Diario de León

Los afectados por la colza: "Llevamos 43 años enterrados"

Afectados por el síndrome del aceite tóxico reclaman atención e implicación a la Administración

colza

Manifestación de los afectados del síndrome del aceite tóxico.dl

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Los afectados por el síndrome del aceite tóxico, unos 11.700 en actualidad, la mayoría en Madrid pero también en León y Castilla-La Mancha, reclaman atención e implicación a la Administración y que se les aplique el principio de solidaridad como sucede en el caso de personas dañadas por riadas, desastres climáticos u otro tipo de catástrofes.

En vísperas del 1 de mayo, cuando se cumplen 43 años del envenenamiento masivo por aceite de colza desnaturalizado, el portavoz de la Plataforma “Seguimos viviendo”, Carlos Serrano, describe, en una entrevista con Efe, la situación de este colectivo y plantea las reclamaciones que defienden en materia de salud, laborales y sociales.

El síndrome del aceite tóxico (SAT), una enfermedad crónica multisistémica que percute en diferentes órganos con numerosas secuelas, afectó desde mayo de 1981 a más de 20.000 personas y ha causado desde entonces unos 5.000 fallecimientos.

“Para nosotros son 43 años enterrados. Hemos estado abandonados sistemáticamente por todas las administraciones hasta la fecha, sin un seguimiento ni vigilancia de la enfermedad y sin investigación”, lamenta Carlos Serrano, de 58 años, con hipertensión pulmonar como una de las secuelas de la enfermedad, lo que le obliga a utilizar una máquina con oxígeno.

El portavoz de esta plataforma, una entidad incluida en la Asociación Espacio de Barrio Almudena Grandes, resalta que su “calvario de reivindicaciones lleva años sin respuesta”, a pesar de las reuniones mantenidas con diferentes ámbitos administrativos.

En la actualidad, según los datos oficiales, hay 11.700 afectados por este síndrome, la mayoría en la Comunidad de Madrid, unos 7.600, pero también en Castilla y León y Castilla-La Mancha. La gran mayoría de pacientes tienen más de 45 años.

Existe una unidad de seguimiento de estos pacientes en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid que, afirma Serrano, está “infradotada”, ya que atiende a 1.600 personas con tres médicos internistas, tres mañanas a la semana y con escasos recursos.

Carlos Serrano pide que a los afectados del síndrome del aceite tóxico se les aplique el principio de solidaridad, como se hace con personas que sufren otro tipo de catástrofes: “Esto supondría un costo pequeño y permitiría que tuviéramos apoyo psicológico, social, en el empleo y en la vivienda, de lo que carecemos”.

También reclama el portavoz de la Plataforma incluir en el SAT el baremo de enfermedades para el grado de discapacidad, la incapacidad laboral y la jubilación anticipada; al tiempo que subraya que las indemnizaciones que recibieron en su momento fueron insuficientes.

La Plataforma “Seguimos viviendo”, explica su portavoz, está trabajando para mantener conversaciones con todas las administraciones, desde las comunidades autónomas al Ministerio de Sanidad, con el fin de mejorar su situación y reconocimiento.

“Estamos intentando seguir los pasos hacia la colaboración y el entendimiento, no queremos actuar de manera agresiva ni espectacular (en octubre de 2021 se encerraron en el Museo del Prado para denunciar su abandono); no es el camino, queremos colaborar y que se nos haga caso y vamos a empezar pidiendo cosas sencillas y elementales”, expone Serrano.

A modo de ejemplo, plantea que en las instalaciones del nuevo Hospital Universitario 12 de Octubre haya “un espacio, una consulta y una unidad de seguimiento del síndrome donde los pacientes que sufren múltiples patologías sean atendidos por especialistas, sin tener que peregrinar de consulta en consulta, con un gestor de los casos que coordine todos sus tratamientos, no es tan difícil”.

Las secuelas del SAT son múltiples, con daños pulmonares, neurológicos y musculares como hipertensión pulmonar, esclerodermia, debilidad y atrofia muscular, alteraciones de la sensibilidad, cefaleas, problemas oculares o dentales, depresión e insomnio, entre otros.

En 2018, el Instituto de Salud Carlos III concluyó en un estudio que la calidad de vida de los afectados por el síndrome del aceite tóxico era baja o muy baja, y abogó por la implementación de planes integrales a los pacientes. Y en 2022, el Gobierno aprobó una declaración institucional para que este síndrome no se olvidara, con el compromiso de acompañar y ayudar a los afectados.

Sin embargo, Carlos Serrano resalta que ninguna de estas dos iniciativas se ha cumplido.

“Estamos estigmatizados y abandonados. Pedimos a la Administración implicación y humanidad con nosotros, no es tanto sacrificio el que tienen que hacer para dotarnos de una vida digna. Y a la sociedad le pedimos que se acuerde de nosotros y no nos olvide”, concluye el portavoz de la Plataforma “Seguimos viviendo”.

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