Diario de León

ALBERTO SUTIL | DIRECTOR COMERCIAL DE TVITEC

«La economía leonesa está en su pasado, no en lo que debería ser»

Alberto Sutil, ayer en la sede de Tvitec, en el polígono del Bayo. L. DE LA MATA

Alberto Sutil, ayer en la sede de Tvitec, en el polígono del Bayo. L. DE LA MATA

María Jesús Muñiz Prieto
León

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Tvitec nació en el peor momento y con todos los factores en contra, pero se ha convertido en una de las empresas no sólo más globalizadas, sino más innovadoras de la provincia. Tractora también de investigación e impulsora de nuevos proyectos que tratan de asentar en León, y en el Bierzo, tejido productivo con capacidad de competir en todo el mundo. Alberto Sutil, director comercial de la empresa berciana, inaugura hoy el II Ciclo de la Economía a Debate en León. Mirando hacia adelante, que organiza el Club de Prensa de Diario de León. Una cita que se repetirá mensualmente hasta finales de año, y que da continuidad a la serie de debates que se celebraron semanalmente en el último trimestre de 2018, y que siguen poniendo sobre la mesa no sólo la realidad de la economía local sino las propuestas que desde distintos ámbitos se plantean para consolidar el tejido productivo y la competitividad leonesas.

—Tvitec cumple diez años, y ha logrado crecer en un entorno económico especialmente complicado.

—Somos una empresa de Ponferrada que queremos tener nuestra industria allí. Antes de iniciar esta aventura empresarial teníamos mucha experiencia en el sector del vidrio, pero es verdad que la creación de Tvitec se decidió en 2006, cuando se compró una parcela en el polígono industrial de El Bayo. Sacamos nuestro primer vidrio al mercado en mayo de 2008, nacimos justo en el momento en el que la crisis comenzaba a mostrarse en su dimensión. Además en aquel momento el mercado de la construcción casi se veía como algo maldito, y los clientes empezaban a dejar de pagar. Es verdad que era el peor momento. A mayores de esa situación, nuestra anterior empresa, Cristalglass, que llegó a tener 600 trabajadores y había quedado en manos de una multinacional, ejerció una competencia feroz para que fracasáramos. Por si era poco, los bancos desaparecieron del mercado.

—¿Cómo se sale adelante con todo en contra, y en el momento más difícil?

—Teníamos enfrente tres factores determinantes que podían habernos hundido, pero la fórmula de la supervivencia es ser conscientes de que no pueden hacerse las cosas siempre de la misma manera. Salimos al mercado y vimos que lo que habíamos planteado no valía, si seguíamos haciendo lo mismo no podríamos salir adelante. Sólo quedaba el camino de la innovación, de trabajar todos los días con constancia y de tener la dosis suficiente de optimismo y confianza para que todo el entorno no pudiera con nosotros.

—¿Y cuál fue la fórmula para vencer esa situación?

—Nos dimos cuenta de que para evitar la crisis primero teníamos que globalizarnos, no se puede depender de un solo mercado. Pensar en un producto que pudiera fabricarse en León y ser transportado a todo el mundo. Y, desde ahí, buscar nuestra diferenciación. Así que lo primero fue investigar para hacer algo que no hicieran otros, y convertirnos en el proveedor más completo en la gama de productos que queríamos ofrecer. A partir de 2010 comenzamos a abrir el mercado exterior, y a ofrecer esos productos diferenciados, que en nuestro mercado del vidrio se centraba en los grandes formatos. Tuvimos que adaptar también nuestra maquinaria para ser capaces de fabricar vidrios de grandes dimensiones, hasta 12 metros de largo por 3,21 de ancho, en todos los transformados que el mercado pudiera demandar.

—Desde entonces han realizado proyectos emblemáticos no sólo a nivel nacional, sino internacional.

—Sí, desde la sede de Banco Santander en Madrid a las oficinas del Real Madrid, la nueva sede de la Junta de Andalucía, el Centro Botín, auditorio de Lugo, el Corte Inglés de Castillana, la sede Repsol, la estación de Puerta del Sol, los aeropuertos de Mallorca, León o Gran Canaria, el Hospital 12 de Octubre,... Y edificios emblemáticos en todo el mundo, desde Europa a Norteamérica y Lationamérica, el aeropuerto de Doha en Dubai,... Esa diferenciación en el mercado nos ha permitido acometer multitud de proyectos punteros con grandes arquitectos.

—La innovación ha sido también determinante en este proceso.

—Sabemos hacer el producto, pero también tenemos que contar con las máquinas que sean capaces de fabricarlo. Por eso creamos un departamento de investigación y desarrollo en la empresa para que nuestros técnicos, en colaboración con quienes fabrican las máquinas, pudieran diseñarlas para hacerlas más eficaces. Es una parte más del proceso, que te permite además estar en el mercado con calidad, precio y servicio.

