Diario de León

una tradición en peligro

Voluntarios para un privilegio de siete siglos

El Ayuntamiento recurrirá a trabajadores municipales y a Protección Civil ante la falta de policías para salir con los 4 maceros oficiales que tiene León.

Los dos maceros que salieron en Las Cantaderas el pasado 2 de octubre.

Los dos maceros que salieron en Las Cantaderas el pasado 2 de octubre.

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manuel c. cachafeiro | león

El Ayuntamiento va a recurrir a miembros de Protección Civil y a personal municipal de otros departamentos para cubrir las dos plazas de maceros vacantes ante la falta de policías locales voluntarios para evitar así que se pierda un privilegio real concedido por Juan II en el siglo XV por el que León tiene el doble de «Reyes de Armas» que cualquier otra institución española. Cuatro frente a dos con que cuentan, por ejemplo, Valladolid, Madrid o las mismas Cortes Generales.

Desde el fallecimiento de uno de los agentes habituales en los desfiles institucionales, hace un par de años, esta figura histórica, que simboliza el poder y la dignidad, ha ido perdiendo protagonismo hasta el punto de convertirse en habitual que sólo salgan dos cuando la Corporación acude a un acto relevante en forma de Ciudad, esto es, con todas sus galas de solemnidad.

Las Cantaderas o Las Cabezadas son dos de esos actos oficiales en los que los concejales y los funcionarios de mayor rango salen precedidos por el pendón y con los maceros, la Policía de gala y la Banda de Música completando el cortejo.

En el Archivo Municipal consta un documento de 1666 que solicitó el Ayuntamiento, ya que el original se perdió, en el que el Consejo de Castilla dispone que «en los actos públicos se puedan llevar dos maceros más de los dos que hasta entonces había llevado», explica el desaparecido cronista Luis Pastrana en su libro «Políticas Ceremonias de León, siglo XXI», que recopila las tradiciones de la capital.

La última vez que salieron sólo dos fue el pasado 2 de octubre en la celebración de Las Cantaderas. Fuentes municipales explican que ante esa falta de policías se ha decidido recurrir a los miembros de Protección Civil y a personal voluntario de otros departamentos. En otras ciudades son trabajadores municipales; incluso niños como en la Diputación Foral de Guipúzcoa.

El atuendo actual de León es de 1820 cuando en Pleno se aprobó «la presencia de dos porteros con ropón de terciopelo carmesí guarnecidos con galón de plata, escudo al pecho con un león pendiente de cadenillas y otros dos porteros con igual vestimenta, insignias y mazas», añade el libro de las «Políticas Ceremonias» de Pastrana. «En la vistosidad y colorido del uniforme actual son dignos de mención particular los atributos que llevan los maceros, sin duda los elementos más antiguos con que hoy cuenta el Ayuntamiento», señala también el fallecido escritor y periodista, uno de los grandes amantes de la historia de la ciudad, que recopiló miles de datos del Archivo Municipal siguiendo el modelo de libro de Francisco Cabeza de Vaca Quiñones y Guzmán, Marqués de Fuente Oyuelo, publicado en 1693, que narra también las tradiciones de la ciudad.

La salida en forma de Ciudad conserva sin embargo intacto el número de agentes de la Policía Local que lleva el traje de gala, una costumbre mucho más reciente, ya que la primera vez que salió fue en la procesión del Santo Entierro del 23 de marzo de 1951.

En los años 20 del siglo pasado, el entonces oficial mayor Honorato García Luengo impulsó la figura de los maceros creando unas plazas específicas, más otras dos suplentes, con unas condiciones y altura determinada —1,75 centímetros— y la gratificación de 15 pesetas por salida.

La maza que portan como símbolo cada uno de los maceros tiene la misma insignia que hace cinco siglos. Rememora el sello real, el ‘signum regis’ redondo o ‘rueda’ utilizado por los reyes leoneses desde mitad del siglo XII y, según la documentación de Pastrana, siguen fiel el modelo que el regidor leonés Luis Quijada Mayorga mandó hacer pocos meses después de confirmar, en 1666, el privilegio de cuatro maceros que ahora está en peligro.

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