CIRMEN DE ISABEL CARRASCO. De frente y de perfil
El magistrado no está en Babia
Carlos Álvarez cumple 35 años en la judicatura al frente del histórico juicio con la obsesión de que las acusadas no aleguen indefensión.

Carlos Álvarez.
Empezó marcando el paso al fiscal, metió en cintura a las acusaciones y acabó poniendo los puntos sobre las íes a las defensas. Carlos Javier Álvarez es el magistrado presidente del tribunal popular que juzga el asesinato de Isabel Carrasco. Le tocó por sorteo entre los tres que componen la sala tercera de la Audiencia Provincial, especializada en asuntos penales.
No era la lotería. Pero se lo tomó como un reto. Como todo en su dilatada (e inquieta) vida profesional: 35 años dictando sentencias y también apuntes, pues ha sido asociado de Derecho Procesal de la Universidad de León durante 26 años y continúa como colaborador honorífico.
Ayer no fue su día de descanso. Ni estuvo en Babia, su patria chica. No hubo audiencia pública, pero tuvo una larga jornada laboral en la Audiencia Provincial de León para preparar el cuestionario que guiará al jurado en el veredicto desde hoy. Primero escuchó a letrados y fiscal. Luego dejó claro que las preguntas son cosa suya.
Durante todo el juicio ha marcado el territorio de su autoridad.
«No haga admoniciones», le dijo el primer día a Emilio Fernández. Cuentan que las cordiales relaciones entre los dos veteranos profesionales se helaron a raíz de la recusación del fiscal jefe para presidir el jurado porque puso en libertad a Raquel Gago. Él no se cayó la boca: «Es insólito».
A tener en cuenta
«Señora letrada, acabo de decirles que no se puede preguntar a las forenses sobre los hechos», corrigió por enésima vez a Beatriz Llamas, abogada de la acusación particular de la hija de Isabel Carrasco. El magistrado acababa de leer una sentencia del Tribunal Supremo y la letrada empezó el interrogatorio a las dos médicas con una pregunta sobre el arma del crimen, con un murmullo desaprobatorio en la sala.
Se nota que es profesor. En un afán didáctico hacia el jurado, y de paso para el público y la prensa, el último día del juicio aclaró que las impugnaciones de las defensas no invalidan las pruebas documentales y testificales. «Significa que para las defensas no son válidas, pero sí las pueden tener en cuenta», recalcó. Para no dar lugar a errores, leyó su auto de septiembre sobre el mismo tema. «No valen las declaraciones policiales porque no son necesarias como prueba, pero sí las judiciales», precisó.
A lo largo de los 15 días de sesiones ha sido el guardián de la ley y de las formas en la sala. Sin olvidar el micrófono. A cada testigo que entraba en sala (y fueron 99 más 11 peritos) tenía que recordarle que hablara al aparato para que se le oyera con claridad.
Todos los juicios se graban para garantizar la literalidad de testimonios y pruebas, y el de Isabel Carrasco (se juzga su asesinato y también a la presidenta de la Diputación, eso es cierto) se emite para todas las televisiones y emisoras de radio que quieran recoger sonido e imágenes de la señal institucional.
El juicio más mediático de la historia de León será un espejo de la justicia en la provincia y en España. Carlos Álvarez confía en el jurado. La experiencia le dice que los «ciudadanos son muy responsables». La tarea es ardua y seguramente no va a ser fácil para las nueve personas, cinco hombres y cuatro mujeres, que tienen en sus manos el futuro inmediato de Montserrat, Triana y Raquel.
El jurado cumple dos décadas de andadura en España desde que se restauró la institución, pero sus orígenes se remontan a la invasión napoleónica y a la caída de Fernando VII, el rey que acabó siendo un villano, citado así por el defensor de Triana y Montserrat, José Ramón García, para hacer un paralelismo con el policía héroe, Pedro Mielgo, para quien ha pedido deducción de testimonio por no reconocerse en la llamada que hizo al 112 el día de autos.
Carlos Álvarez tendrá que pronunciarse sobre otras dos invocaciones de falso testimonio a testigos: la profesora de manualidades de Trobajo del Cerecedo y el policía Juanjo que no vio a los policías de Burgos en el garaje de Raquel. También sobre la solicitada por el fiscal para Fermín Guerrero, el abogado de la policía local. Se multiplican las piezas. Y no de caza.
Al magistrado le gusta la naturaleza, la montaña y su pueblo de Villafeliz de Babia, comarca de la que han salido sagas de pastores, maestros y también jueces. Gente ilustrada. Sucedió a otro babiano y legendario juez decano, Pepe Quirós, y otro compañero Alberto Álvarez, es de Riolago.
Dejó el puesto de decano de los jueces para presidir la Audiencia de Palencia y retornó a la calle del Cid en 2012. De León no se fue. Fumador empedernido, a la puerta de la Audiencia se le ha visto rodeado de estudiantes que acuden a ver el juicio. Fuera de la sala sonríe. «Tiene sentido del humor y es un hombre sin doblez», dice de él con cariño una ilustre colega.
En pleno juicio, el día 28 de enero, recibió la noticia de que n no iba a presidir el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, cargo al que aspiraba. Obtuvo un voto. Sabía que no lo tenía fácil, pero no tan difícil. Arrimado a las filas ‘progresistas’ de la judicatura, en su discurso de campaña pedía un magistrado penal más para la Audiencia y más juzgados de lo Social en León, entre otras cosas.
Durante el juicio ha tenido una obsesión. Que no se alegue indefensión por parte de las defensas de las acusadas. Ese fue el argumento para permitir la visita a la Comisaría de León y que el tribunal al completo se desplazara a verificar que en la Udev las dependencias están separadas por unos biombos de pladur que no llegan al techo.
Ya lo dice el tango. Veinte años no es nada... Veinte años de jurado y da la sensación de que el juicio por el crimen contra la presidenta de la Diputación es el primero que se celebra con tribunal popular. De puertas para fuera de la Audiencia. Dentro saben que ya han pasado por la sala 54 jurados legos, no profesionales.
«El jurado traerá un cambio de mentalidad a la justicia», aseguraba Carlos Álvarez en 1994, en la Diputación en el discurso del día de la Constitución. 22 años después está a prueba en León. Él es su guía. Y el vigía del proceso que toca a su fin. En León. Su recorrido se barrunta largo.