EL CRIMEN DE CARRASCO. De frente y de perfil
Triana, las amigas y el bolso de Raquel
Leticia, una amiga de la hermana de Raquel que se subió al coche el día del crimen y no vio el bolso donde fue descubierto 30 horas después, se convierte en blanco de las defensas.

Leticia, amiga de la hermana de Raquel Gago.
El bolso que Raquel prestó a Triana en Semana Santa. El bolso en el que apareció otro bolso con el arma del crimen. El famoso bolso de la marca Fornarina, el regalo de Fer a Raquel, la pareja secreta de la policía local. Ese bolso que la agente judicial trasegó ayer por la sala de vistas de la Audiencia Provincial para que testigos, fiscal y jurado popular apreciaran la prueba en todo su peso y volumen.
El bolso de marras, donde Triana guardó otro bolso de su madre con el revólver Magnus 32 que Montserrat utilizó para matar a Isabel Carrasco, pesa poco más de un kilo. Pero tiene mucho peso. Ayer fue el protagonista de la décima sesión del juicio por el asesinato de Isabel Carrasco.
Un kilo se hace pesado después de siete horas, que pregunten a la agente judicial. Y sobre todo tiene peso como prueba de cargo o descargo. Depende de para quién.
El bolso es tan importante que, como dijo Beatriz Gago, cuando supuestamente lo descubrieron en el coche la tarde del 13 de mayo a las 19.20 horas, gritó a su hermana: ¡Llama a la policía!
Raquel marcó el número del amigo Nacho, un oficial del Cuerpo Nacional de Policía conocido de la familia por los trabajos de costura de su madre, sin una amistad particular con la policía local. ¿Qué sucedió durante las 30 horas desde que Triana dejó el bolso en el coche de Raquel, aparcado en la calle Lucas de Tuy hasta que Raquel Gago hace la llamada que aporta el arma asesina al esclarecimiento del crimen?
A tener en cuenta
Esto (y los silencios de Raquel el día de autos: no contó que había tomado café con Triana y su madre, ni que su amiga apareció en Lucas de Tuy cuando hablaba con un agente de la ORA) es lo que se intentó dilucidar ayer en la vista oral que cumple su tercera semana e inicia la próxima la carrera para el veredicto del jurado popular.
Las amigas de la hermana de Raquel, que también conocían a Triana, salían de vinos juntas y la tenían en su grupo de WhatsApp —no a Raquel que no usa esta aplicación, sino Viber— y los policías que intervinieron en la diligencia del garaje y el piso de Raquel fueron los hilos conductores. Fue una jornada tensa e intensa para el jurado, para las partes, para el público y la prensa y también para las amigas de la hermana de Raquel. De sonrisas y lágrimas, para Raquel, que iba vestida de alivio, con blusa blanco roto y el resto de negro.
Las que no lloraron dentro, lo hicieron fuera. La implicación de Raquel Gago en el caso deshizo la pandilla, aunque Leticia ya había echado a Triana del grupo de WhatsApp y Lorena dijo que Triana era muy «absorbente, llamaba mucho para quedar» y enfrió la relación. Leticia relató que Triana intentó que alquilara para ella una plaza de garaje en el Paseo de la Condesa a su nombre. La amiga se negó pese a la insistencia: «Voy a pasar de algo malo a algo bueno», asegura que le dijo la acusada. Cuando se enteró de su implicación en el asesinato de Carrasco lo relacionó con el crimen.
El 12 de mayo de 2014 marcó un antes y un después en la vida de Raquel, Triana y Montserrat y en su entorno familiar y social. Se rompieron noviazgos. La pandilla de Beatriz, Leticia, Lorena y Silvia, a la que se unían Raquel, Triana y esporádicamente la madre de Triana, también quedó tocada. Sólo una relación salió fortalecida, el amor secreto de Raquel Gago. Fernando, un hombre entonces casado, ayer confesó al tribunal sin tapujos tras 16 años: «Estamos enamorados».
Pero, ¿qué pasó con el bolso? ¿Estaba debajo o detrás del asiento del copiloto? La pregunta no es de Barrio Sésamo, tiene mucha enjundia y trascendencia. Los policías no dejaron lugar a dudas de que el bolso estaba detrás del asiento y no debajo.
Leticia, amiga de la hermana de Raquel, se subió al coche de la policía local cuando entraron al garaje de la casa de Raquel pasadas las 9.30 de la noche del fatídico 12 de mayo. Ayer fue sometida al tercer grado por las partes, especialmente las defensas. La joven, profesora de inglés, no se desdijo ni una palabra de lo que declaró en la Comisaría y en el juzgado de instrucción: No vio ni notó nada en los pies cuando se sentó en el coche, en el asiento situado por detrás del copiloto. Le sorprendió «que el bolso apareciera donde dijeron que había aparecido» después de 30 horas sin que nadie se percatara. También dijo que al irse todas las amigas de casa de Raquel aquella noche, ésta dijo que iba al garaje a por una chaqueta.
Triana, y sobre todo Raquel, miraban fijamente a la testigo mientras el abogado José Ramón García la hizo rebotarse al preguntar:
—Conoce usted un sitio llamado Chelsea que tiene unas cervezas muy ricas?—
—Si usted ha ido a ese sitio sabrá si son buenas o no— respondió con la amonestación del magistrado, Carlos Javier Álvarez. Las insinuaciones de que Leticia había bebido, ella lo negó, se sucedieron en la tanda de preguntas del abogado de Triana. El turno a Fermín Guerrero, se centró en la puesta de sol. Proyectó en la pantalla la página del Ministerio de Fomento con el horario del atardecer. «La testigo es muy clara hablando de claridad», terció el magistrado para zanjar el interrogatorio. Como novedad, aportó un pen drive con un video para mostrar al jurado que se tarda 17 segundos en bajar al garaje de Raquel Gago e imágenes con un bolso en varias posiciones, rechazadas como apoyo a la testifical.
El abogado de Triana tiró de «gugle» para rebatir las distancias y el tiempo que se tarda desde la calle Antonio de Nebrija al paseo de la Condesa. Leticia se mantuvo firme y dejó claro que le sorprendió ver a Raquel implicada: «Es seria y responsable».
Quedó en el aire la pregunta a Lorena, testigo del hallazgo del bolso a las 19.30 horas cuando iban a meter una bicicleta estropeada en el coche para llevarla arreglar, de la abogada de la hija de Carrasco:
—¿La utilizaron de coartada?—
—No le puedo decir. Las personas que usted piensa son las que pueden contestarle.
El fantasma de los inspectores de Burgos reapareció. Un policía, que salió resoplando, aseguró que no los vio en el garaje. Y la lió.