Diario de León

La línea continua que agotó la paciencia en la N-120

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Quince años después de la entrada en servicio, el horizonte para limar las condiciones rigurosas del peaje de la AP-71 está un poco más cerca. La León-Astorga tiene una de las concesiones más longevas entre la autopistas del país. La gestión está adjudicada hasta el año 2055. Esa lejanía en el calendario es un condicionante que enfatiza la relevancia del acuerdo de bonificación del peaje para el transporte pesado.

El primer alivio, cuando entre en vigor, es para los vecinos de las localidades que atraviesa en el corredor central de las comunicaciones de la provincia leonesa, en el tránsito este-oeste, esencial para la conexión entre las ciudades de León y Ponferrada; elemental para el desarrollo económico y la vertebración del territorio, por los nexos que mantiene con los polígonos industriales de mayor actividad y dinamismo en la provincia, y por tratarse de la única estructura de alta capacidad que conecta el interior de la provincia y el entorno de su capital con la A-6.

Más que esta cadena de motivos económicos para sustentar una intervención de las administraciones, detrás está el malestar de los habitantes de los pueblos que cruza en travesía, cansados de la acometida del tráfico denso e incesante a la puerta de sus viviendas mientras en paralelo a la N-120, corren cuatro carriles en la misma dirección infrautilizados por la disuasión que ejerce el paso por caja.

Administraciones locales (principalmente desde el Ayuntamiento de Valverde de la Virgen), mociones políticas en el Ayuntamiento de León, acuerdos plenarios en las Cortes autonómicas, intervenciones en el Congreso y en el Senado suman en el clamor que llegó a las ventanilla del Ministerio de Fomento. Ya existe una forma administrativa para hacer de la autopista de peaje el cauce de los tráficos pesados.

A la vez, se libera una carretera que en su tramo más próximo a la capital leonesa, y entre las travesías urbanas del municipio de Valverde de la Virgen acumula un historial dilatado de incidentes en los últimos años. El más llamativo lo protagoniza desde 2015 una línea continua de más de tres kilómetros que ejerce de corsé para la movilidad de los propios habitantes de la zona; las molestias de esta pintura fueron la chispa que encendió la paciencia de los afectados. Desde que apareció la línea continua, no cejó ni un instante la presión social contra la elevada circulación. Luego llegó el radar de tramo o la prohibición caprichosa de giros. La única salida es la León-Astorga.

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