Queipo de Llano, el hombre de la semana, fue alumno del Instituto de León
Estuvo matriculado, al menos, en dos cursos académicos, de 1887 a 1889, desde los 12 hasta los 14 años

Placa conmemorativa en la capilla de la Basílica de La Macarena en Sevilla donde se encontraban los restos mortales del general Gonzalo Queipo de Llano. RAÚL CARO
Envuelto en un halo de polémica y sangre vertida , salta a la actualidad el nombre de Gonzalo Queipo de Llano, cuya biografía es bien conocida, al menos en sus aspectos más escabrosos .
Indignación, rabia y también indiferencia son los sentimientos que han mostrado a las puertas de la Basílica de la Macarena los sevillanos que se acercaron tras la exhumación de los restos de los generales franquistas Gonzalo Queipo de Llano y Francisco Bohórquez en cumplimiento de la Ley de Memoria Democrática.
La mañana del jueves amaneció sin los cuerpos del general, de su esposa Genoveva Martí, y de Bohórquez, -un militar que estuvo a las órdenes de Queipo como auditor de guerra y organizó las ejecuciones sumarias durante la Guerra Civil- dentro de la Basílica de Macarena, un hecho que no ha sido ajeno a quienes se acercan diariamente y a los que han aprovechado el foco mediático para curiosear.

Gonzalo Queipo de Llano. DL
No obstante, un dato de interés que se puede añadir a su polémica trayectoria es que perteneció al Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de León. Fue alumno en, al menos, dos cursos académicos, de 1887 a 1889, con 12-14 años de edad.
No se sabe si como alumno oficial (con asistencia regular) o privada (libre). El colegio de Ponferrada había pasado a ser Instituto Local de Segunda Enseñanza en 1874, hasta 1880 que volvería a ser de nuevo colegio dependiente del Instituto de León. Lo que sí se puede constatar es que fue un alumno aventajado, seguramente brillante.
En la memoria del curso 1887-1888 aparece en el apartado de alumnos con sobresaliente Gonzalo Queipo de Llano y Sierra con la máxima nota en Latín y Geografía. En el curso siguiente, 1888-1889 figuran en la memoria académica 10 alumnos premiados en diferentes materias y las menciones honoríficas. En ese cuadro aparecen nombres de trascendencia posterior: Publio Suárez Uriarte (premios en Latín y Geografía). Agustín Alfageme Alfageme (premio en Dibujo), César Pérez de Santiago (en Latín), Moisés Panero Núñez (en Hª Natural) y Gonzalo Queipo de Llano y Sierra (en Latín e Historia de España). Años antes eran homenajeados Crisóstomo Torbado Flórez, Emilio Menéndez Pallarés, José Nogales López y Julio Eguiagaray Mallo. En estas memorias académicas figura una élite social que protagonizó muchos hechos trascendentes en León.
¿Influyo la formación recibida en el instituto en la personalidad represora del futuro militar? Seguramente no. Más bien serían los valores castrenses adquiridos a partir de los 18 años, cuando ingresó en la Academia de Caballería de Valladolid para formarse como militar.
Materias humanísticas en la formación personal y ciudadana de aquella época, como Historia de España, impartida por Mingote Tarazona, comprendía 64 lecciones de perfil memorístico, descritas con talante conservador y cierto espíritu patriótico, abarcando desde la Edad Antigua, con dólmenes, mehires y túmulos, hasta el reinado de Carlos III.
Gonzalo Queipo sí demostró ser un exponente de las clases medias (su padre era abogado), un alumno aplicado a juzgar por sus resultados, responsable en medio de un ambiente provinciano, de “falta de amor por el estudio”, aunque siempre se les hacía llamamientos a su tarea y compromiso. Algunas de aquellas llamadas de atención al estudio fueron premonitorias: “Piensen que un día no lejano les será encomendada la resolución de problemas que entraña el porvenir de nuestra querida Patria” (palabras de secretario del centro).
La educación secundaria mantenía la dicotomía entre enseñanza oficial y enseñanza privada, con una etapa (Restauración) impregnada de estatismo, control de la instrucción pública y actualización del bachillerato heredado de la etapa isabelina y diseñado por Claudio Moyano. Aquel claustro de profesores contaba en su seno con “individuos de caracteres opuestos, criterios distintos y aún creencias antagónicas” pero estaban persuadidos de pertenecer al primer centro de enseñanza de la provincia, por delante de la Real Sociedad Económica de Amigos del País o del seminario San Froilán.
