El ministro Blanco abrió la lista de ida y vuelta del estándar al ibérico
El rifirrafe político a cuenta del ancho de vía elegido para una infraestructura que lleva en construcción desde hace quince años tiene precedente lejanos; del primero, se va a cumplir ahora una década. El giro inaugural de una cascada de versiones sobre criterio técnico adecuado para el paso del tren se produjo a lo largo de 2009, después de que se hubiera adjudicado la instalación de traviesas y raíles en ancho internacional para las dos galerías. Esa fórmula asumía que iba a permitir compatibilizar el paso de viajeros y mercantes, a la par; todavía hoy, tanto tiempo después de aquella efeméride administrativa, la red ferroviaria para convoyes de mercancías es el ancho ibérico, al apropiado al uso de las vías convencionales de Renfe.
Fue José Blanco, ministro de Fomento en aquel año de fin de la década pasada, quien anunció que para permitir el paso de trenes de carga por el interior de la variante se iba a instalar la solución del triple hilo, que admite todas las soluciones. La determinación causó un estupor acorde a la credibilidad de la fecha de apertura de la Variante, que por entonces se conjugaba en torno a 2013. De forma paralela, entró en danza otro término que, desde entonces, ha sido recurrente para todos los responsables de Fomento: la traviesa polivalente, que explica el encaje en ancho ibérico y que permite, en un futuro, la migración a ancho internacional, asignado al AVE. Altos cargos de Adif han empleado estos últimos días el mismo argumento al aclarar qué va a ser de la Variante.