EL CRIMEN DE ISABEL CARRASCO. De frente y de perfil
Un señor de Murcia
Fermín Guerrero, elogiado por sus colegas como ‘gladiador’ de la justicia, entre el sainete y el drama.

Fermín Guerrero, abogado penalista de Raquel Gago.
Hoy hace un año, Fermín Guerrero logró sacar de la cárcel a Raquel Gago, imputada entonces y acusada ahora por el asesinato de Isabel Carrasco. Ayer, el letrado murciano de sonrisa permanente y mirada brillante, fue el gran protagonista, por su ausencia, de la vista oral que se celebra en la Audiencia Provincial de León.
El señor de Murcia se evaporó durante 18 horas. En la obra de Miguel Mihura, Ninette y un señor de Murcia, se cuentan las peripecias de Andrés, un joven e ingenuo murciano que decide dejar su tierra natal para vivir emociones en París. No sabemos qué clase de emociones vivió Fermín Guerrero ayer en León, lejos de su tierra. Ni si fue ingenuo o irresponsable.
El gladiador de la justicia, tal y como la bautizó un colega abogado tras el protagonismo adquirido por su defensa de Raquel Gago, se quedó desarmado.
Su injustificada incomparencia dejó con la boca abierta a la sala y al público que no pudo entrar. Y, sobre todo, con mucha preocupación. Se pasó de la impaciencia por el retraso a la perplejidad por la falta de información y finalmente el desasosiego, y temor por su vida, al ver que no daba señales desde las 19.04 horas del día anterior.
A tener en cuenta
A Fermín Guerrero Faura le impusieron la medalla del Colegio de Abogados de Murcia por sus 25 años como letrado hace un año. Ayer se coronó de gloria en León. El gran día que se esperaba para el abogado de Raquel Gago, con varios testigos citados de su parte esperando en la Audiencia Provincial, superó todas las expectativas.
Poco después de licenciarse en Derecho en la Universidad de Murcia, en 1990 fundó el despacho de abogados Guerrero-López, ahora ubicado en una de las zonas más modernas de la ciudad. También despacha en Madrid. Junto a Guerrero, que es el director, forman el equipo otros cuatro letrados, especializados en derecho Penal, Civil, Mercantil y Administrativo.
Fermín Guerrero tiene perfil de hombre serio y responsable. Es una persona cordial y amable, mira a los ojos mientras habla y durante los 20 meses de defensa de Raquel Gago ha heho gala de una buena relación con los periodistas y medios de comunicación.
Su prestigio como letrado se benefició del logro de sacar de la cárcel a su defendida tras el auto a su favor firmado por el magistrado de la Audiencia Provincial de León Carlos Álvarez, quien a su vez preside ahora el jurado, el 28 de enero del año pasado. Un año después está en entredicho.
En Murcia no es una persona que llame la atención. Devoto de la Cruz de Caravaca, Guerrero está divorciado y es padre de tres hijos, dos chicos, uno de ellos sigue sus pasos de abogado, y una chica adolescente. En alguna ocasión les ha traído a visitar León. Es un padre apasionado.
No era famoso hasta que se hizo cargo de la defensa de Raquel Gago, por amistad con el hermano de la policía. Muchos de sus paisanos saben quién es precisamente por la relevancia mediática adquirida con el caso Carrasco. Sus colegas le deseaban suerte con el caso al inicio del juicio oral con palabras de elogio. «Ánimo, compañero y gladiador de la justicia», le escribió un amigo en el Facebook.
Los casos más conocidos que ha llevado en Murcia son el asesinato del cura Fernández Ciller, a manos de una pareja de rumanos, y el caso de corrupción denominado Líber, que implica a altos cargos de la Comunidad.
También es relacionado con el caso Pompeya de la Audiencia Nacional, que supuso el desmantelamiento de una trama de prostitución que destapó un fraude de más de 180 millones de euros a Hacienda de prostíbulos en los que 2.000 mujeres eran utilizadas para la trama.
La referencia a este caso es muy reciente. Un diario digital de Murcia, Caravacaaldia.com, publicó el lunes una entrevista ‘exclusiva’ con el letrado. Confiesa Fermín Guerrero que visita muchos fines de semana Caravaca por su devoción por la Santísima y Vera Cruz y también para encontrarse con sus amigos, como el empresario José Lozano, a quien asesora desde hace años en asuntos municipales, y algunos letrados.
En Caravaca es asiduo el restaurante Zaian, especializado en comidas caseras, y de La Sidrería. No se le conocen aficiones juerguistas, aunque ayer se bromeaba con el estribillo de esa famosa canción: «No estaba muerto, estaba de parranda». Es amante de la música, de gustos eclécticos. Hace poco le dedicaba una canción reggae a una amiga que «está pasando por un mal momento» en su Facebook. The Smiths, Los Secretos, Ilegales, OBK y Promesas Incumplidas son otros de los grupos cuya música comparte.
Fermín Guerrero ha tenido un mes de enero muy ajetreado y muy viajado. Antes de que empezara la vista por el caso Carrasco viajó a Palma de Mallorca, a Valencia y a Gijón por motivos de trabajo, aunque aprovechó para degustar una exquisita fabada asturiana. También ha pasado por los platós de televisión de El Programa de Ana Rosa y Espejo Público. Ha tocado la fama.
Le gusta el fútbol y es aficionado al Atlético de Madrid, colchonero. En el juicio se muestra tranquilo, es uno de los pocos letrados a los que el magistrado no ha llamado la atención por la forma de formular las preguntas o por hacer admoniciones a los testigos.
Se le ve a piñón con Raquel Gago. Cada mañana llega caminando a la Audiencia Provincial de León al lado de la acusada, que es el blanco de las cámaras. Al terminar las vistas, también salen juntos. El juicio le iba muy bien, al decir de la mayoría de periodistas que lo siguen. Ayer se bromeaba con el paralelismo entre el bloqueo que alega Raquel Gago para excusar sus lagunas el día de autos y la ausencia del letrado. Ella parecía menos afectada por la ausencia que su hermana o su tío.
Ayer, Guerrero protagonizó un sainete e hizo mutis por el foro. O quizás fue un drama que no puede confesar. Hay que interpretar su silencio. Cada cual tiene su versión. Su desaparición, y afortunada reaparición sano y salvo, añade más misterio al ya de por sí misterioso caso del asesinato de Isabel Carrasco.
¿Fue voluntaria o hay algo que le forzó, o que quiso forzar, con la ausencia? No parece una conducta responsable. Pero sólo él lo sabe. Veremos si le pasa factura. Si el episodio afecta a la opinión del jurado, que es la que importa. Hoy sale a escena.