investigación
El cerro de Puente Castro podría cobijar una fosa común de la Guerra
La arqueóloga Esperanza Martín explica que tiene características similares a las que ha encontrado en otros escenarios que albergan enterramientos de fusilados por la represión.

La arqueóloga Esperanza Martín en el cerro de Puente Castro donde trabaja en la actualidad.
Centenares de balas conservadas en el depósito del Museo de León dan fe de las escenas de muerte que se vivieron en el cerro de Puente Castro durante la Guerra Civil. Estos restos de munición que han ido apareciendo durante las sucesivas excavaciones desarrolladas en uno de los enclaves arqueológicos más importantes de León —en él duermen los vestigios romanos de la cannaba, la ciudadela judía y los restos prerromanos— son el eco de un capítulo de la historia de la ciudad que no ha sido aún investigado en profundidad. Puede que el hecho de que el grupo de Miguel Castaño fuera ejecutado en el campo de tiro que yace a los pies del cerro sea la razón de que nadie se haya interesado hasta ahora de un lugar que podría ser una de las fosas comunes más importantes de la provincia.
Así lo cree al menos la arqueóloga Esperanza Martín, la experta que dirige desde hace dos meses los trabajos para revelar los secretos que esconden tanto Ad Legionem como el Castro de los Judíos. Martín ha colaborado en la investigación de la fosa común de Parasimón, en Asturias, el lugar del concejo de Lena en el que fueron ejecutados y enterrados en 1937 a doce republicanos y defiende que hay varias similitudes entre ambos lugares que podrían revelar que el cerro ha escondido durante los últimos ochenta años numerosos enterramientos. «La munición se ha encontrado en varios puntos de la ladera y se siguen hallando balas y proyectiles», explica la arqueóloga, para quien resulta difícil de explicar la razón por la cual el 90% de lo hallado es fusilería. «No hay casi cartuchos, que son los que nos explican el origen de la munición, el marcaje del proyectil», revela. Esperanza Martín considera fundamental esta información porque estas vainas son las que ofrecen al investigador la ‘foto’ de cómo se produjeron los fusilamientos: «Encontrar en posición primaria los cartuchos nos diría dónde se situaba el pelotón de fusilamiento. Eso sería muy interesante para saber dónde se produjeron las ejecuciones». La historiadora defiende que con una simple campaña prospectora podría descubrirse cómo se llevaron a cabo o cuántas personas participaban en ellas y dónde estaban exactamente las lineas de tiro.
Esperanza Martín defiende que el cerro fue el principal escenario de las ejecuciones porque , por su experiencia, «reiteraban los lugares. Si un sitio les resultaba bien, lo convertían en su centro de operaciones».
Martín explica que el modus operandi tras las ejecuciones era doble: o el abandono de los cuerpos en el lugar en el que se producía el fusilamiento o la retirada a la fosa común, que siempre estaba siempre muy cerca. «De hecho, podría estar aquí mismo», explica la arqueóloga, que desvela que se aprovechaban los condicionantes geográficos del entorno. «Hasta ahora, salvo algún lugar del País Vasco, se utilizaban las laderas». De hecho, las líneas de tiro solían colocarse en la parte alta de la ladera y cuando ya les habían fusilado les arrastraban cuesta abajo a una pequeña vaguada para que no se vean desde la carretera».
La arqueóloga afirma que siempre se buscaban lugares discretos para que no se encontraran los cuerpos. «En Parasimón lo encontramos porque un niño vio cómo les fusilaban», indica Esperanza Martín, que defiende la conveniencia de abrir una prospección con georradar para descubrir si en Puente castro hay cuerpos. «Si la densidad es distinta, podría ser indicativo de que aquí hay una fosa común».
Y es que el volumen de munición es tan alto que la historiadora defiende que la posibilidad no es baladí. «Posiblemente, además, hay muchas más balas que aún no se han descubierto» advierte al tiempo que indica que cada muerto se cobraba varias balas.
Si finalmente se pusiera en marcha el proyecto y se encontraran los cuerpos, su análisis podría ofrecer información muy valiosa acerca de las ejecuciones. En Parasimón, por ejemplo, se sabe que alguno de los ejecutores tiraba a dar a las piernas, lo que conducía a que se desangraran poco a poco. «Había pocos tiros de gracia, lo que puede ser indicativo de que estaban vivos cuando se les enterró», desvela.
Esperanza Martín critica que nunca se ha hecho una búsqueda sistemática por lo que no puede saberse cuántas personas fueron fusiladas en Puente Castro. «Hace años, un vecino aseguró que tenía una gran cantidad de munición y aún tiene que haber restos en el cerro», advierte.
«La Guerra Civil no interesa, así que puede que nunca se investigue que fue lo que pasó aquí de verdad», lamenta Esperanza, que denuncia que uno de los principales problemas al que se enfrentan los expertos que investigan este periodo es la falta de apoyo de la administración.
«Uno de los principales problemas es que en muchas comunidades autonómas este tipo de intervención no se considera arqueológica», denuncia para razonar la escasez de yacimientos estudiados de la Guerra Civil.