Iglesias: «Somos gente humilde que lo único que hemos hecho es trabajar»
En tinta, estampadas, con serigrafía o cristales pseudo swarovski, los millones de etiquetas que imprime Interprint a una velocidad de vértigo sirven para aportar carácter a vinos, productos de delicatessen, un yogurt o un simple detergente. Las denominadas etiquetas de valor añadido son las que más le gustan al dueño de la empresa, Tomás Iglesias, por los diseños, por la precisión que es necesario emplear para fijar los colores y los detalles. La compañía también produce millares de etiquetas-cupón y hasta los adhesivos que se colocan en prendas de ropa para señalar la talla o los precios. Todo un engranaje de tamaños, colores y texturas, bovinas y troqueles, que ha llevado a una pequeña compañía abierta en el cruce de Michaisa hace 20 años ha convertirse en una macro-empresa que espera facturar 6 millones de euros este año y se traslada a unas de las instalaciones más grandes de su sector en España. «Somos gente humilde que lo único que hemos hecho es trabajar», apunta Iglesias. La nave que acondicionan desde hace siete meses en el polígono de Villaquilambre estará operativa en las próximas semanas, tras mejorar los 5.000 m2 de suelo con cemento pulido, adaptar el espacio a sus necesidades e instalar un curioso y novedoso sistema de calefacción que conocieron en Alemania.
Curiosa calefacción
Se trata de una calefacción por radiación, colocada en el techo, que actúa como el sol y da calor de arriba a abajo en un arco de 14 metros. Con ella se consigue un 40% de ahorro sobre otros sistemas y evita que la apertura de las puertas desperdicien un 25% de calor. Iglesias comenzó trabajando con su padre en una empresa de artes gráficas, donde se «manchaba las manos». Abrió su propio negocio con otros dos trabajadores. Una pequeña empresa que ha ido escalando peldaños en tamaño y calidad hasta convertirse en referencia de su sector. Hoy gran parte del proceso está informatizado. Los proveedores de Interprint proceden de España y Europa y, entre sus 1.200 clientes destacan «desde multinacionales a pequeñas empresas que hacen encargos de 300 euros y que atendemos con la mejor calidad», explica. El traslado a Villaquilambre supone estrategias diferentes tanto de fabricación como de atención a los clientes.