Diario de León

UN CADÁVER SIN DUEÑO

El muerto de la Catedral al que todos niegan

Diario de León revela la aparición de un cuerpo en las termas que nunca fue investigado y provocó el cierre de la excavación. Las fuentes consultadas aseguran que puede ser un muerto de la Guerra Civil.

Imagen de la última excavación que se desarrolló en la cripta norte de la Catedral. DL

Imagen de la última excavación que se desarrolló en la cripta norte de la Catedral. DL

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CRISTINA FANJUL | LEÓN
León

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Apareció en el año 1990 durante las excavaciones en la cripta norte, el lugar en el que los romanos construyeron sus termas y que, con el tiempo, se convirtió en una de las zonas más secretas de la Catedral. Los que lo vieron recuerdan que no estaba enterrado sino que permanecía oculto bajo extractos de la obra que puso en marcha Luis Menéndez Pidal. Era parte de los escombros que el arquitecto había desenterrado en los años sesenta con el fin de hacer visitables los vestigios. Misteriosamente, también se cerró en falso.

Habían pasado treinta años cuando Fernando Miguel se topó con el cuerpo de este hombre, un cadáver que, a pesar de estar reducido a huesos, no tenía más de medio siglo, menos, según lo que aseguran cuantos han querido hablar. Los testigos del hallazgo no se ponen de acuerdo en el motivo de la muerte. De hecho, y como ha podido saber este periódico, ningún forense estuvo allí. «En la ciudad tan sólo trabajaba yo y puedo asegurarle que no estuve. Lo recordaría», subraya Mariano de la Torre, director del Instituto de Medicina Legal. Las fuentes consultadas por Diario de León aseguran que la excavación se cerró de manera inmediata y precipitada tras el hallazgo, sin que acudiera ni el juez, ni la Policía Nacional, ni la Local.

Ignacio Represa, que por entonces ocupaba el cargo de arquitecto de la Catedral, va más allá, y revela que él se enteró dos meses después de que todo ocurriera «y fue por la calle», se queja. «No quisieron que me enterara. En realidad, nadie tenía maldito interés de hablar del muerto», dice.

La pregunta es por qué hoy en día sigue siendo un misterio. Entre los que vieron los restos humanos se cuentan el arqueólogo de la obra, Fernando Miguel, los obreros, el arqueólogo de la Junta, y Máximo Gómez Rascón, director del Museo Diocesano. Pero, a pesar de que los testigos le sitúan en el lugar de los hechos, el canónigo niega todos los extremos de la información y zanja cualquier explicación con un «no sé de qué me habla; nada parecido ocurrió».

Y, sin embargo, hay pruebas. Lo acredita la propia Junta de Castilla y León en un escrito enviado por la Delegación Territorial de Cultura. El Servicio Territorial de Cultura de la Junta en León señala que no encuentra en sus archivos documentación relacionada con el informe que se solicita. Sin embargo, sí recuerdan que ese año (1990) colaboraron con el arquitecto que dirigía el ‘proyecto de restauración de la catedral de León (tercera fase)’ en la que se llevaron a cabo trabajos parciales y someros de limpieza de la cripta septentrional o de Menéndez Pidal. «Entre los escombros, cascotes y residuos de ese espacio (y fruto de unas obras de los años 60), se hallaron restos humanos esqueletizados sin ningún tipo de trascendencia o interés arqueológico, debido al contexto de su aparición», escriben los funcionarios ante las preguntas de Diario de León. Ante esta explicación, es importante apuntar dos de argumentos. El primero radica en el hecho de que no consta en la Junta documentación referente no ya al cuerpo sino a la excavación, una situación insólita. Y es que la ley exige que cualquier trabajo arqueológico, máxime en un lugar como las ‘catacumbas’ de la Pulchra, se materialice en un informe profesional. Este caso es, por lo tanto, inédito. Además, la frase «restos humanos esqueletizados sin ningún tipo de trascendencia o interés arqueológico debido al contexto de su aparición» también resulta extraño, puesto que la ausencia de importancia arqueológica podría significar que tenía importancia policial.

Lo que sabemos es que el cuerpo apareció entre cristales de Duralex y restos de tabaco Ideales, Celtas y Ducados, objetos propios de los años 60. Las colillas de esta marca reflejan que quien los fumó no podía pertenecer a la clase trabajadora, que fumaba en su mayoría picadura. «Este era tabaco caro, cigarrillos de papel de trigo con una caja que aún a día de hoy se vende para los coleccionistas», aseguran los profesionales consultados por Diario de León, que añaden que estos restos demuestran que el cuerpo no podía llevar allí más de medio siglo, tal vez menos, aunque la ausencia de estudio forense impide ya saber su origen.

Una de las personas que tuvo la oportunidad de ver el cuerpo defiende que era un hombre adulto, corpulento y con buena conexión anatómica. «Pudo haber sido un accidente de obra, o un asesinato y lo dejaron allí», dice uno de los consultados, mientras que otros concluyen que el cadáver pudo haberse escondido allí tras un ‘paseo’ durante la guerra o un ajuste de cuentas. El cadáver estaba entre los escombros de la obra arqueológica. «La restauración de Luis Menéndez Pidal limpió y echó el escombro hacia donde estaba el cuerpo», explica otro de los testigos.

Ignacio Represa asegura que los responsables de la Catedral, le ocultaron el hallazgo «de manera deliberada». El arquitecto considera que había mucha gente que sabía perfectamente lo que había pasado. Precisa que el cuerpo apareció en un espacio de grava, entre un forjado, y añade que lo más extraño de la aparición radica en el hecho de que él mismo había tenido la oportunidad de estar en la cripta y no lo vio. «La cripta norte estuvo abierta durante mucho tiempo debido a una excavación arqueológica que se desarrolló en el patio norte». Ignacio Represa se refiere a la aparición de las termas en la cabecera de la Catedral románica en la época de Demetrio de los Ríos (1919), también justo al lado de la torre. «Años después, Menéndez Pidal construyó la estructura de hormigón para sellar el patio y debajo de ésta quedó un hueco que el arquitecto mandó limpiar en 1990». El hallazgo del cuerpo no consta en ningún informe de la Policía Nacional y el anterior jefe de la Policía Local, Martín Muñoz, certifica que en sus bases tampoco hay ficha alguna sobre este suceso. Además, surge la pregunta de dónde se llevaron los restos. En el registro de enterramientos de Puente Castro no existe entrada alguna en la que se dé cuenta de la inhumación de un cuerpo aparecido en la Catedral.

Asimismo, y según comunica el Servicio Común Procesal General de León, «no se ha localizado ningún asunto que pudiera hacer referencia en su registro» a la aparición del cadáver en la Catedral...

El cuerpo apareció en los vestigios en 1990. DL

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