Doble reconocimiento

«Hoy es el primer día con derecho a llamarme leonés»

Fernando Ónega presume de padecer «leonesitis crónica, con tendencia a empeorar» al recibir la distinción de Hijo Adoptivo de la Provincia y el presidente de la Diputación le considera como «un nuevo paisano»

El locutor recibe de manos de Juan Martínez Majo el título de Hijo Adoptivo de la Provincia. J. CASARES

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A. CALVO | LEÓN
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«Hoy es el primer día con derecho a ser y a llamarme leonés». Con estas palabras cerró Fernando Ónega su rúbrica en el libro de firmas de la Diputación que ayer le distinguió con el reconocimiento de Hijo Adoptivo de la Provincia, por ser uno de los mejores embajadores de León y «sus valores sociales y su patrimonio artístico, cultural y gastronómico». En el palacio de Botines, donde se desarrolló el homenaje, Ónega tiró de humor para anunciar que tanto su médico como su psicólogo le habían diagnosticado «leonesitis crónica y con tendencia a empeorar», para lo que le habían recomendado como tratamiento consumir productos de León desde el desayuno a la cena «de forma urgente y continuada». Además, como penitencia, recorrer y disfrutar la provincia en todos sus rincones.

El presidente de la Diputación, Juan Martínez Majo, le reconoció ya como «un nuevo paisano» que siente «León desde el corazón» como expresa «siempre que tiene un hueco en sus nocturnas cartas para la cultura, la historia, el patrimonio, el turismo o la gastronomía de las distintas comarcas de la geografía leonesa», en relación a que, cada mes de octubre, Ónega dedica una de sus cartas para vender las bondades de la provincia. De hecho, en su discurso, hizo un repaso por todos los rincones asociándolos a sus máximos exponentes, como el antruejo de Velilla de la Reina, los nicanores de Boñar, el agua clara de Riaño, el botillo del Bierzo, los marineros que ha dado al mundo Alija del Infantado, Astorga «que celebra el carnaval en plena cuaresma» o personajes como Genarín en Semana Santa o Guzmán el Bueno.

Sensiblemente emocionado en todas sus intervenciones, también recordó cómo había comenzado su ligazón con León, de la mano de Ramiro Brasa, el veterinario de su pueblo, Mosteiros, o como ya de pequeño degustaba los dulces que otro Ramiro le llevaba a Lugo mientras estaba acogido en su casa durante los estudios. También tuvo palabras para Luis del Olmo, con quien trabajó 17 años. «Mi vida es una península rodeada de León por todas partes y el istmo es Lugo», aseguró tras hacer un recorrido por vida y todos los vínculos que le unían a las tierras leonesas. Todo ello, en una abarrotada primera planta del edificio de Botines donde toda la sociedad leonesa se agolpó para homenajear al ya leonés Fernando Ónega. «Ahora, cuando a mis hijos o a mis nietos les pregunten de dónde soy, tendrán que responder a la gallega... ¡depende!», dijo el locutor en relación a sus dos tierras, Lugo y León. De hecho, como había prometido, se trajo a toda su familia consigo: su mujer Ángela, sus hijas Cristina y Sonsoles, su hijo Fernando y todos sus nietos, Jaime, Marcos, Iago y Gonzalo.

Pecado de la vanidad

«Tengo miedo a caer en el pecado de la vanidad, pues ya he caído en el pecado del orgullo», firmó Ónega en el libro de la Diputación en el que también dejó impreso que desde ayer cumpliría con el compromiso de «llevar este nombramiento con la dignidad que se merece, honrar siempre y de por vida a mi madre adoptiva, la provincia de León, y promocionar y defender los intereses de León donde quisiera que esté».

El acto se cerró con la interpretación del Orfeón Leonés del himno de León y la entrega al locutor lucense de la insignia de oro de la provincia y el diploma de Hijo Adoptivo de la Provincia de León. Para curar sus dolencias, la Diputación también le entregó una gran cesta con los productos gastronómicos más representativos de la tierra, porque «como León no hay nada, por sus tierras y por sus gentes».

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