EXPERIENCIA CATALUÑA ■ Una situación límite
"Te insultaban, te llamaban de todo. La orden era aguantar... pero esto no se te olvida"
Los guardias civiles y policías nacionales de León desplazados a Cataluña relatan sus duras vivencias en la operación contra la independencia.
El crucero Moby Dada, que acogió durante mes y medio a los policías desplazados. QUIQUE GARCÍA
Miguel Ángel Zamora | León
«Hemos visto desde profesores arengando a menores por megáfonos con consignas anti españolas hasta un padre que vino a traernos llorando a su niño, para que viera que es mentira que la Guardia Civil pega a la gente en Cataluña. Ha sido una experiencia muy dura». Lo cuenta uno de los quince integrantes leoneses del dispositivo que León envió a Lleida, Balaguer y Tremp, en el marco del operativo de segruidad dispuesto ante los problemas relacionados con la declaración de indepdendencia. Han vuelto a casa recientemente. No pueden decir lo mismo los 40 miembros del GRS de León que siguen desarrollando su labor en Barcelona capital, algunos de ellos en el barco bautizado como Piolín (por su decoración) y que el jueves fueron trasladados a hoteles de la capital catalana tras decidirse esta semana que el crucero abandona la misión.
«En estos últimos días ya la cosa se notaba de otra manera. No se veían tantas banderas independentistas por todas partes, quedaban muchas menos y la gente se volvió un poco más normal. Pero cuando llegamos fue una locura... El ambiente estaba mu enrarecido, te insultaban por donde ibas, te llamaban de todo... Y la orden era que había que aguantar, aguantar y aguantar. Por nuestro trabajo, estamos acostumbrados, pero es una experiencia de esas que no se te olvidan en la vida».
El equipo de León partió en una intervención conjunta con agentes de La Coruña y Valladolid. «Nos recogieron en la autovía y salimos todos juntos en un convoy en dirección a Cataluña. Puedes imaginarte lo que te vas a encontrar, pero vivirlo en primera persona es muy fuerte. En Lérida estábamos ciento y pico y la misión que nos habían encomendado era dar seguridad a los cuarteles», explica el agente leonés.
«Hemos soportado escraches realmente duros», insiste. «Un día vino un colegio de estudiantes, con los profesores al frente y gritando en catalán por un megáfono: ¡Fora els corps d’ ocupació, fora la Guardia Civil! Y veías como detrás desfilaban los niños, casi todos menores de edad. Cantando las mismas consignas. Se te hace muy duro ver a lo que someten a los pobres críos». También hubo su contrapunto: «Un día vino un padre con los ojos húmedos. Al niño le habian dicho en clase que la Guardia Civil pegaba y maltrataba y el niño tenía miedo de pasar por delante de nosotros. Lo trajo patra que viéramos que somos personas normales y se nos abrazó a las piernas, con el chaleco puesto y todo. Fue muy emocionante».
«Es una situación de vergüenza. La camarera del hotel donde estábamos nos confesó un día que ella no estaba a favor de la independencia, pero que tenía que simular que sí lo estaba porque si no habaía represalias, desde la posibilidad de perder el puesto de trabajo hasta el rechazo de los amigos y de los conocidos, porque la cosa funciona así. Un dia llegó a confesarnos que le había dicho el director del hotel que tenía que tratarnos más bien tirando a mal y que si se podía dejar las camas sin hacer a los guardias, que mucho mejor. Y así todo. Es una cosa horrorosa como odiaban a España y a todo lo que tuviera que ver con los españoles. Una cosa es contarlo y otra distinta es verlo y vivirlo».
En el barco anclado en el puerto de Barcelona, todavía quedan 40 efectivos del GRS de León que esperan órdenes. La primera será trasladarse desde mañana jueves a los hoteles de la capital catalana contratados al efecto, para seguir desarrollando sus labores de prevención y control desde allí. Cuatro de ellos resultaron heridos en los disturbios del primer domingo de octubre como consecuencia de agresiones y contusiones sufridas en las labores de control de los colegios electorales. También tuvieron que abandonar el hotel de Calella, donde los vecinos organizaron una concentración a las puertas del establecimiento, para exigir al director que no los siguiera alojando a allíl. Supuestamente, la alcaldesa de Calella había amenazado al director del hotel con paralizar una licencia de obras si mantenía alojados a los guardias, entre los que se encontraban los 18 leoneses del primer contigente. La regidora lo negó todo días después y nunca más volvió a saberse nada del asunto.
En el Cuerpo Nacional de Policía, esta semana doce miembros de la UPR han relevado a los doce primeros que partieron para Tarragona. Acaban de llegar esta semana. «Teníamos que salir a pie caminando cinco kilómetros para poder acceder a la ciudad y las condiciones han sido pésimas», aseguraron a sus compañeros de UDF. «La comida era pésima y muy repetitiva y la mayor parte de los servicios nos los encomendaban en Lleida, con lo cual nos pasábamos el día en desplazamientos de ida y vuelta. «Íbamos para quince días y nos hemos tirado alí 35», aseguraron.
El segundo contingente sufrió penalidades de otras características. «Nos alojaron en el puerto de Barcelona y la infraestructura, por lo que tenemos entendido, ha sido mejor que la de los compañeros que nos antecedieron, pero nos habían prometido que al décimo día de llegar a Barcelona se nos pagarían las gratificaciones por los servicios que hemos estado prestando. Y al final, nos hemos vuelto a casa sin haber cobrado un solo euro de lo que nos prometieron y hatsa hemos tenido que abonar de nuestro bolsillo los desplazamientos de ide y de vuelta». La Unión Federal de la Policía reclamó estas cantidades, que ya h an sido aprobadas por el Gobierno para su abono a través del Ministerio de Interior.