La rotonda de la Granja no da abasto
Retenciones a diario, accidentes y golpes por alcance definen la circulación en este nuevo orden de tráfico en la LE-20, que continúan después de finalizar las obras de construcción.

Imagen de la zona trasera de una de las retenciones que se suceden en la LE-20, tomada desde el vehículo de un usuario. DL
L. urdiales | león
Se planteó como una solución que iba a reordenar el tráfico a través de la Ronda Este de León y se ha convertido en un punto de conflicto para la circulación en la ciudad. La rotonda de la Granja, el nuevo orden que dejó atrás el cruce regulado por semáforos tras las obras de estos meses, no da abasto para liberar de forma fluida todo el movimiento circulatorio que le cae encima desde que, recientemente, estrenó la pintura circular que vino a plasmar otro concepto para la circunvalación este de la ciudad.
Las obras acabaron y las retenciones permanecen. A distintas horas del día y en ambos sentidos de la circulación, si bien resultan más notorias en esos tramos considerados punta, cuando la población del cinturón residencial que abraza el norte de la capital leonesa (el municipio de Villaquilambre, principalmente) emprende el trayecto de regreso a casa; con el final de la tarde, la procesión de vehículos se hace insostenible para la paciencia de los conductores, que aguantan a diario la condensación. El problema de los atascos sobrevive así a la construcción de la estructura, que en varias ocasiones y por responsables del área de tráfico de la ciudad llegó a exponerse como causa principal de los problemas. Retenciones que alcanzan todo lo que da de sí el trazado de circunvalación entre intersecciones, de la Granja a la circular que une la N-601 y Fernández Ladreda, ante la zona comercial de Carrefour, se suceden encadenadas cuando las actuaciones sobre la rotonda de la Granja ya se han dado por concluidas, y la zona dispone de nueva capa de rodamiento, al final del proceso de asfaltado. Esta es la rotonda que se levantó sobre una calzada anular de nueve metros, que dan soporte a dos carriles de circulación, y que parecen resultar insuficientes para aliviar el tránsito que se precipita sobre la zona. El problema se complica en el giro de la misma glorieta, con la entrada de vehículos desde la avenida de la Granja, paso elegido por muchos usuarios para entrar y salir de los barrios orientales de León, que resultaba eficiente cuando en la intersección con la LE-20 no se encontraban más que un filtro en forma de semáforo; ahora, el trayecto aboca en un problema cronificado para el que sobre el plano de tráfico de la ciudad leonesa no figuran muchas alternativas. Los habitantes de los núcleos y urbanizaciones del cordón norte de la ciudad y la ribera del Torío, o el tráfico sentido a Asturias, tienen en el trayecto por ese tramo reinventado de la Granja un motivo más de estrés al volante. La congestión se hace también visible a primera hora de la mañana, con efecto rebote en los pasos elevados que salvan la ronda en el enlace entre Villaobispo y la calle de la Serna, un modelo que se descartó para transformar el cruce de la Granja por su elevado coste, y por ser un proyecto «megalómano» para las posibilidades de León, según comentaron responsables de urbanismo en el gobierno municipal del anterior mandato.
Incidencias continuas
Las dosis de tensión que genera el dibujo circular ya van más allá de la saturación y comienzan a expresarse en forma de golpes y accidentes, que terminan por convertir el trayecto por la LE-20 en un punto rojo, casi a evitar en el itinerario doméstico del tráfico en León; una nueva Michaisa.