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León

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LA popularidad de Aznar ha descendido: él suspende, y Rodríguez Zapatero, sin que se le recuerden méritos especiales en este período, aprueba. El Partido Popular, que aún ganaría en unas elecciones generales por cinco puntos, baja en estimación de voto, y el PSOE, sin haber hecho nada para lograrlo, sube. Dos de los posibles sucesores de Aznar obtienen mejor puntuación que el presidente, y en la proyección de voto por más simpatía se obtiene un resultado favorable a los socialistas. Son, todos ellos, malos datos para el partido gobernante y para su líder, que acusan un desgaste que el secretario de Estado para las Relaciones con las Cortes, Jorge Fernández Díaz, no pudo ocultar al dar ayer cuenta a la prensa de los resultados del último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas. ¿Por qué desciende Aznar? ¿Por qué baja la intención de voto al PP? Pocos analistas dirían que se debe a la actividad opositora de los socialistas, metidos de lleno en unas descansadas vacaciones. Parece más bien que una continuada actitud de distanciamiento, inflexibilidad y escasas muestras de diálogo han consolidado una imagen de antipatía en un político que, como Aznar, está, por lo demás, gobernando razonablemente bien, cosa que también muestra, aunque sin entusiasmo, la propia encuesta. Igualmente, el debate sobre la sucesión en el Partido Popular parece desconcertar al propio electorado popular, que ha valorado mejor a Mariano Rajoy y a Rodrigo Rato que al propio Aznar. ¿Servirán estos resultados para ayudar a las meditaciones veraniegas de Aznar en Menorca o está tan absorto el presidente en los preparativos de los fastos familiares que no será capaz de cambiar de actitud? Pronto lo veremos. En todo caso, lo que este sondeo parece mostrar es que la opinión pública no acompaña determinados esfuerzos de los fabricantes de la imagen del presidente -que tan eficaces se han mostrado, por regla general, hasta ahora-, a quien han hecho colocar los zapatos sobre una mesa, junto a los de George Bush (foto que fue oportunamente «filtrada»), o competir en carreras con los adolescentes de la aventurera Ruta Quetzal. Probablemente, los españoles no quieren ni un émulo de alguien como el presidente americano ni un atleta consumado ocupando el sillón de La Moncloa. Claro que no menos cierto es que nos estamos refiriendo a un trabajo demoscópico del CIS, probablemente tan creíble o más que otros sondeos realizados por empresas privadas, pero, en todo caso, susceptible de errores y deformaciones. Es de esperar que Aznar y quienes le rodean sólo para el trato obsequioso no se aferren a esta última consideración: el presidente ha de recordar que algo debe cambiar para que todo siga igual ante las próximas urnas.

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