Mayor resistencia a la crisis económica
L a economía social ha resistido globalmente mejor que el resto de la economía, y ha permitido limitar de manera significativa los efectos de la crisis». Aunque el colectivo ha sido también golpeada por la crisis, tanto en las entidades dependientes del mercado (de manera especial las sociedades laborales) como en las que dependen de la financiación pública (asociaciones y fundaciones); han resistido mejor la crisis que el resto.
Es la conclusión de un estudio realizado por la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas), que destaca la trascendencia de estas organizaciones, caracterizadas por «combinar eficiencia económica y utilidad social», con principios que priman a las personas sobre el capital.
El informe destaca especialmente el comportamiento de las cooperativas, que señala como claramente contracíclico: han conseguido crear empleo durante la crisis, y sin embargo tienen una mayor lentitud para generar puestos de trabajo en períodos de expansión económica.
En todo caso, se advierte una mayor resistencia del empleo en este tipo de estructuras respecto al resto de la economía.
En el caso de las cooperativas, han demostrado especial fortaleza las de trabajo asociado, aquellas cuyo objeto es proporcionar a sus socios un empleo. En plena crisis, llama la atención el crecimiento de las cooperativas en sectores como la educación y las actividades sanitarias y de servicios sociales. Precisamente algunos de los sectores que han destruido más empleo durante la recesión.
El comportamiento de las cooperativas no es el único destacable dentro de la economía social, ya que los expertos señalan que «los otros tipos de entidades también han demostrado ser muy efectivas y han desarrollado un papel importante a lo largo de la crisis».
Destaca por ejemplo la labor del creciente voluntariado asociativo, que ha protagonizado un «giro asistencial» volcado en la atención a lo urgente y la prestación básica de servicios. Una tarea que, según Funcas, «ha sido clave en la lucha contra la exclusión, sobre todo entre 2010 y 2013.
Destaca la tarea realizada por los centros especiales de empleo, que dan trabajo a personas con discapacidad, y de las empresas de inserción, que trabajan con colectivos con especiales dificultades de empleabilidad y problemas de pobreza y exclusión. Ambos se han convertido en «un potente vector de integración laboral y social para personas que tienen grandes dificultades de inserción en el mercado de trabajo». También la plantilla de estos centros ha crecido durante los años de crisis.
Reciente se ha firmado la Declaración de Madrid, un manifiesto en el que han participado 18 países de la UE, para reclamar a la Comisión Europea que apoye a este tipo de empresas. Porque son un modelo económico «más resiliente a la crisis», según el Gobierno español, que ha destruido mucho menos empleo que el conjunto de las empresas durante la crisis y que se basa en un modelo en el que no se despide a los trabajadores cuando bajan las ventas, no se deslocaliza la producción para reducir costes, ayudan a fijar población al territorio, son solidarias, democráticas y aportan valores sociales.
El Gobierno español también está ultimando una Estrategia Española de Economía Social, para fomentar la participación institucional y apoyar la creación, crecimiento e innovación en las entidades que forman este tipo de economía. Un modelo que se integra también en la Estrategia 2020.