ahrar al-Sham (Movimiento de los hombres libres) o el Frente al-Nusra, filial de Al-Qaida en Siria, las que tienen el control. Desde comienzos de mes trece de estos grupos se han unido bajo el nombre de Ansar al-Sharia (Partidarios de la sharia, o ley islámica), con el doble objetivo de «liberar Alepo y sus alrededores» y establecer posteriormente «un gobierno de acuerdo a la ley islámica».
Territorio enemigo
El avance opositor y la promesa de «liberar» Alepo —lo que supondría un duro golpe para Damasco— fue la percha que empujó a los tres compañeros desaparecidos a viajar de nuevo al norte de Siria, un lugar al que ya habían ido en anteriores ocasiones, pero donde las cosas cambian en cuestión de segundos. El poder del grupo con el que has entrado al país de forma ilegal se puede acabar en apenas una calle y entonces ya te encuentras en territorio enemigo. El Ministerio de Exteriores español habla de «desaparición», pero agencias sirias como Step News lo califican de «secuestro». Las familias piden «respeto» y «prudencia» y las de todos los que nos movemos en la zona nos miran con los mismos ojos que tenían en septiembre de 2013 cuando empezaron a faltarnos los reportajes, fotos y tuits de Javier Espinosa, Ricardo García Vilanova y Marc Marginedas, los tres colegas que estuvieron seis meses secuestrados en Siria. No importa que recuerdes que los yihadistas han liberado a los tres informadores españoles que han tenido en sus manos y el Frente al-Nusra también puso en libertad al reportero norteamericano Peter Theo Curtis hace un año, unos días después del asesinato de su compatriota James Foley. Esa mirada te pide que no vuelvas, que ya vale, que te quedes en casa. Es la mirada de quien sabe que mañana le puede tocar sufrir ese vacío. Sobran las palabras. Saben que volveremos.