Los socios más ilustres de la Casa de León en Madrid hacen repaso del cincuentenario de la institución
Medio siglo en la distancia
En una ciudad donde nadie es de ningún sitio y donde todos proceden de alguna parte las casas regionales representan una especie de refugio no

Martín Villa, segundo por la izquierda, y Félix Pacho, cuarto, en la Casa de León en Madrid
A la Casa de León, situada en la multicultural calle del Pez, número 6, acudieron a última hora del lunes el exministro y expresidente de Endesa, Rodolfo Martín Villa, y el periodista Félix Pacho, además de algunos socios legendarios, como Francisco Pérez o Fernando Alonso. Todos ellos recordaron las visicitudes de su vida de juventud en el Madrid de los vencedores de la guerra que vio nacer a la institución. El «consulado sentimental», como lo llama el periodista Félix Pacho, surgió a primeros de los años cincuenta a raíz de las tertulias de un grupo de astorganos que se habían desplazado a Madrid. A esos encuentros asistían diversos escritores, como Dionisio Ridruejo, Dámaso Alonso, Leopoldo Panero o Ricardo Gullón, que encontraban refugio en el grupo de leoneses donde sobresalía la figura de Luis Alonso Luengo o Bernardo García. «Mi padre y sus amigos quisieron hacer una casa para todos leoneses», cuenta Fernando, que era un niño cuando la casa daba sus primeros pasos, junto a la plaza de Cibeles. Los primeros años de la institución fueron duros. La falta de medios económicos provocó que aquellos leoneses buscaran en la imaginación y en la cultura una salida al bisoño centro. Pronto, y ya en la calle del Pez, la casa destacó por su grupo de danzas, como bien recuerda Francisco Pérez, por su grupo de teatro y, sobre todo, por sus bailes de los viernes por la tarde. Por aquellos años, Rodolfo Martín Villa, que frecuentaba la casa, era jefe nacional del Sindicato Nacional de Estudiantes (SEU), y comenzaba a influir en el régimen franquista. «Creo que nuestra generación estuvo compuesta por gentes conservadoras en costumbres, orden y religión, pero nada en cuanto a solidaridad», apuntó el expresidente de Endesa, para quien tanto él como su generación se merecen un «sobresaliente holgado» en su trabajo por León. Pero, y pese a lo que pueda parecer, la casa de León también hizo sus pinitos jugando a la oposición al régimen. «Tuvimos nuestros tiempos de clandestinidades», señaló Pacho. «Aquí estrenamos en exclusiva El manantial de la doncella, de Ingmar Bergman, que estaba prohibida por la censura, y también celebrábamos el carnaval». En los setenta, llegaron a la casa un grupo de jóvenes escritores, despojados ya en parte del fanatismo y del integrismo religioso y nacional del régimen franquista. José María Merino, Luis Mateo Díez o Julio Llamazares se sumaban a la institución leonesa y elevaban su nivel crítico. La institución no es en la actualidad un hervidero de gente, como reconoce Félix Pacho. «Las casas regionales deben replantearse su función para atraer a la juventud».