CASO LARRALDE
Un triángulo con nueve vértices
La primera semana de los interrogatorios clarifica las posturas que sostienen de partida los siete investigados y las dos acusaciones; la versión de algunos testigos que tienen que declarar aún cobra más importancia a la vista de la situación.

dl | redacción
El juicio contra los siete acusados de la muerte de Roberto Larralde entra en la segunda de sus cinco semanas de desarrollo. La primera ha servido para conocer los planteamientos de las nueve partes personadas en la causa, las siete defensas, el Ministerio Fiscal y la acusación particular.
Lejos de una unificación de posturas, la diversidad de pareceres jalonó las cuatro primeras sesiones de la vista oral ante el jurado popular. A partir de esta semana se empezará a clarificar qué hay de verdad y qué de estrategia en las nueve posiciones.
MINISTERIO FISCAL
«El jurado va a tener indicios bastantes para ver que había un plan»
A Juan José del Río, el representante del Ministerio Fiscal en la causa, le parece un tanto complicado encontrar pruebas de cargo directas suficientes como para considerar culpables a los acusados. Sin embargo, existe la posibilidad de que una carga de indicios suficientemente fuerte sea igual de contundente y válida como cualquier prueba.
«El presunto autor material afirma que dejó a la víctima en compañía de una serie de personas de países del Este con los que pretendía dar un supuesto palo de chocolate a unos desconocidos. Pero la policía nunca encontró a esas personas ni parece que existan, a tenor de las explicaciones que ha dado. Respecto al sospechoso de ser el autor intelectual del plan, afirma que ordenó a su empleado llamar a una serie de teléfonos móviles para conseguir droga. ¿Él mismo iba a ser proveedor de esa cocaína?».
«¡No discuta conmigo!», advirtió a la viuda de Larralde en medio de un tenso interrogatorio. Era en relación con sus contradicciones. Quería saber el fiscal por qué no dio detalles de su viaje a Madrid con Julio López en sus primeros testimonios en Comisaría.
«¿Por qué la primera persona a la que llamó tras su detención fue Julio?», le preguntó a Carlos Helí. Menos comprometido resultó el papel ante el Ministerio Público para Antonio Gabarri y Adrián Martínez. Los dos manifiestan que toman parte en la venta de la pistola con la que se cometió el crimen, pero con una salvedad: ninguno de los dos sabía que se iba a destinar a cometer un crimen con ella. De hecho, la vendieron en primavera, casi medio año antes de los hechos.
ACUSACIÓN PARTICULAR
«La familia Larralde no quiere venganza, sólo quiere justicia»
Al equipo de trabajo que dirige Marcos García Montes sólo le cabe una duda: si Gabarri y Martínez estaban al margen de los planes. Se plantea la más que probable opción de retirar la acusación de asesinato que pesa sobre ellos y limitarla simplemente a una tenencia ilícita de armas que no comportaría su ingreso en prisión.
Para la representación de la familia Larralde «que no quiere venganza, solamente quiere justicia» no hay duda de que todos los demás implicados eran parte de una misma misión: acabar con la vida de Roberto para poder dar rienda suelta a una relación que está en el trasfondo del caso y que es el motivo de un crimen «pasional de libro».
«Ustedes solamente tienen que decidir si estas personas son culpables o no culpables. Inocente, solamente lo decide Dios», aseguró el letrado salmantino, que carga a sus espaldas con una experiencia de 50 juicios por el sistema de tribunal del jurado.
JOSÉ RAMÓN VEGA
«Dejé a Roberto con unos del Este y no volví a saber más de él»
Resopló con mucha fuerza durante al menos medio minuto al término de su interrogatorio. Al supuesto autor del crimen le tocó esperar 70 minutos antes de poder empezar a responder las preguntas (fue por su decisión de contestar solamente a las defensas) y entre la tensión y la situación, acabó extenuado. El miércoles además sufrió un percance al bajar del furgón policial y una caída le dañó la rodilla.
«Prepárate para pagar abogados porque fíjate la que has liado». Eso afirma el Ministerio Fiscal que dijo a Julio en uno de sus contactos. Rechazó el sentido de esa frase, igual que haber confesado a su mujer que no lo había hecho él solo, que había «cinco más metidos en el fregado».
«Mi mujer lo interpretó mal, quería decirle que éramos cinco los que estábamos detenidos», aseguró. Insiste en que él dejó a la víctima con unos ciudadanos de países del Este «que debían conocerle, porque cuando los vio dijo: ‘Mira!’ y se sonrió».