—Un proceso en el que no sólo no se han planteado abandonar El Bierzo, sino que siguen apostando por crecer ahí.

—Hace dos años el consejo de administración de la empresa decidió que la estrategia es centralizar todas nuestras industrias en El Bierzo. Actualmente tenemos en El Bayo una factoría de 100.000 metros cuadrados que fabrica vidrio para edificios singulares; y en un mes inauguraremos la fábrica de vidrio curvo en otros 20.000 metros cuadrados, en las antiguas naves de Comonor. También iniciaremos la obra de otra factoría en Cubillos del Sil, de 27.000 metros cuadrados, para fabricar vidrio más enfocado al mercado residencial. El objetivo es ser un proveedor completo. Además tenemos factorías en Villena, Oporto y Canarias.

—Crecen en actividad, también en facturación y empleo.

—Todo esto se ha forjado en diez años, hemos pasado de no facturar nada a vender 125 millones de euros; y contamos con 500 puestos de trabajo directos. A parte, generamos otros al menos 500 empleos inducidos, con el transporte, mantenimiento,... Son un millar de familias las que viven de este negocio, la mayoría en El Bierzo. Estamos realizando obras singulares en todo el mundo, y completando nuestro catálogo de productos. Y todo sale de un mismo lugar, que por qué no puede ser León. Hemos demostrado que es posible.

—Con toda esta experiencia, ¿cómo analiza en qué punto se encuentra la economía de la provincia de León, y más concretamente la del Bierzo?

—En su conjunto veo a la economía leonesa situada en el pasado, pensando siempre en lo que hemos vivido, no en de qué tenemos que vivir a partir de ahora. No soy político, no entro a valorar si se ha gestionado bien o mal el tema de la minería o las térmicas; pero lo que está claro es que al final sólo podemos contar con lo que tenemos, y pensar en cómo le sacamos rendimiento. En León tenemos mucho know how, pues pongámoslo en marcha. Podemos tener mucha agroindustria, no agricultura, sin industria de la agricultura. Tenemos que despertar lo bueno que poseemos y ofrecerlo, y las empresas pueden venir a establecerse aquí.

—El Bierzo tradicionalmente ha sido más emprendedor, pero parece que está aletargado.

—Así es, está viviendo en lo que ha sido, pero eso no puede ser. Lo que hemos sido tenemos que aprovecharlo para crear el futuro.

—En este proceso de cambio económico, ¿son necesarias las ayudas a las empresas, las políticas de empleo y financiación?

—Son básicas. Cuando arrancamos nuestro negocio, en 2008, la banca privada desapareció. Sin embargo, no desaparecieron ni la Junta de Castilla y León ni el Gobierno de España, que tienen herramientas para prestar este apoyo. Y que distinguen, porque una cosa son las subvenciones y otra los préstamos blandos. Las subvenciones llegan al final, y entonces puedes seguir vivo o haber muerto en el intento, son un premio para amortizar la inversión. Pero los préstamos a la reindustrialización han sido muy importantes. Tienen dos ventajas: te financian y te fiscalizan, pero al final el devuelves a las arcas públicas el dinero que te han prestado. En eso la Junta es tremendamente eficaz, desde la presidencia a la consejería no trabajan como funcionarios, sino como si fueran una empresa privada. Han hecho muchos esfuerzos para ayudar a las empresas en todos los ámbitos, han sido fundamentales. Ahora hay de nuevo financiación bancaria privada, pero si en aquel momento no hubiéramos tenido esas herramientas hubiera sido muy difícil salir adelante.

—En la apuesta por la innovación ¿juega la Universidad un papel fundamental?

—Hemos colaborado en ciertos proyectos, incluso con proyectos de I+D, y también tenemos becarios que se forman en la empresa y se quedan. Aunque en mi opinión tenía que acercarse más a la empresa, para que la teoría y la práctica contribuyesen a forjar la realidad. Al final todos tenemos que ser eminentemente prácticos, y no hay tiempo que perder.

—La empresa leonesa ¿se esfuerza suficientemente en la innovación?

—No puedo opinar sobre los demás, pero en nuestra empresa la I+D es fundamental, desde el producto a la maquinaria, para poder sacar al mercado el producto que queremos. Aunque también es cierto que hay muchas empresas que hacen innovación y no lo contemplan como tal. Es fundamental.

—¿Qué le sobra a León y qué le falta para desarrollarse?

—Le sobra claramente dejar de vivir en el pasado y pensar en el presente. Y le falta que todos los sectores y agentes económicos y sociales se unan para no desperdiciar esfuerzos y buscar un futuro común.

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