La leonesa que ayudó a los Caídos
Los técnicos de Patrimonio Nacional ya analizan el estado de la fosa y los restos óseos del Valle de los Caídos, tras la mediación de la senadora del PP Esther Muñoz hace dos meses, que ablandó al prior de la abadía de El Escorial y le hizo cambiar de opinión rompiendo un bloqueo histórico.

La senadora leonesa del PP Esther Muñoz.
Hace más de cuatro décadas que una lápida de cinco toneladas cerró una etapa de la historia al sepultar los restos de Francisco Franco en el altar de la basílica del Valle de los Caídos. No ha habido Gobierno, ley o tribunal capaz de alterar ese reducto del franquismo que visitan cada año más de 200.000 personas y que pierde 1,5 millones de euros de Patrimonio Nacional. Nadie... hasta ahora.
La senadora leonesa del PP Esther Muñoz logró hace dos meses cambiar la férrea oposición a las exhumaciones del prior de la abadía, Santiago Cantera. Una sentencia de 2016 del juzgado de San Lorenzo de El Escorial autorizaba a «una sepultura digna» a los hermanos Manuel y Antonio Lapeña, fusilados en Calatayud (Zaragoza) y trasladados a la ‘roca’ por el régimen sin permiso de la familia.
El benedictino, en nombre de su comunidad, se negaba a ello con un recurso contencioso-administrativo que bloqueaba la situación. Tras las conversaciones con la senadora, accedió a retirarlo para que entraran los técnicos de Patrimonio Nacional y del CSIC a analizar tanto el estado del mausoleo como el de los cadáveres. Cantero «accedía a ese análisis, aunque no veía que se pudieran retirar los restos de los allí enterrados si se alteraba a otros al sacarlos», explica. Y el problema es que «muchos de los que permanecen en el foso están solidificados a otros».
La culpa es de un edificio horadado al risco. Las goteras caen lúgubres sobre barreños. El pasillo de entrada al altar dispone de capillas dedicadas a las vírgenes del Ejército de Tierra, Mar, Aire, los cautivos y la virgen de África, donde Franco hizo su carrera militar. Precisamente detrás de la capilla africana reposan parte de los muertos de la Guerra Civil. Un escueto cartel lo menciona, pero nada explica al visitante a quién pertenecen ni cómo llegaron allí.
Los registros contabilizan 33.847 enterrados. Trasladadas desde 1959 hasta 1983. De ellos, 21.423 están identificados y pertenecen a franquistas y 12.410 son desconocidos. Franco emprendió una enorme labor burocrática para que cada Gobernador Civil buscara restos de muertos de la guerra en cada pueblo, trasladarlos y celebrar «20 años de paz», como decía la propaganda. Pese a que el recinto insiste en que son «Caídos por Dios y por España», miles de los enterrados son republicanos cuyos restos fueron robados de fosas comunes para rellenar los columbarios.
Palabras que derriban muros
Las gestiones de la senadora leonesa abren la puerta a las exhumaciones, tras una complicada batalla. Cantera incluso se había negado a comparecer en la Comisión de Justicia del Senado, de la que forma parte Esther Muñoz, «para no interferir en los conflictos Iglesia-Estado, dijo». Por eso ella se puso en contacto con el religioso para intentar mediar y trasladarle el sentir de las familias afectadas. «El PSOE y Podemos iban al Valle de los Caídos, criticaban a los monjes y no se avanzaba. Yo intenté moderar entre unos y otros. De hecho, nadie se había sentado a hablar con el prior y al exponerle el asunto lo entendió y fue favorable a las exhumaciones mientras no se alteraran los restos óseos de otros cuerpos y mientras se respetara el Valle», señala.
El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blázquez, también manifestó que el Valle de los Caídos «no se puede negar» a exhumar los restos mortales de los hermanos Lapeña que reclamaba la nieta, si se lo pide Patrimonio Nacional.

Vista general del Valle de los Caídos. JUAN CARLOS HIDALGO
El valle ocupa 1.635 hectáreas de una de las mayores bellezas naturales de la sierra de Guadarrama. Los montes que sedujeron a los Austrias para instalar el monasterio de El Escorial en el siglo XVI fueron elegidos por los franquistas para celebrar su victoria en la Guerra Civil con la pretensión de recuperar el supuesto orgullo imperial. El tiempo ha corrido desigual para ambos monumentos. El monasterio resiste majestuoso cinco siglos después, pero el Valle de los Caídos es un amasijo rancio con riesgo de derrumbe. Las flores rojas y blancas de papel son perennes sobre José Antonio Primo de Rivera y Franco.
Cualquier turista que vea los ramos puede sacar la conclusión de que los españoles guardan honores a su caudillo. Y técnicamente así es porque el Valle de los Caídos sigue rigiéndose por un decreto de 1957 por el cual se definen como fines del lugar «rogar a Dios por las almas de los muertos en la Cruzada Nacional, impetrar las bendiciones del Altísimo para España». A ello se dedican los 25 monjes benedictinos residentes en el monasterio que han recibido anualmente durante toda la Democracia 340.000 euros para sus gastos. Más de 10 millones de euros públicos para seguir honrando a Franco cada 20-N.
Muñoz también ha conseguido que el prior acceda a reunirse con las familias de víctimas del franquismo que han logrado permiso del juez para recuperar los restos de sus allegados. Esta reunión se efectuará a través de la Asociación de Familiares Pro Exhumación de los Republicanos del Valle de los Caídos, con la que el Grupo Popular en la Cámara Alta también ha estado en contacto.
Las conversaciones de la leonesa con la abadía también han propiciado, según afirma, que se ponga fin al rechazo por parte de las 35 familias que estaban en contra de que se abrieran los columbarios, donde se encuentran sus familiares. Algo que el juez veía como un impedimento para proceder a las primeras exhumaciones en el monumento. La senadora destacó el «trabajo discreto» que ha llevado su grupo, «eliminando el componente ideológico de la Memoria Histórica. Lo importante son las familias y su dolor y el cumplimiento de la sentencia», dice.
Exhumar a Franco es otra cosa para el prior.