«Si lo hubiera matado yo, no hubiese llevado mi propia excavadora para enterrarlo y si lo entierro yo, hago un agujero de cinco metros que no lo encuentra nadie», remarcó. «No sé si Julio o los del Este que quedaron con Roberto me han engañado. Sólo sé que cuando me dijeron que había muerto, se me cayó el mundo encima», aseguró. «Yo no compré ninguna pistola a Gabarri, lo dice porque está presionado por la familia Larralde».
JULIO LÓPEZ
«Yo no encargué a nadie quedar con Larralde, es falso»
El empresario maderero lamenta haber acudido a Madrid con la viuda de la víctima y su amiga: «No pensaba que ir con ellas me fuera a traer estas consecuencias. Por supuesto que no encargué a Ramón (Vega) quedar con Roberto para dar un palo de chocolate. Se le ha ido la cabeza, no lo he entendido nunca. Lo único que sí hice fue decir a Carlos Helí que fuera a recogerle el móvil a donde estaba para que hiciera unas llamadas. Necesitaba que buscara un poco de droga», aseguró.
«Es falso que encargara a Froilán presentar la denuncia por quebrantamiento de condena de la orden de alejamiento de Roberto y su mujer. De hecho, le metí una bronca de miedo por hacerlo a mis espaldas».
«Es mentira que yo le dijera a Miriam en el viaje a Madrid: ‘tranquila que ya está hecho’. Eso es totalmente falso. No me enteré de su muerte antes de que apareciera el cadáver, y el hecho de que la tarde antes de mi detención firmara un poder a nombre de una empleada mía para legarle la disposición de mis bienes fue porque había sido agredido en casa de la familia de la víctima, porque querían saber qué había pasado con un robo de un camión de colonias».
«No recibí ningún chivatazo de que me iban a detener. Es cierto que tengo un cuñado en la Policía Nacional pero no me dijo nada».
«Fui a casa de la familia Larralde porque nadie sabía nada del paradero de Roberto», argumentó a preguntas del jurado popular. Reconoció que no denunció haber sido agredido pero que no lo denunció y matizó: «No busqué abogado para todos los acusados, solamente para Miriam y para mí».
MIRIAM CABALLERO
«Julio me pagó el abogado porque yo no tenía dinero»
La viuda de la víctima estuvo bastante serena a lo largo de su intervención en la Audiencia. «Es imposible que yo organizara el viaje a Madrid porque no intervine en las conversaciones. Me llamó mi amiga y le pasé el teléfono a Julio, directamente. Quedaron ellos dos y en un primer momento yo me iba a quedar aquí. Me sumé al viaje después y se lo dije a Roberto».
«Sí habíamos comentado alguna vez Julio y yo la opción de dejar a Roberto pero se había sometido a tratamiento psicológico y estaba cambiando. No era cuestión de cambiar de la noche a la mañana. Además, cuando se producían esos episodios de violencia de género, él no era él», recordó entre lágrimas.
«No le llamé después de enterarme de que había desaparecido (a su marido) porque normalmente no nos hacíamos llamadas, aunque la tarde anterior nos habíamos telefoneado para llevar a mi amiga a Valladolid al tren».
Rechazó haber declarado a la policía que las sospechas de la familia del fallecido contra su persona podían deberse «a que se los estaba poniendo». Aseguró: «Yo eso no lo he dicho nunca».
«Julio me pagó el primer abogado porque yo no tenía suficiente dinero». También aseveró: «Nadie me comunicó nunca que mi marido tuviera una orden de alejamiento sobre mí». La relación que tenían Roberto y Ramón era «un poco delictiva». Cuando apareció el cadáver «fue un shock para mí».
FROILÁN ÁLVAREZ
«Había otras vías que investigar y no se nos ha permitido»
Al detective privado sobre el que pesa la acusación de haber tramado la parte logística del crimen para buscar las coartadas necesarias con el fin de evitar el esclarecimiento policial le parece que hay otras opciones que se podrían haber investigado: «Por mi condición profesional, he solicitado abrir otras vías, pero no se me ha permitido y hay grandes lagunas».
Por ejemplo, desde su punto de vista «si la lista de las llamadas era para intentar despistar, lo que no voy a hacer es poner mi propio número de teléfono. La mejor forma de hacerlo, la más profesional, era no haber hecho nada de eso, no haber dejado ninguna pista», declaró. Igualmente piensa que la instrucción tiene un fallo básico que condiciona de forma importante el resto de la investigación: «El levantamiento del cadáver fue hecho por los bomberos, con lo cual habrá que preguntarse por qué motivo se hicieron las cosas así».
