arte urbano
Una mirada frente al olvido y para dignificar la historia
David Esteban Hernández hace del antiguo depósito de agua de Puente Castro un gran graffiti que ahora mira con nuevos ojos a la ciudad.

Imagen del depósito de agua de Puente Castro, en lo alto de la loma desde la que se divisa una de las mejores postales de la ciudad de León. RAMIRO
m.c.cachafeiro | león
«Lo he hecho para dignificar un lugar con mucha historia de León», confiesa David Esteban Hernández, tras concluir su última obra, un gran graffiti que ha renovado la imagen del antiguo depósito de agua de Puente Castro. Uno de los lugares más trágicos de la Guerra Civil que sigue en el olvido, y que desde hace unas semanas ha cambiado su desgarradora mirada de pintadas e indiferencia por unos grandes ojos en blanco y tonos grises gracias a la iniciativa de este artista que reúne ya un buen número de obras por todo León.
El lugar donde hace 80 años cayeron asesinados personajes influyentes de la época como el alcalde Miguel Castaño o Nicostrato Velazanetti, padre del gran pintor, reluce hoy más por blanco de la nueva pintura que por el negro de su historia.
«Lo veía a diario desde mi casa y me pedía el cuerpo hacer algo. Algo que se pudiera ver desde bien lejos», explica David. Construido en el mismo cerro en el que se levantó hace diez siglos la mayor aljama judía de España, su historia más reciente lo sitúa como uno de los tres grandes paredones de fusilamiento de una de las páginas más cruentas de España en su versión local, según ratifica Victoriano Crémer en su autobiografía, en la que cita al depósito de Puente Castro como uno de lugares elegidos «por los sublevados del año 36 para realizar paseos y fusilamientos tras juicios sumarísimos».
Dos días en febrero
David —www.dadospuntocero.com— tardó en cambiar la imagen de la construcción de ladrillo y hormigón dos días. Fue el fin de semana del 20 y 21 de febrero. Un día para pintar todo el recinto con pintura blanca y otro para hacer los ojos junto con su amigo Naz. «Decidí hacer unos ojos porque era lo que me sugería el lugar. Unos ojos que miran a León. La verdad es que es un mirador espectacular», añade.
Frente a la creencia generalizada de que las ejecuciones en Puente Castro tenían lugar al otro lado del barrio, junto al cementerio, el paredón más usado estuvo a la sombra del depósito.
También se da cuenta de su trágica historia en el expediente 1530/2009, que guarda el Ministerio de Justicia, sobre las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. Con ese número se recoge el trágico final de 1.483 personas con nombres y apellidos, gracias a un estudio realizado por la Asociación de Estudios para la Represión en León (Aerle) hace unos años. Entre los lugares elegidos para ser paseados, junto al cuartel de Almansa o el monte de San Isidro, figura el depósito de Puente Castro.
Aunque se han planteado propuestas como reconvertirlo en un mirador sobre la ciudad, para que se viera el patrimonio arqueológico de Puente Castro, otro proyecto fallido, nada se ha hecho. Durante años, lo único que ha sido es testigo de reivindicaciones. Como la petición de demolición del muro del pantano de Riaño, para exigir la puesta en valor del antiguo yacimiento de Lancia o para reivindicar la construcción de la autovía a Valladolid. Siempre en medio del abandono.
Situado en el cerro de la Mota, o la Mota del Castro, como también se conoce a esta zona, es un lugar aún por descubrir para los investigadores. En un estudio realizado hace unos años por Javier Castaño, de la Universidad Complutense, y José Luis Avello, de la Universidad de León, en colaboración de Margarita Tascón, se constató la importancia arquelógica de la zona, tanto en la parte baja de la Candamia como en las estribaciones de esta loma camino de la Sobarriba. El Castro de los Judíos estuvo situado a una milla de la ciudad de León, según un antiguo documento fechado el 13 de julio de 1197. Se encontraba situado justo «en la horquilla conformada por el río Torío y el arroyo del Barranco, sobre los escarpes producidos por la erosión aluvial de ambas corrientes de agua y sobre todo la del río, cuyo caudal es muy superior al del arroyo». Pero esa es otra historia, también de olvido.

Aspecto del depósito antes del grafiti, el pasado febrero. D.E.H

David, en plena intervención en uno de los muros.