Un año antes, en 1887, los profesores habían comenzado a cobrar del Tesoro Público y no de las Diputación Provincial, lo que daba mayor homegeneidad al cuerpo docente. Se recoge en diferentes memorias una satisfacción general en el ambiente del centro y un buen celo del profesorado: “Se han roto ya los moldes a que en lejanos tiempos se ajustaba la disciplina académica, representada por el dómine de las correas y la palmeta”.
Gonzalo Queipo de Llano fue un adolescente que se impregnó de las virtudes y deficiencias del modelo educativo, en el que algunos de sus problemas se convirtieron en endémicos en León.
Sin ir más lejos, el edificio desamortizado de los Padres Escolapios de la calle Corral de Villapérez era un caserón húmedo, sombrío y en semirruina. Desde 1867 se venían alzando las voces para pedir un nuevo edificio para el instituto.
Hasta la torre de la estación meteorológica reclamaba un urgente traslado por amenazar ruina. “Verdad es que siempre resultarán poco menos que inútiles todos los gastos que se hagan para reformar este vetusto edificio, miserable y raquítico, y mejor sería pensar en la construcción a las necesidades, cada día más crecientes, de la enseñanza, al decoro de la misma y al de la provincia de León”.
Hasta que en 1901 no llegó la visita del conde Romanones, ministro de Instrucción Pública, no se llegó a impulsar la idea de un nuevo edificio. El viejo tenía 1.016 m2, había sido cedido por el ayuntamiento en 1855 y su construcción se remontaba a 1770.
Cuando este militar golpista y represor estudiaba, cabían 10 cátedras (10 catedráticos numerarios, 2 interinos y 2 auxiliares) y 5 gabinetes (de Física, Química, Hª Natural, Matemáticas y Geografía), un estudio de dibujo y una biblioteca bien nutrida y con suscripciones anuales.
Los libros más leídos y consultados eran los de historia, viajes, enciclopedias y diccionarios. Le seguían los de teología, ciencias exactas, física y ciencias naturales; los de jurisprudencia y medicina ocupaban el último lugar. En literatura se leían obras en prosa y verso y en los gabinetes se concentraban clases prácticas, por lo que se puede elaborar un largo listado de instrumentos de laboratorio, productos, minerales, máquinas, fósiles, zoología, herbolarios, atlas, planos, de mecánica, acústica, higrometría, calor, electricidad, óptica, topografía, etc.
Frente a los 3 seminarios conciliares de la provincia (León, Astorga y Valderas), el instituto luchaba por crecer en matrícula, pues muchos alumnos “se alejan de sus aulas al hacérseles creer que hallarían la misma instrucción en otros centros de más fácil acceso para ellos”.
El observatorio meteorológico, dirigido por el catedrático Valentín Acevedo Calleja, estaba dotado por la Comisión Central de Estadística y recogía registros diarios de viento, temperatura y humedad. Poseía un termómetro (en 1888 la temperatura máxima fue de 38,8ºC y la mínima -15ºC), psicrómetro, anemómetro, pluviómetro (380,9 mm anuales) y atmómetro.
La Restauración no facilitó el consenso en política escolar. Los sectores ultraconservadores católicos mantenían que la Iglesia debía de tener el control ideológico de la educación; los progresistas afirmaban la libertad de conciencia y de cátedra. El turno bipartidista hizo de la educación un campo de pugna política, describiendo un movimiento pendular en la libertad de enseñanza. En el caso de León, el enfrentamiento había adquirido tensión en el Sexenio Revolucionario, pero se tranquilizó en las décadas posteriores.
El modelo de secundaria era clasista en reclutamiento de alumnos y tipos de estudios. El Instituto de León que conoció Queipo de Llano tenía 418 alumnos matriculados en el curso 1888-1889 (174 en enseñanza oficial, 230 en privada y 14 en doméstica), además de los colegios incorporados de Valderas, La Bañeza, Valencia de Don Juan, Astorga, Villafranca y Ponferrada.
Tres de sus sobrinos , Gonzalo, Gerardo y Ventura Queipo de Llano Blanco fueron alumnos del Instituto en décadas posteriores.