Igualmente lamentó que la normativa vigente impida a un detective indagar en un caso en el que se encuentra implicado: «Yo creo que podría aportar mucho para esclarecer el asunto y sacar a la luz la verdadera realidad».
CARLOS HELÍ DE LA RED
«Julio no me había dado problemas, ahora estoy en uno gordo»
Fue nutrida la nómina de frases destacadas que dejó el interrogatorio al empleado del empresario que supuestamente ideó la trama.
«Julio no me había metido nunca en problemas, pero ahora me ha provocado uno bien gordo. Me siento utilizado y engañado por él. Con el tiempo he visto las cosas de otra manera y ahora hay muchas cosas de las que pasaron aquel día que ya no me cuadran».
El tono del empleado fue inculpatorio contra su anterior jefe: «Al día siguiente de salir de la cárcel fui a trabajar y me dijeron que no volviera por allí. No tenía contrato y tampoco me pagaban con nómina, así que igual que entré en la empresa, salí por la misma puerta».
«Ramón no quería que le devolviera su teléfono cuando llegué al bar en el que habíamos quedado. Yo lo hice porque Julio me lo mandó. ¿Cómo iba a llamar yo a mi propio hermano para una historia de estas? No, si al final va a resultar que fui yo el que....», lamentó.
Es falso, desde su punto de vista, que el empresario le ofreciera dinero para comprar su silencio «pero sí que escuché en un traslado en el furgón de la Guardia Civil desde prisión a los juzgados cómo le dijo a Ramón que tenía que comerse él solo este marrón y que le iba a dar 200.000 euros por hacerlo, pero el otro le dijo que hacer eso constaba más. Lo oímos Gabarri y yo ahí está él que puede declararlo».
«Yo a Ramón siempre le he visto andar por ahí con pistola», aseguró. «Él siempre me ha dicho que lo de los teléfonos no fue cosa suya y yo sólo sé que al final va a ser cosa mía, ya lo verás», se quejó amargamente. «Mi mujer sigue trabajando para Julio a pesar de lo que ha pasado porque lleva haciéndolo allí toda la vida. La familia Larralde cuando me interrogó para preguntarme lo que sabía, ya me dijo que ellos estaban seguros de que no tenía nada que ver con este tema, pero me dijeron que estaban seguro de que Julio sí», aseguró.
«Lo único que me ha traído estos son problemas», finalizó no sin antes tener un rifi-rafe con López en la sala.
ANTONIO GABARRI
«La pistola que llevaba Ramón era la que le había vendido yo»
Sospechoso de haber puesto la pistola en manos del acusado como autor material, el procesado calificó a Ramón como «una persona capaz de sobra de matar a alguien. Tenías que ver cómo trataba a Rober. Le faltó mucho al respeto. Creo que era tan bueno que a veces era ignorante».
«Pienso que la pistola que llevaba es la que le había vendido yo. Ramón me dijo una vez que él por dinero quitaba de en medio a quien fuera. Es un hombre de sangre fría y es el tipo de persona que le puede romper las piernas a cualquiera por un encargo. Yo le tengo miedo, pero hay que ir con la verdad por delante y por eso vengo a declarar lo que pasó de verdad. Si hubiera sabido que la pistola era para cometer un crimen no la habría vendido. Tenía miedo a declarar cuando fui los juzgados pero se me ha quitado porque estoy diciendo la verdad».
ADRIÁN MARTÍNEZ
«Ramón nos llamó chivatos una vez yendo a los juzgados»
Se declara poseedor de la pistola con la que se cometió el asesinato, y la puso en manos de Gabari para satisfacer una deuda de 700 euros que tenía con Antonio. Pero no fue ese el único punto interesante de sus manifestaciones.
«Fuimos una vez a Segovia a dar un palo y por el camino nos pararon en un control de la Guardia Civil. Vi perfectamente como Ramón sacaba la misma pistola que yo había tenido y me dijo: ‘Aparta, Casper, que los abraso’. Luego no les disparó porque nos dejaron pasar sin parar, pero pensé que los iba a dejar secos allí mismo».
Ramón era «un personaje. A veces con lo de la droga, se ponía a hacer como que levaba un perro y le daba de comer y nos decía que si no veíamos lo que hacía. Ahora mismo pesa 50 kilos más que cuando la época del crimen. No le tengo ningún miedo ni ha habido cambio de versión. Lo que pasa es que cuando fuimos al juzgado no sabíamos muy bien lo que estaba pasando y ahora estamos aquí para lo que estamos. Pero no ha habido ningún cambio de versión». Con su testimonio se cerró en la tarde del miércoles el capítulo de interrogatorios a los acusados por el crimen.