Diario de León

EL PAPEL DEL CONSTITUCIONAL

«Fui la primera presidenta pero la discriminación se ve en que he sido la única»

María Emilia Casas, expresidenta del Tribunal Constitucional, y José María Fidalgo, exsecretario general de CC OO, debatirán esta tarde (El Albéitar, 17.30 horas) sobre ‘El papel del TC en la consolidación de la democracia’. Todavía quedan invitaciones disponibles para la cita. .

Miguel Ángel Zamora
León

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María Emilia Casas, expresidenta del Tribunal Constitucional, le da más importancia al hecho de haber sido la única mujer que ha presidido en estos cuarenta años el Tribunal Constitucional que el hecho de haber sido la primera.

—¿Qué papel ha jugado el TC en estos 40 años?

—El Tribunal Constitucional ha jugado, juega y jugará un papel decisivo para interpretar la Constitución y señalar a los poderes públicos los límites de su actuación. El legislador no estaba sujeto al control de la jurisdicción y cuando se crea a tal efecto, logró la salvaguarda de los derechos de los ciudadanos. Es un tribunal importantísimo para la Constitución, gracias a él llevamos 40 años disfrutando de nuestros derechos.

—Ha sido la primera presidenta del Constitucional y...

—...y lo que valoro es la responsabilidad. Ha sido una etapa importantísima de mi vida que llevo en mi corazón, pero hubiera deseado una sociedad más igualitaria que no hubiera hecho necesario señalar que soy la primera sino que además soy la única. Nos falta por avanzar en ese terreno. Para no discriminar por sexos, lo primero que hay que hacer es no discriminar al sexo femenino. Hay una sociedad discriminada y los techos de cristal no son frases hechas sino realidades. Lo mismo que el suelo pegajoso, que no permite a la mujer despegar en el ámbito profesional. El trabajo remunerado se sigue dividiendo por sexos y mayoritariamente el del hogar descansa en las mujeres. Hay tres cuartas partes de trabajo no remunerado que soportan las mujeres, según la OIT y desgraciadamente las previsiones de futuro apuntan en el mismo sentido en algunas zonas del planeta. El sector de empleadas será muy importante teniendo en cuenta las previsiones de envejecimiento del planeta y hay que convertirlo en un trabajo decente y con un reparto equilibrado.

—¿Hace falta reformar la Constitución?

—No sé si hace falta reformar la Constitución, pero sí que creo que es conveniente porque tiene 40 años de vida y fue creada en otro contexto de convivencia. Se necesitaría una sociedad madura y de consenso para mejorarla y tener en cuenta lo mucho que tiene de bueno pero también lo que se ha transformado. Fue la Constitución la que nos trajo hasta aquí en estos últimos 40 años pero no conviene reformarla salvo en algunos aspectos concretos.

—¿Mantiene el vínculo con León?

—Desgraciadamente no tengo tanta vinculación con León como yo quisiera en la actualidad. Es una ciudad a la que quiero mucho, viví ahí en dos etapas, de niña en La Bañeza y después cuando mi padre fue registrador de la propiedad en León. Es una ciudad a la que quiero mucho pero la vida actual no permite equilibrar los deseos y la realidad. "Reformar la Constitución no es ninguna broma y ha funcionado muy bien"

José María Fidalgo, exsecretario general de CC OO, reconoce que siempre que puede se acerca a la montaña leonesa, pero por esta vez, baja a la ciudad. Lo hace para analizar el papel del TC en los últimos 40 años de historia.

—¿Cómo eran León y España hace 40 años?

—Es una época que está a caballo entre el nacimiento de la ULE y el de un sistema democrático en España. Por mi generación, son años que tengo muy marcados porque me hice adulto en la transición. Es importante tener un sistema de diálogo social entre sindicatos y empresarios para acometer reformas sobre el trabajo retribuido, la productividad de las empresas y la panoplia del estado del bienestar. Soy una persona convencida de que el diálogo ofrece resultados duraderos que perduran en el tiempo.

—¿Qué recuerda de aquellos tiempos?

—La España de aquellos años se parecía poco a la de ahora, como León. Era un país en blanco y negro pero de verdad. El primer desarrollo que necesitaba era el moral. Veníamos de un régimen de dictadura y de una economía atrasada cuando se estaba alumbrando la nueva economía mundial porque estaba claro que la democracia nos iba a meter en la UE. Son 40 años de progreso, sobre todo moral, social, económico y cultural.

—¿Volvemos a viejos problemas?

—Son diferentes. Era el momento en que se empezaron a formar los sindicatos. Mi primer trabajo en el Hospital coincidió con las movilizaciones de los MIR y por hacer una huelga de todo el sistema, nos despidieron. Conseguimos muchos derechos pero perdimos el puesto de trabajo. Las organizaciones sindicales y los trabajadores tienen una parrilla desde el derecho de huelga al de negociación colectiva. Siempre hay intereses de parte, es verdad, pero son diferentes.

—¿Hay que reformar la Constitución?

—No veo necesaria la reforma constitucional. No es una broma y ha funcionado razonablemente bien. El problema ha sido el funcionamiento de las élites que han gestionado la vida pública. Esta Constitución es un hito porque es la primera que se apoya en los deseos y las expectativas de todo. Es la primera que recoge reivindicaciones locales. Han tenido cabida reivindicaciones locales y se han hecho desaparecer los grandes problemas del país hasta el siglo XX, el problema territorial, el problema del poder militar, el problema social y la cuestión religiosa. Han sido amortiguadas como consecuencia de la Constitución de 1978. No hay mucha gente que quiera reformarla, pero sí dan muchas voces.

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