El papa pide perdón por los últimos escándalos en el Vaticano
Francisco se pronuncia mientras se juzga al ex ecónomo de Astorga.
El papa Francisco pidió ayer perdón por los recientes escándalos vividos en el Vaticano y citó las virtudes que deben tener los miembros de la Curia romana, entre ellas, ser honestos, no traicionar la confianza y evitar los escándalos que amenazan la credibilidad de la Iglesia.
Aunque Francisco no citó ningún ejemplo concreto, sus declaraciones se producen mientras que en el Vaticano está abierto el proceso que juzga a cinco personas acusadas de filtrar y publicar documentos financieros de carácter reservados de la Santa Sede, en el conocido como caso Vatileaks2, uno de los mayores escándalos que se han vivido en el Vaticano.
«Me gustaría perdir perdón por los escándalos que se han vivido en el Vaticano», afrimó Jorge Bergoglio antes de pedir «rezar por las personas involucradas, para que quien se ha equivocado se arrepienta y pueda recuperar el camino correcto». El papa hizo estas reflexiones durante un encuentro que mantuvo en el Vaticano con miembros de la Curia romana a los que dirigió sus felicitaciones navideñas.
Jorge Bergoglio dedicó su discurso a lo que denominó el «catálogo de las virtudes necesarias» que debe tener la Iglesia, entre las que incluyó la «ejemplaridad para evitar los escándalos que hieren las almas y amenazan la credibilidad de nuestro testimonio».
También habló de la honestidad y afirmó que «quien es honesto no tiene miedo a ser sorprendido, porque nunca engaña al que confía en él».
Rechazó «sobrecargarse acumulando cosas inútiles» o dejarse «dominar por la ambición», y mencionó la misericordia como «la prueba de la eficacia, de la eficiencia y de la autenticidad» de la labor de la Curia, un valor que guía el Jubileo Extraordinario que comenzó el pasado 8 de diciembre. Citó la espiritualidad y la humanidad, y también la fidelidad, la racionalidad y la amabilidad. Habló de la inocuidad para decir que es el valor que «capacita para abstenerse de acciones apresuradas e impulsivas» y señaló como otras «virtudes indisolubles de la existencia cristiana» la caridad, la verdad, el respeto y la humildad. En último lugar citó la fiabilidad y la sobriedad. «Fiable es el que sabe cómo mantener los compromisos con seriedad y fiabilidad cuando es observado pero, sobre todo, cuando se encuentra solo, es quien irradia una sensación de tranquilidad.