LEÓN ■ EMPLEO
Casi 8.000 parados con más de 55 años de León, en vilo por la revisión del cálculo de su pensión
La mitad de ellos sufren desempleo de muy larga duración y tienen escasas posibilidades de volver al mercado laboral

Parados en una de las oficinas de Empleo de León.
La propuesta (aún sin definir) de la ministra de Empleo, Fátima Báñez, sobre la revisión de los períodos de cotización en la vida laboral para evitar mayores daños a quienes se quedan en paro en los últimos años de su etapa activa abre una esperanza para el importante colectivo de quienes han caído en el desempleo en una edad en la que la reinserción laboral es ya prácticamente imposible. Dejar de trabajar en los últimos años de la trayectoria laboral puede suponer, según cálculos realizados por organismos desde el BBVA a UGT, una pérdida de hasta el 40% de la pensión que correspondería si se hubiera seguido en activo. Independientemente además de que se haya estado trabajando y cotizando toda la vida anterior de forma elevada (los más perjudicados son los salarios medios). Sin embargo, algunos colectivos alzan ya su voz contra esta propuesta: señalan que la posibilidad ya existe en la ley, aunque la Seguridad Social se niega sistemáticamente a aceptarla. El desconocimiento de la mayor parte del colectivo de afectados es uno de los principales problemas a la hora de presionar para aplicar esta normativa, señalan.
Los informes del Servicio Público de Empleo (Sepe) sobre las personas en edad laboral que han quedado excluidas con más fuerza del mercado laboral en ya más de diez años de recesión económica realizan sus cálculos sobre el colectivo de empleados, contratados, parados y beneficiarios de prestaciones mayores de 45 años. Es decir, aquellos a quienes quedan por delante 20 años de vida laboral hasta el momento de la jubilación (al menos de la actual). Sin embargo, el propio organismo oficial plantea realidades muy diferentes dentro de este colectivo de «mayores»: si todos ellos tienen más difícil que el resto encontrar un empleo, aquellos que pierden sus puestos de trabajo a partir de los 50 años entran en una espiral que en muchos casos no tiene solución. Quienes llegan a los 55 en situación de paro (a menudo habiendo consumido ya todas las prestaciones contributivas a las que les dan derecho sus años de cotización) tienen estadísticamente prácticamente imposible volver a trabajar, a no ser en puestos en los que la precariedad se ceba especialmente (y con ella la mínima cotización).

Según el último informe del Sepe, las listas oficiales (aunque muchos de estos parados ya se han dado por vencidos y no aparecen en ellas) siguen registrando 7.911 parados en la provincia de más de 55 años. Son un 45% del colectivo total de mayores de 45 años que no encuentra un empleo. Y señala además otro dato revelador: los contratos realizados en el último año contabilizado (son datos de 2016) a los mayores de 55 años en la provincia sumaron 8.364, apenas un 25% del total de los 33.445 que se firmaron entre los mayores de 45 años, que ya tienen especiales dificultades para la contratación. Ello a pesar de que los 31.186 afiliados a la Seguridad Social que ya superan los 54 años suponen algo más del 41% de los 75.473 trabajadores que tienen más de 45 años.
Otro dato resulta llamativo: de los parados de más de 45 años (17.699) un total 9.712 perciben prestaciones por desempleo. De ellos, 5.291 tienen ya más de 55 años. Con una particularidad: según la información a nivel nacional, sólo un 10,6% de las prestaciones que perciben los mayores de 55 años son contributivas, el resto son asistenciales. Es decir, se trata en un 90% de los casos de parados que ya han agotado todas las prestaciones a las que tenían derecho por sus cotizaciones, y ahora reciben alguno de los distintos pagos para completar sus rentas. Eso los que aún reciben algún tipo de subsidio, porque la mayoría de los mayores aún en edad laboral no reciben ningún tipo de ayuda económica.
Según un reciente informe de UGT, más del 76% de los parados de larga duración que llevan más de un año en desempleo supera los 55 años; y un 64% de ellos hace ya más de dos años que no encuentra un empleo. Y quienes lo hacen tiene que optar a menudo por ceder en la precariedad en la contratación, lo que perjudica de nuevo sus perspectivas de cara a la jubilación.
La propuesta
La propuesta del Gobierno, que debe debatir el Pacto de Toledo, trata de beneficiar a quienes han sido despedidos en los últimos años de su vida laboral, y por tanto empeoran sus carreras de cotización justo antes de su jubilación. Según un informe realizado por el Foro de Expertos del Instituto BBVA de Prensiones, son las interrupciones de la actividad laboral previas a la jubilación las que tienen un mayor impacto sobre las pensiones que se cobran; y mayor incidencia tienen también los ‘parones’ laborales en aquellos que cobran un sueldo medio.
Por su parte un documento elaborado por UGT apunta que el paro de larga duración puede reducir la pensión que finalmente se cobra hasta un 40%. Y es evidentemente más grave en las edades cercanas a la jubilación; cuando además «las posibilidades de encontrar un nuevo trabajo son prácticamente nulas, y suelen encadenarse largos períodos de paro».
En el colectivo de mayores de 55 años el paro se ha incrementado desde 2007 en un 322%, lo que implica, «empobrecimiento y una situación de extrema precariedad en este colectivo».