Glovo cambia las normas: 14.000 riders con nómina y un plan para dominar el sector y echar a la competencia
La compañía da un vuelco histórico al abandonar su modelo de repartidores autónomos y apostar por contratos laborales para cumplir de una vez por todas la ley

Un repartidor de Glovo.
Glovo, la plataforma de reparto fundada en 2015 en Barcelona, ha dado un vuelco a su modelo laboral al abandonar definitivamente el sistema de repartidores autónomos. Desde hoy martes, los cerca de 20.000 riders que operaban como autónomos han sido desconectados de la aplicación si no aceptaron el contrato laboral ofrecido por la empresa.
Este cambio, que marca el fin de una década de controversias por el modelo de falsos autónomos, llega con la ambición de posicionar a Glovo entre las grandes empresas del IBEX 35, según afirmó su fundador, Oscar Pierre, en el acto institucional por el décimo aniversario de la compañía. Pierre, quien se mostró decidido a transformarse de “emprendedor a empresario”, expresó su convicción de que Glovo puede convertirse en una de las diez empresas con mayor facturación en España gracias al auge del comercio electrónico.
La compañía, que gestiona 13 pedidos por segundo y opera en 1.800 ciudades de 23 países, planea consolidar su dominio más allá del reparto de comida, expandiéndose a sectores como supermercados, farmacias, ropa y electrodomésticos. “Todo será susceptible de ser pedido y entregado en media hora”, aseguró Pierre, destacando la cuota de mercado ganada en la última década.
Sin embargo, este cambio de rumbo no está exento de críticas. Voces detractoras acusan a Glovo de haber “reventado” los precios del sector al ahorrar en costes laborales durante años, lo que le permitió consolidar una presencia arrolladora en grandes ciudades españolas, relegando a competidores como JustEat y Uber a un papel secundario en muchos mercados.
Ahora, con el nuevo modelo laboral, Glovo ha regularizado a 14.000 de los 34.000 repartidores a los que ofreció un contrato, tras siete meses de negociaciones con sindicatos. Este 40% de aceptación implica contratos mayoritariamente a tiempo parcial, con jornadas de entre 15 y 25 horas semanales y un salario alineado con el mínimo interprofesional, regido por el obsoleto convenio de mensajería de 2007.
El proceso de transición no ha estado exento de tensiones. Los sindicatos han criticado las escasas horas ofrecidas a muchos repartidores, aunque Glovo ha permitido a los empleados solicitar más horas.
Además, la empresa reconoce que la cifra de 14.000 contratados podría variar debido a desistimientos o problemas burocráticos. Para mantener su operativa, que antes dependía de entre 15.000 y 20.000 repartidores, Glovo recurrirá a flotas subcontratadas, una práctica habitual entre sus competidores.
Un historial de controversias
El cambio de modelo llega tras años de escándalos laborales. Glovo acumula multas por 200 millones de euros de la Inspección de Trabajo por operar con falsos autónomos, y su fundador, Oscar Pierre, enfrenta una investigación judicial por posibles delitos contra los derechos de los trabajadores.
Además, la compañía está inmersa en un juicio por competencia desleal, con JustEat reclamando casi 300 millones de euros, y en junio, la Comisión Europea impuso una sanción de 330 millones de euros a Glovo y su matriz, Delivery Hero, por prácticas anticompetitivas.
La semana pasada, un juzgado de Barcelona declaró falsos autónomos a 3.500 riders que trabajaron para la empresa entre 2015 y 2018.
Un cambio escenificado con polémica
El décimo aniversario de Glovo, celebrado hace dos semanas, quiso simbolizar esta nueva etapa con una imagen que generó controversia: líderes sindicales de UGT y CCOO, Pepe Álvarez y Javier Pacheco, compartieron mesa con Pierre, el president de la Generalitat, Salvador Illa, y el presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre. La instantánea, que buscaba proyectar una reconciliación entre la empresa y los trabajadores, fue vista por algunos como un intento de limpiar la imagen de Glovo tras años de críticas. Con este nuevo modelo, Glovo pone a prueba su capacidad para mantener su ritmo frenético de entregas –que ha servido a 30 millones de usuarios en el último año– mientras enfrenta el desafío de adaptarse a un marco laboral más regulado. La empresa catalana, ahora en una encrucijada, busca consolidarse como un gigante del reparto mientras intenta dejar atrás un pasado marcado por la precariedad y los conflictos legales.