León apenas ha retirado el 5% del amianto prohibido desde 2002
La despoblación y la crisis provocan cada vez más el abandonado de granjas y viejas fábricas.
manuel c. cachafeiro | león
La despoblación del mundo rural y el cierre de antiguas fábricas y granjas están convirtiendo al amianto en un problema de salud pública. Uno de los materiales más utilizados para la construcción entre los años 40 y 80 del siglo pasado se ha demostrado que es cancerígeno cuando se manipula por el riesgo de que sus fibras pasen a los pulmones.
En León no hay ningún plan global para la retirada de amianto en antiguas construcciones, sobre todo tejados, aunque el peligro latente se extiende a una larga gama de productos como tubos, antiguos techos, materiales de aislamiento...
Según fuentes del sector, apenas el 5% del total existente en la provincia se ha retirado. Un cálculo aproximado en función de la experiencia como empresa, ya que la superficie total no está cuantificada al carecer de estudios oficiales. «Es la plaga del siglo XXI», señala el responsable de una firma especializada con sede en el polígono de Villaquilambre. El coste medio de un metro cuadrado de material, para el que se necesita personal especializado, se sitúa entre los 15 y los 20 euros, dependiendo de su situación, extensión...
En España se prohibió el uso del amianto en 2002. Según Ecologistas en Acción, en todo el siglo XX se puede haber consumido cerca de tres millones de toneladas en todo el país. «De la magnitud del problema, habla la cantidad de chapas de uralita que a simple vista se ven», señala un portavoz.
La Diputación de León tiene encargado desde hace años un estudio sobre la presencia de amianto en tuberías de redes de abastecimiento de los ayuntamientos de la provincia para su reemplazo. Este material, si no se manipula, no tiene efectos contaminantes, pero sí se se retira o se rompe.
En España, tampoco hay un censo de antiguos trabajadores del amianto, ni de edificios que lo contienen, como sí ocurre en otros países. El grupo de CiU en el Congreso de los Diputados propuso en 2014 hacer un censo nacional para dar cobertura a los afectados e ir sustituyendo paulatinamente el amianto en edificios, pero la iniciativa de momento no ha prosperado en la Cámara Baja.
La capital leonesa tiene presencia de amianto en empresas, hoy cerradas, como la antigua Oblanca en la carretera de Caboalles o una fábrica abandonada de material de construcción agrícola en Fresno de la Vega. En el medio rural son muchos, en cambio, los ejemplos de amianto en viejas granjas y casas de los años 50 y 60.
Cuatro de cada diez trabajadores de Castilla y León con una exposición prolongada (20 ó 30 años) a las fibras de amianto han desarrollado una patología pulmonar, si bien las menos malignas son las más frecuentes. La Junta de Castilla y León cuenta con un registro «vivo» de este tipo de patologías.