EL FUTURO DEL CURA
«Si pide volver, la Diócesis de Astorga es el lugar natural de Vallejo Balda»
El obispo no cierra la puerta a que el execónomo vuelva, aunque el Vaticano especula con un indulto y un destino en Latinoamérica

Juan Antonio Menéndez, actual obispo de Astorga.
a.g. valencia | león
Con la condena fijada y sin recurso a la vista, la Diócesis de Astorga no cierra la puerta a Lucio Ángel Vallejo Balda, quien durante años fue el ecónomo del Obispado maragato. El cura, actor principal del Vatileaks II, acata la pena de 18 meses de prisión por traicionar al papa y filtrar documentos confidenciales del Vaticano. El caso, que podría ser el argumento de cualquier best seller que bucea en los entresijos de la Santa Sede, también ha puesto el foco en la publicista Francesca Chaouqui, entrelazándose con las otras tres piezas del puzzle: los periodistas Gianluigi Nuzzi y Emiliano Fitipaldi y el ayudante del cura, Nicola Maio, que han resultado absueltos.
En el nuevo escenario que se abre para Vallejo Balda los interrogantes se agolpan. Aunque las especulaciones pasan por que la intención del papa Francisco es indultar al sacerdote, ligado al Opus Dei, coincidiendo con este Año de la Misericordia, y enviarlo a cualquier país latinoamericano, también cabe la posibilidad de que recale, de nuevo, en la Diócesis de Astorga, donde sigue incardinado. En el Obispado maragato tiran de cautela, aunque si precisan que la posibilidad de que Vallejo Balda pase a estar vinculado a otra diócesis «es una decisión personal del propio sacerdote», que si no la toma «seguirá ligado a Astorga, aunque su destino esté a cientos de kilómetros de la ciudad». Por ahora caben todas las posibilidades, sin embargo la opción que más terreno gana es la de mandar al sacerdote lejos, bien como colaborador de alguna nunciatura o bien como cura sin responsabilidades.
El obispo, Juan Antonio Menéndez, quien ha visitado a Vallejo Balda en dos ocasiones en su reclusión en la Santa Sede, reconoció ayer que lo ha encontrado tranquilo «asimilando todo poco a poco». Preguntado por el futuro del que fuera ecónomo de la Diócesis, el prelado recordó que el primer paso es que cumpla los diez meses de condena que aún le quedan —lleva encarcelado desde el 1 de noviembre de 2015— . «Por el momento no ha solicitado volver a Astorga, pero esta es su diócesis y yo su obispo. Éste es su lugar natural», subrayó.
Menéndez deja así la puerta abierta a Vallejo Balda e insiste en que «no es cuestión de querer o no acogerle, es que esta es su diócesis, siempre que no decida excardinarse».
El cura, que aspiró a dominar las finanzas del Vaticano, vive ahora en régimen de semilibertad y así estará, al menos, hasta finales de agosto cuando la sentencia sea firme y el fiscal lea la resolución final. La trama con tintes de delito penal y no eclesiástico no frena al execónomo en sus funciones sacerdotales, aunque sí suponga el fin de sus ‘altas’ aspiraciones.
Ahora, después de que el proceso judicial haya terminado comienzan a trascender algunos detalles. Lo primero que hizo el execónomo cuando acudió a la última vista de su juicio fue buscar con la mirada a todos los presentes, según recogen varios de los medios asistentes. Después sacó de su bolsillo un taco de estampas de Juan Pablo II y las repartió. «¿Qué hará después de esto? ¿Regresará a España? ¿Apelará? ¿Qué relación hay entre el Opus y usted?», le preguntó la prensa. «Hablemos de otras cosas, no quiero un Vatileaks III», les espetó, recordándoles que le gusta «controlarlo todo».
Y no fue ni el único ni el último gesto significativo. Casi nueve meses después de que estallara el escándalo por la filtración de documentos llegó el día del veredicto. «¿Qué pienso? Que sea lo que Dios quiera», aseguró Vallejo Balda antes de conocer la pena, sin tampoco compartir públicamente una excesiva preocupación, incertidumbre que quedó despejada al escuchar el veredicto: 18 meses. Fue entonces cuando el execónomo se dio un gran abrazo con su abogada y le preguntó «Ahora, ¿Me invita a cenar?».

Lucio Ángel Vallejo Balda en Ponferrada, cuando acudió invitado a dar el pregón de la Semana Santa. L. DE LA MATA