LA INVESTIGACIÓN DEL ATENTADO
El embajador en Kabul culpa a los policías de los fallos en la seguridad
Pérez de Ágreda solicita archivar la causa por el atentado en el que murió un agente leonés

Isidro Gabino San Martín, el policía leonés que murió en el atentado contra la embajada de Kabul.
dl | león
El embajador de España en Kabul, Emilio Pérez de Ágreda, ha solicitado el archivo de la causa abierta contra él y su ex número dos Oriol Solá por el atentado talibán que en diciembre de 2015 costó la vida a dos policías nacionales. Uno de ellos, el leonés Isidro Gabino San Martín.
El juez Santiago Pedraz abrió contra el embajador y el otro diplomático una investigación por un presunto delito de homicidio imprudente, al considerar que hubiera podido haber negligencias en materia de seguridad en la embajada. La abogacía del Estado, que les defiende, considera que los fallos de seguridad fueron responsabilidad de los policías, ya que era el equipo de seguridad de la embajada el que tenía las funciones de «velar por la seguridad de la legación y particularmente comprobar que los dispositivos de seguridad continuaban instalados y en funcionamiento, efectuar el control de accesos y las visitas a la embajada y activar en caso de estimarlo necesario el plan de emergencia o cualquier otra medida». Así lo señalan en un documento que ayer publicaba El Español.
Este documento señala que el embajador había realizado gestiones para trasladar la embajada a un lugar más seguro, aunque la mudanza se planteó por primera vez en 2008 y el atentado se produjo siete años después. Sin que se hubiera realizado cambio alguno.
La investigación también analiza el aviso de un posible atentado terrorista que envió la Agregaduría de Defensa de Francia el mismo día del ataque. Sobre este asunto la defensa de los diplomáticos esgrime que estos avisos eran habituales y en muchos casos imprecisos. Y clifica de «mendacidad» señalar que ocultaron este mensaje, que en su opinión no les hubiera permitido tomar medida alguna.
Los compañeros y familias de los dos agentes fallecidos defienden que los talibanes que entraron en la embajada sabían perfectamente dónde colocarse para hacer más efectivo el ataque, especialmente en la azotea. Y culpan al embajador de no haber tenido el debido celo en el control de accesos.