Diario de León

RETRATO SOCIAL

La precariedad dispara el acoso

La situación laboral de las mujeres oculta los abusos sexistas y sexuales, que enfrentan además la dificultad de probar los delitos

CC OO presentó ayer la campaña de sensibilización. RAMIRO

CC OO presentó ayer la campaña de sensibilización. RAMIRO

María Jesús Muñiz Prieto
León

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Normalización de los comportamientos, imposibilidad de demostrar los abusos que se cometen en entornos privados, necesidad de trabajo para asegurar los ingresos en el entorno familiar, aceptación de actitudes acosadoras o interiorización de los abusos como parte de la cultura social y laboral. Es el escenario en el que se desenvuelve la problemática del acoso sexual o por razón de género en el entorno laboral, que en los últimos años se ha visto agudizada por la precariedad del empleo y las necesidades económicas de las familias. El resultado es que las mujeres víctimas de abusos en el entorno laboral no pueden prescindir de sus sueldos, ni tienen capacidad de encontrar otros empleos; lo que hace más difícil renunciar al puesto de trabajo y en muchos casos aboca a soportar los abusos de todo tipo.

Frente a esta situación CC OO lanza la campaña No lo permitas, que según explica Rosa Castro, secretaria de Mujeres y Política de Igualdad, Inmigración y Juventud del sindicato, pretende «concienciar contra las relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres y poner el foco en los graves problemas de salud que el acoso implica para las trabajadoras, tanto desde el punto de vista psicológico como físico».

La responsable de Igualdad de CC OO lamenta la lentitud con la que se desarrollan los preceptos contenidos en la Ley de Igualdad de 2007, la primera que recoge el acoso laboral; lo que ha impedido que a día de hoy existan estadísticas para «ver lo que ocurre en realidad». Además, influyen una serie de «factores asociados: la estructura social con valores machistas que toleran como normales estos comportamientos, o las dificultades a la hora de probar los acosos sexuales, que suelen producirse en la intimidad».

Además, Castro incidió en que «cuando la mujer da el paso de denunciar se criminaliza su conducta, y un ambiente que es tóxico se convierte en irrespirable. Los tópicos de siempre se vuelven en contra de la mujer».

Desde el sindicato se ha intensificado la labor de identificación de situaciones de acoso sexual y de género en el trabajo en los últimos tres años, en los que «se ha detectado un incremento de la problemática, debido sobre todo a la situación de precariedad laboral de las trabajadoras. La temporalidad, los bajos salarios y la necesidad de su aportación económica para sostener a la familia hacen más difícil reaccionar contra los abusos».

Casos detectados

A falta de estadísticas generales, sólo entre marzo y septiembre diez mujeres han sido atendidas por acoso laboral en el Servicio de Asesoramiento para la Igualdad de Género de CC OO, y otros 6 en el Servicio de Salud Laboral. Cuando las mujeres llegan a estos servicios llevan de media más de doce meses aguantando el acoso, y o bien están de baja (como contingencia común por depresión o ansiedad, ya que no se contemplan los casos como enfermedad laboral) o han optado por abandonar el puesto de trabajo.

Según explica Ana Olego, agente de igualdad del sindicato, «la violencia de género laboral no es un concepto consolidado», y a menudo se manifiesta a través de micromachismos «que las propias víctimas son incapaces de percibir como tales». Más en un entorno «donde el más agresivo o competitivo se valora frente al asertivo o empático; y en el que a las víctimas la primera recomendación que se las da es que sean fuertes y aguanten». Una «cultura extendida de que la agresividad y la violencia resuelven los problemas» que se ha transmitido de generación en generación, y que a día de hoy hace que «la violencia, y no el derecho, se utilicen por los más fuertes para imponer sus criterios».

Por su parte Covadonga Bernardo, técnica de Prevención de Riesgos Laborales, señaló que el acoso desencadena daños psicosociales que deterioran la calidad de vida de las víctimas más allá de su entorno laboral. «Perciben la situación con impotencia y humillación, y piensan que sólo hay dos soluciones: renunciar al empleo o seguir aguantando. Lo que las lleva a minimizar las conductas de los acosadores, aunque sufran dolores físicos, ansiedad, depresión,...». Que se tratan en general como contingencias comunes, y no como enfermedad laboral, lo que conlleva además pérdidas económicas para las víctimas.

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