El juicio del tiroteo a una vivienda se aplaza quince días
La ausencia de un importante perito policial obligó a suspender ayer la segunda sesión.
dl | redacción
El juicio que se seguía en la Audiencia Provincial contra dos hermanos con una nutrida hoja de antecedentes penales, acusados de tirotear la vivienda de un integrante de otra familia también implicada en numerosos incidentes, quedó suspendido ante la posibilidad de practicar una prueba pericial considerada básica por la fiscal, para determinar si los restos de pólvora hallados en la indumentaria que vestía el menor de los hermanos podían probar o no que hubiese sido el autor de alguno de los seis tiros. Los policías reconocieron que, más allá de las declaraciones de los testigos, no hay pruebas científicas que avalen que el mayor de los hermanos realizó disparos.
La vista oral se reanudará el martes 3 de octubre, previsiblemente a partir de las 10.00 de la mañana, con la práctica de la prueba restante y la resolución de elevar a definitivas o no las conclusiones provisionales.
Los peritos del Cuerpo Nacional de Policía aseguraron tajantemente que los disparos que aparecieron en la fachada de la vivienda tiroteada en el barrio de La Inmaculada habían sido realizados con al menos dos armas y que ambas eran pistolas o armas cortas en su defecto. Sin embargo, reconocieron que por el estado en el que quedaron las balas no se podía precisar más a este respecto.
El kit de la pólvora reveló que no había restos de los tiros en el mayor de los hermanos: «Eso no quiere decir que no disparara, pero desde luego, lo que no se puede es probar que lo hizo. Pudo haberse lavado las manos, o no. Eso no lo sabemos», afirmaron los técnicos. En el caso del menor de los dos hermanos, sí aparecieron restos de disparos en el bolsillo del pantalón de su chándal: «Ahí ocurre lo mismo, lo único que se prueba es que en ese pantalón se había llevado un arma, pero no podemos precisar si fue alguna de las que se utilizaron para realizar el presunto ataque».
Citados a declarar los psicólogos y psiquiatras que trataron a los dos procesados, la conclusión fue común. El de menor edad tiene un problema de comportamiento social pero es perfectamente capaz de distinguir que lo que hace está mal, aunque no le importe. El mayor, sufre una disfunción que le impide controlar sus actos en determinados momentos. En el caso de los dos, el comportamiento se agrava por un elevado consumo de drogas y alcohol.