25 AÑOS DE LA ACADEMIA DEL AIRE
Bandera de España sobre el cielo leonés
León responde de forma multitudinaria a la exhibición aérea que celebró el 25 aniversario de la creación de la Academia Básica del Aire.

La patrulla águila, en formación. JESÚS F. SALVADORES
l. u. | león
La exhibición aérea ya forma parte de la memoria colectiva de León, por la respuesta multitudinaria a la invitación del 25 cumpleaños de la Academia Básica del Aire. Si era indudable que la divisa instructora de suboficiales había entrado en este cuarto de siglo en las referencias sociales de León, desde ayer resulta indiscutible que León ha entrado en la academia. Por miles. La congestión en los accesos a La Virgen del Camino fue el preludio de un éxito de la convocatoria más allá de las mejores perspectivas. Cualquier cálculo se quedó relegado por la realidad de una muchedumbre a la altura sólo de citas tradicionales, de San Froilán, de la Semana Santa. No hay otro parangón a la manifestación de interés que suscita entre los leoneses el paso vertiginoso de la vanguardia en la defensa de España. El baile de claqué del Eurocopter Tigre, que lo mismo vela desde arriba por las incursiones de los soldados de tierra que pasma a los espectadores con una torsión de giros y trazas en picado; el caracoleo de la patrulla Aspa, que sobre el norte leonés de fondo calca el aleteo de una avanzadilla de libélulas en medio de una ribera o el desenlace de una escena bélica que acaba en paz. O esa despedida y cierre, en vuelo lateral con vista al frente desde el escenario, en reverencia a la platea. El ejercicio de los medios aéreos de Defensa encandila hasta llevar el oh del público al rasgo atronador de la aeronave.
El Eurofighter se citó con León después de mediodía, al umbral que despeja un sol radiante, a exponer el curriculum excelente de un avión de combate de amplias capacidades furtivas, ágil, escurridizo, de trazas imponentes. Tampoco defraudó al respetable, maravillado con ese de cero a mil en un minuto; de mil a cero, en un parpadeo. Grandioso el Eurofigther, grandioso el capitán en el alabeo para salir de la escena casi a hombros. Fue imperial la danza de la guerra que recreó el caza bimotor, sigiloso el entrar al decorado. Una exhalación que sólo escucha el ruido atronador que le sucede.
Antes cursó paso su majestad, el F18, mesías de las misiones aire-aire. El lance del caza fue un verso bélico, un repaso a la eficiencia en el combate. Respetó la barrera del sonido, pero cruzó la emoción de la asistencia por los diez minutos magníficos de una lección magistral sobre giros y pasadas. Por la traza que abrió este misil del Ala 12 se exhibieron los Harrier de la Armada, la novena escuadrilla de la fuerza Naval, adscritas a misiones de inteligencia, vigilar, guardaespaldas de la fuerza terrestres. La batida de gorras entre el público midió la aceptación del ejercicio, cuando la pista de La Virgen hizo las veces de una cubierta de portaaviones. Sensacional la aportación de fuerzas extranjeras; el Pionner Team de instructores italiano, de Franc Borin, Corrado Rusalen, Claudio Fogli y marco Gioria, que en quince minutos llenaron el cielo de León de corazones y de juegos florales, de estallidos de luz y estelas tricolores; del Alpha Jet de la Armé de l’ air francaise, la vanguardia europea del ataque ligero. Imprescindible la fuerza aérea moderada; la del transporte de tropas, los cargueros, el Airbus A400 que representa el prodigio en el despliegue.
El festival aéreo conmemorativo del 25 aniversario de la creación de la Academia Básica del Aire despertó a León una mañana de domingo que pasará a la memoria colectiva; con los detalles de la Escuadrilla de Honores del Ejército del Aire, que tiene por función los honores militares e interpretan dedicaciones de cala diplomático al recibir y despedir a las autoridades de otros países en visita oficial a España. La demostración de la escuadrilla abrió el programa que otorgó visibilidad a los Corsarios de la 43, desplegados para combatir los incendios en condiciones extremas. Por eso hubo lances para los aparatos Canadier y Bombardier, capacitados para cargas de agua inmediatas y sueltas en los lugares remotos, por inhóspitos que resulten. Resultaron fascinantes las interpretaciones de los versos sueltos de el plan de fiesta que la academia básica del Aire ofreció a León por su primer cuarto de siglo de vida, de Carlos Morales, Salvador Ballesta o Jorge Macías. La nostalgia inundó la base cuando le tocó el turno al T6 y a los Beechcraft de la Fundación Infante de Orleans, piezas de museo que pisan el mismo terreno que los caza. La Patrulla Águila, que hace volar siete aviones como si fueran uno, tiñó el cielo de León con los colores de la bandera de España. Ese fue el cielo y la tierra de León, que se entregó de forma multitudinaria a celebrar la efeméride de la Academia Básica. Los miles de leoneses invitados al cumpleaños interpretan hoy con más fluidez términos como vuelo en formación, efecto humo, maniobra de ataque o movimiento de colibrí; escuadra, escuadrilla, escuadrón. Y hasta el Ala 12, con base en Torrejón, comienza a ser familiar en las conversaciones; como que fuera de aquí, de toda la vida.