Los peritos ven «perfectamente posible» que Triana realizara prácticas de tiro
Hallaron particulas de pólvora en sus botas y consideran que son ajenas al día del crimen.

miguel ángel zamora | león
Las botas de media caña Nero Giardini de color marrón que calzaba Triana Martínez el día del crimen de Isabel Carrasco contenían restos de pólvora cuando se las requisó la policía.
Por la posición en la que estaba su teléfono móvil a la hora del crimen, no es factible que se encontrase junto a su madre en el momento de los disparos. Los peritos la sitúan en el entorno de Gran Vía de San Marcos, según un informe.
Por la cantidad de residuo hallado, tampoco parece probable que las partículas se hubiesen depositado ese mismo día. Así lo expresaron los científicos ayer en sala.
Por el cálculo de probabilidades, los investigadores consideraron poco verosímil la teoría de su letrado defensor: se agachó a coger la bandolera con el arma que acababa de tirar su madre en el garaje tras la huida y su pie contactó con el lomo del bolso en cuestión, que estaba impregnado de restos de los disparos y ahí se contaminó. Tampoco casó la teoría con la práctica para los peritos.
Así las cosas, lo que se suponía una jornada anodina dada sobre el papel únicamente a la ratificación de los informes, deparó un sorpresón. Los datos obraban en el sumario pero no habían trascendido hasta ayer. Ni tampoco que unos guantes de látex que halló la Policía Nacional en la casa en la que residían habitualmente madre e hija, también estaban impregnados de pólvora.
«¿Es posible que todos estos hallazgos correspondan a una práctica de tiro anterior?». Lo preguntó la letrada de la acusación particular. «Es perfectamente posible», respondió el perito interrogado.
Guantes de látex
«No solamente hay que tomar como referencia la palma de la mano o el dorso. Las partículas suelen depositarse entre el pulgar y el índice pero hay posible trasiego. Donde más restos se halló fue en los guantes de piel de Montserrat y en unos guantes de látex que estaban en su casa», advirtieron los científicos. «La gorra visera y la parka tenían restos aunque en menor medida, Posiblemente fue una transferencia secundaria». Se referían los analistas a un contacto con otro objeto que hubiera estado en contacto con el material explosivo.
No fue la única revelación de la mañana. En relación con el hecho de que el revólver se encasquillara y que no disparase los cartuchos por su orden correlativo (quedó uno en medio sin percutir) hay una justificación científica: «Hay una anomalía que no podemos explicar. Si se disparan de forma consecutiva, no podían quedar dos cartuchos sin percutir. Puede ser que se haya manipulado o que obedezca al nerviosismo a la hora de disparar. No sabemos si la persona que disparó tocó el revólver con los dedos y alteró el giro normal del tambor. Pero sí sabemos que estaba muy nerviosa o que tocó donde no debía».
Con el arma en las manos mientras se explicaba, el policía no cayó en la cuenta de la expectación que estaba generando la presencia del revólver del crimen en sala. Asomaron cabezas del público por el pasillo entre las bancadas. Giraron la vista madre e hija para seguir la escena. Y hasta el magistrado presidente se recreó en la visión del objeto letal.
calibre letal
«El calibre es suficiente para producir efectos letales. No es un Parabellum pero el 7,62 es pequeñito pero capaz de matar en distancias cortas. El revólver puede ser perfectamente manejado por una mujer. Es más seguro que la pistola, no es muy pesada, se puede llevar en un bolso femenino y guarda las vainas dentro del tambor, lo cual deja en la escena del crimen menos detalles de información. La empuñadura es de neopreno que mejora el agarre y el retroceso después de disparar. No deja huellas porque tiene irregularidades en la superficie. No puedo responder a si es una buena elección, depende de lo que se pueda conseguir. Este revólver es capaz de acabar con la vida de alguien», expresó uno de los peritos responsables del informe de balística.
«No hace falta hacer un cursillo para disparar ese arma, la podría utilizar un niño», aseguró el perito a preguntas de la defensa de Montserrat. Trataba el letrado de descartar la tesis de una preparación previa para el uso de armas. «A distancia corta es fácil acertar, pero a media distancia se necesita un cierto entrenamiento».