HOLA AL NUEVO CURSO
Ni hubo carteras ni hubo donuts
Los 32.466 alumnos de Educación Infantil, Primaria y ESO inician las actividades .

En la puerta de Maristas, también hubo actividad. MARCIANO PÉREZ
m.a.z. | león
No hubo más lágrimas que las justas. Algún episodio aislado, de los de siempre, pero menos que otros años. Y la misma desgana, sí. Entre los pequeños más que entre los mayores, porque el inicio de curso es la fecha que marca de verdad el inicio del invierno (meteorológicamente se le llama otoño a título metafórico, pero la verdad es la que es). Y con el arranque del calendario escolar se normalizan los horarios, aparece la rutina que derritieron los calores estivales y todo vuelve a su sitio.
El de los repartidores de publicidad afincados a la puerta de Maristas San José era el acceso principal. Ofrecían ya desde mañana las excelencias de una academia de kárate, compatible con las actividades extraescolares. Y se fajaban entre decenas de niños y padres no muy somnolientos. Solamente los centros públicos aplicaron ya el horario de 9,00 a 14.00 horas. Concertados y privados entienden que el cambio de costumbres no ha de ser tan bruscos y repartieron los horarios de acceso al centro de forma escalonada. Como en una particular Operación Salida de vacaciones, pero con sentido contrario y la playa ya lejana en el recuerdo. Unos entraron alas 10,00 y salieron a las 12,00. Otros tenían una horita escasa de actividad... Ya llegará octubre, ya.
El patio del colegio y su cancha central de balonmano se llenaron por los extremos de pequeños ávidos de reencontrarse con sus compañeros. En el Colegio Leonés de San Isidoro el bullicio era menor. Puertas adentro, mucho jersey burdeos y decenas de faldas de cuadros. En el exterior, fundamentalmente las madres se hicieron fuerte en la cafetería que flanquea la Audiencia Provincial, y aguardaron sentadas a la salida de la prole y a la llegada de la lluvia hoy. «Ya queda poco de buen tiempo».
Más en el extrarradio, la vida es apacible y menos tensa. Sobre todo porque la tarea de aparcar se antoja menos complicada. Ayer el tráfico ya era diferente. En el área del bilingüe Colegio Público Quevedo, la multiculturalidad étnica se deja notar en el patio. Y en las costumbres. Una pequeña pizpireta, de no más de ocho años, trata de dar a la salida de una carrera de velocidad improvisada: «Preparatze, listze y yatze!!!».
Apenas a unos metros, en Divina Pastora han dejado a los más chiquitines en el patio y la marea naranja ha vuelto ya a clase después de los primeros abrazos y encuentros. Las buenas temperaturas han obligado a dejar en casa los jerseys pero los más precavidos y leoneses no se olvidan de la rebequita «por si refresca» y entre los polos blancos y los pantalones negros, siempre se cuela algún color más. Recién remozado el patio, la afluencia de familiares es masiva. Y cuando los pequeños empiezan a bajar por las escaleras, la primera jornada del año está cubierta.
El Antonio Valbuena recuerda con un gran cartelón que está de aniversario. 25 años contemplan al centro que se asienta ya en el término municipal de San Andrés del Rabanedo. La salida al patio es otro abanico multicolor de edades y procedencias. «¿Tú repites este año?», pregunta con curiosidad la niña al niño. «No, al final aprobé pero este año me han dicho en casa que tengo que trabajar más». Sorprende por lo maduro el comentario, que viene de alumnos de tercero de EPO.
Peñacorada se apuntó directamente al futuro. Los alumnos del Colegio Internacional se apuntan a la tecnología y sustituyen este año los libros por los iPad y realizarán las actividades en «The Flipped Classroom», conocida popularmente como la clase invertida.