Diario de León

LOS EFECTOS DE LA CRISIS

El repunte del empleo deja enquistada una bolsa de 16.900 hogares sin ningún trabajo en León

Los expertos advierten del riesgo de «efecto permanente» en la desigualdad y pobreza generadas por el mercado laboral

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maría j. muñiz | león

La positiva evolución del empleo no puede ocultar la evidencia de un cambio en la estructura del mercado laboral, que deja atrás y en una situación de difícil solución una enorme bolsa de hogares para los que un trabajo es un objetivo cada vez más difícil de alcanzar. Para muchos, quizá imposible. El paro de larga duración es ya para miles de leoneses una situación de desempleo estructural que exige nuevas políticas en prestaciones, y que corre peligro de enquistarse en un colectivo afectado de forma casi permanente por la desigualdad y la exclusión económica, según los expertos.

Los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicados ayer reflejan que 2016 cerró en la provincia con 16.900 hogares en los que ninguno de sus miembros en edad y disposición de trabajar consigue un empleo. Son más del 13% de las familias leonesas en las que hay trabajadores en activo, pero que no encuentran ocupación. Apenas cien menos de los que se registraban hace un año.

Junto a estos, están los muchos hogares que ya registraban ingresos bajos, y que han visto acentuado el descenso de su poder adquisitivo durante la crisis. Privación de empleo, empeoramiento de la calidad del trabajo, precariedad e insatisfacción laboral han formado un círculo vicioso que ha crecido de forma alarmante. Preocupa, sobre todo, que «la evolución de los indicadores de desigualdad y pobreza sugiere que el shock que ha supuesto la crisis económica puede tener efectos permanentes sobre la distribución de la renta en España».

Es una de las conclusiones de un gran informe elaborado por un numeroso equipo de expertos para Funcas, que destaca también que la experiencia de los cambios de ciclo económico, como en la última etapa de bonanza, muestra que la recuperación del empleo no logra igualar los niveles de riqueza anteriores a las recesiones para muchos sectores de la población. Lo que «alerta de que el ensanchamiento de las diferencias entre las rentas en la actual crisis puede dar lugar a niveles de desigualdad y pobreza considerablemente superiores a los de las últimas décadas». Que, además, «pueden prolongarse en el tiempo».

Sin entrar en el creciente debate de las situaciones de empobrecimiento que se dan en trabajadores con empleo, lo que está claro es que «este colectivo de personas existe». Y viven una situación «muy complicada. Existen prestaciones, pero lo triste es cuando asumes que no hay salida, y eso que debería ser transitorio se normaliza. Vivir de las ayudas se convierte en una realidad cronificada en la que no se vez la luz de la esperanza por ningún lado», señala María Jesús Álvarez, gerente de Cáritas en León.

Desde Cruz Roja Susana Ortega reconoce que la desmotivación y la falta de expectativas son sentimientos generalizados de las familias afectadas. Y señala que la solución también se gestiona en el conjunto de la unidad familiar, con actuaciones de recapacitación y formación, pero también de corresponsabilidad. El éxito del programa que desarrollan para los hogares con todos sus miembros en paro es un ejemplo de que no todo está perdido para estos parados.

Aunque la articulación de medidas a nivel general no es fácil. «La iniciativa de la renta mínima es necesaria. Muchas situaciones no tienen solución, son parados de larguísimo recorrido, con una edad avanzada y una cualificación pequeña. Esta prestación es apenas para sobrevivir, pero es necesario ofrecerles una alternativa». Ignacio Fernández, secretario general de CC OO, reconoce que hay un colectivo de trabajadores que «no tiene posibilidades de recolocación, y están condenados a la beneficencia si el Estado no muestra una mínima sensibilidad».

Que tiene que evidenciarse también con los trabajadores que padecen el empobrecimiento por los recortes salariales. Una situación que obliga a replantearse algunas cuestiones. «Seguimos teniendo la sanidad, la educación,... Pero el Estado del Bienestar requiere un nuevo pilar sobre el que asentarse: la protección social, que atienda a estas legiones de personas desesperadas, que además van a crecer».

Los empleos temporales del verano supusieron un leve descenso del número de hogares con todos sus miembros activos en paro en la provincia, pero el final de año cerró con una cifra muy similar a la de hace un año: casi 17.000 familias leonesas. Muy superior a la de finales de 2014, con 15.200 hogares en esta sitaución.

Es cierto que los datos de la EPA evidencian una mejora en las familias en las que todos los miembros en disposición de trabajar lo hacen, que han pasado de 88.500 hace un año a 93.800 en la actualidad; aunque con un retroceso tras el empleo veraniego. También es evidente que el número de hogares contabilizados en la provincia se reduce de forma preocupante en los últimos meses, siguiendo una tendencia que parece difícil de revertir.

Lo indiscutible, según los expertos, es que los efectos de la crisis sobre el mercado de trabajo han disparado la desigualdad económica. «Tanto como el número de hogares con ingresos muy bajos, que ha aumentado significativamente». De hecho, España es uno de los países de la OCDE donde más ha crecido la desigualdad durante la crisis. «Es especialmente preocupante la caída de las rentas más bajas, y el aumento de la pobreza más severa».

Marcada a menudo por la rebaja salarial, y sobre todo por la destrucción del empleo; sin olvidar que la tasa de pobreza es creciente también entre las personas contratadas. Una desigualdad que ha afectado especialmente a los hombres, por la desaparición de trabajos «típicamente masculinizados». De forma que la brecha se reduce «por un empeoramiento de la situación de los hombres, no por la mejora femenina»

Uno de los apartados del informe de Funcas destaca que los hogares con rentas más vulnerables son los de los jóvenes con trabajo autónomo; y los más propensos a sufrir descensos en los ingresos los que tienen un sustentador principal con un nivel educativo bajo.

Paro y precariedad dibujan un mercado laboral heterogéneo, con peculiaridades que no se daban en crisis anteriores: ausencia de alternativas a medio plazo para la reinserción de amplios grupos de trabajadores expulsados de la actividad, fundamentalmente de los sectores de construcción y operarios de baja cualificación; así como un incremento del grupo de parados de «muy larga duración»; sin olvidar el riesgo de exclusión de los inmigrantes.

Ni la economía sumergida ni la salida al exterior de los jóvenes o el retorno de los inmigrantes han ‘suavizado’ esta situación. El resultado es «una complejidad de la estructura laboral y social que dificulta las estrategias a adoptar».

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