respuesta ante la amenaza de robos
La custodia de la Variante absorbe un millón al año
Adif destina 954.200 euros para sufragar la seguridad privada que vigila las explanadas de accesos a los túneles de Buiza y Folledo y las áreas administrativas de Pola de Gordón y Pola de Lena

Área de acceso a la galería auxiliar de los túneles desde la explanada de Buiza, con iluminación desde el atardecer. RAMIRO
l. u. | redacción
La Variante de Pajares, la obra civil de mayor coste entre todas las que se han afrontado en la red ferroviaria, generan otro coste añadido mientras transitan hacia su apertura: Adif tiene que desembolsar casi un millón de euros al año (954.200) para costear la vigilancia de las embocaduras de los túneles, con el fin de garantizar la seguridad de la infraestructura, alguna vez objetivo de saqueadores en busca de chatarra y otro género de metales con cierto valor en el mercado negro.
Esos 954.200 euros los destina el Gobierno al servicio de vigilancia que desempeña un empresa de seguridad privada en las áreas más críticas de la estructura: los accesos a los grandes túneles en el área de Buiza y Folledo. Aunque la seguridad privada contratada presta servicio además en las zonas de oficinas y administrativa que el Adif levantó en las inmediaciones de Pola de Gordón y en Pola de Lena, al otro lado de la cordillera.
Esta partida económica garantiza una vigilia permanente sobre las planicies que se adaptaron entre rocas y praderío de la montaña central leonesa a las necesidades de obra del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias, que dispone en estos parajes de las inmediaciones de Folledo y Buiza de los accesos laterales a las galerías principales de la obra subterránea. Esa cantidad próxima al millón de euros servirá para sufragar la vigilancia durante catorce meses, hasta bien entrada la próxima primavera, según el calendario de previsiones de la adjudicación.
La carga presupuestaria deja trazas de paradoja, por tratarse de una operación que afecta a un punto con una actividad acumulada nula o testimonial a lo largo de los dos últimos años. Aunque en la explanada próxima Buiza se puede recopilar a cuentagotas el tránsito de operarios, casi siempre más relacionado con el mantenimiento interior de las galerías que con la extensión de vías o la ejecución de la estructura en otros parámetros, la actividad en torno a la estructura a lo largo del último año se puede calificar de mínima. A esta sensación de paralización se une la imagen icónica de las grandes verjas metálicas que desde hace prácticamente un años sellan a cal y canto los accesos a los túneles. Con esta decisión se enfrentó la inquietud de los responsables de Adif y de las empresas contratistas ante los daños que podrían llegar a sufrir los equipos técnicos instalados en el interior de las galerías en el caso de un acceso allanado para los ladrones.
Al contrato de vigilancia privada, que ampara esta necesidad durante catorce meses, hay que añadir el gasto por consumo eléctrico por la iluminación exterior de las explanadas que abren la zona de entrada a la boca de los túneles auxiliares; una medida que complementa el dispositivo de seguridad que se ha procurado para los corredor subterráneos, a la espera del paso del tren. La asignación presupuestaria para prevenir daños en las galerías parece un gasto sobrevenido al presupuesto total que ha absorbido la actuación: un millón de euros un episodio menor frente a los más de 3.800 millones de euros que se habrán empleado en la Variante cuando, a su finalización, esté lista para dejar pasar los trenes de Alta Velocidad.