Diario de León

LEÓN ■ TRIBUNALES

Audiencia pública del caso Cortizo

Veintidós años después, se inicia el juicio por el atentado terrorista con el que ETA mató al comandante del Ejército de Tierra en la calle Ramón y Cajal, el 22 de diciembre de 1995, imborrable de la memoria de León

Imagen del escenario del atentado en 1995. RAMIRO

Imagen del escenario del atentado en 1995. RAMIRO

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L. URDIALES / EFE | LEÓN

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Llovía aquella mañana del 22 de diciembre de 1995 en León, cuando ETA atentó en el corazón de la ciudad con una bomba lapa que al estallar acabó con la vida del comandante Luciano Cortizo, de 44 años. El Ford Orion que conducía la víctima reventó al detenerse en el semáforo de la calle Ramón y Cajal, en la intersección con Renueva. veintidós años después, llega a juicio el atentado terrorista, del que el fiscal hace responsable al etarra Sergio Polo, para el que pide una pena de prisión de 122 años con la imputación de delito de asesinato. En el atentado terrorista resultó herida Beatriz Cortizo, que contaba entonces con 18 años y que viajaba junto a su padre en el coche en el momento de la explosión del artefacto.

La ciudad, que se envolvió en el luto y en el silencio de condena en repulsa por aquella barbarie, espera como si fuera una parte más de la acusación popular el momento de la vista que se va iniciar esta semana en la Audiencia Nacional. Para restañar, en lo posible, el ataque que costó una vida y otras secuelas que jamás podrán cerrarse. León es testigo de cargo de aquella jornada plomiza que quedó escrita para siempre en la relación de tragedias de la ciudad.

La causa fue reabierta hace algo más de dos años después de que fueran hallados indicios contra Polo y la jefa de ETA María Soledad Iparraguirre, Anboto, —ahora presa en Francia—, a raíz de la revisión que las fuerzas de seguridad hacen de los atentados de la banda sin resolver.

Según el relato del fiscal, en fechas previas al 22 de diciembre de 1995, Anboto entregó a Polo material explosivo para asesinar al comandante Cortizo, dándole instrucciones precisas.

Polo lo guardó en el piso de Pasajes, y ahí elaboró una bomba lapa compuesta por 1.200 y 2.000 gramos de cloratita con un dispositivo de iniciación mecánico-eléctrico.

Días antes del crimen, se trasladó desde San Sebastián a León, utilizando el transporte público, y vigiló a Cortizo hasta detectar el vehículo que usaba habitualmente para sus desplazamientos en la ciudad de León. Una vez localizado el coche, que se encontraba estacionado en la calle de Álvaro López Núñez desde las 17.30 horas del 21 de diciembre de 1995, el etarra, según detalla el escrito de la fiscalía empleó un destornillador preparado especialmente para forzar las cerraduras de los Ford, accedió por la noche y «con la intención de acabar con la vida del comandante, así como de cualesquiera personas que se introdujeran en el vehículo o estuvieran en sus proximidades, colocó bajo el asiento del conductor la bomba lapa». Sobre las 13.20 horas del 22 de diciembre, el comandante y su hija Beatriz se introdujeron en el vehículo y cinco minutos después de arrancar y tras circular unos 300 metros hizo explosión el artefacto. Una placa, en honor del comandante, recuerda que León no olvida los hechos que desde hoy se juzgan; 22 años después.

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