El gallego apuesta por su oratoria beligerante, directa y joven para encarnar el mensaje de cara a las urnas
Los verdaderos orígenes de Ester Muñoz: de premio de oratoria de Abascal a azote de Sánchez en el Congreso
La diputada leonesa asume la portavocía en el Congreso para el asalto al Gobierno de los populares

Ester Muñoz, este miércoles, ante la sede de la calle Génova del PP, en Madrid.
Si hubiera sido lo que quiso entonces, no sería lo que es hoy. Isabel Carrasco la habría metido en la lista de Emilio Gutiérrez para formar parte del equipo de gobierno del Ayuntamiento de León en 2011, pero no hubiese estrenado este miércoles su nombre bajo el membrete de la portavocía del PP en el Congreso de los Diputados. Ese viaje directo a Madrid, con escala después en Valladolid, una pequeña prueba de fuego en la delegación territorial de la Junta de la avenida Peregrinos y retorno al Foro, separa a la Ester Muñoz de la Iglesia (León, 13 de junio de 1985) que anhelaba convertirse en concejala del consistorio de esta otra: el nuevo verbo hiriente, combativo, entrenado en el lenguaje de las redes sociales, al que Alberto Núñez Feijóo ha encomendado horadar al Gobierno para alcanzar La Moncloa.
El nombramiento de Muñoz como portavoz del PP completa una trayectoria vital marcada por su afán de hacer profesión de la política, en la que se subió al coche oficial bien joven y, aunque en alguna ocasión la hicieron bajarse, ha encontrado cómo volver a montar en marcha hasta la puerta del hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. Hija de una médica de familia y un empresario del sector del mueble, con raíces en Valencia de Don Juan, se afilió a Nuevas Generaciones cuando apenas tenía 18 años, mientras se matriculaba en Derecho en La Coruña. La carrera la terminó en León, en 2009, y la complementó con un máster bilingüe de Derecho Internacional en la Universidad de Murcia, aunque apenas la ha ejercido.
El Derecho le interesaba como puerta para la política. En esas Nuevas Generaciones del PP aprendió las primeras lecciones durante la guerra que enfrentó a David Fernández, promovido por Antonio Silván, con Javier Santiago Vélez, apadrinado por Isabel Carrasco. En esta pugna optó por el bando de la presidenta, que llegó a meterla de prácticas en el grupo de la Diputación durante un verano y le dio el cargo de vicesecretaria de organización electoral del PP leonés en 2011. Ese fue su primer gran ejemplo, aunque algún otro joven cachorro envenenó el oído de la todopoderosa para que no la incluyera en las listas del Ayuntamiento de León.
Para entonces, entre los jóvenes del PP ya se la conocía como «el piquito de oro». No sólo en León, sino fuera. La velocidad de dicción, la capacidad para hilar epítetos, el razonamiento para que la frase más simple suene con estruendo al golpear contra el adversario, como se ha visto en el Congreso, ya estaba en 2009, cuando ganó, con apenas 23 años, el primer Premio Nacional de Oratoria Gabriel Cisneros, convocado por la Fundación para la Defensa de la Nación Española (Denaes). En el jurado estaban Eduardo Zaplana, Nicolás Redondo Terreros, José Manuel Otero Novas, Gustavo Bueno, Andrés de Blas y Felicísimo Balbuena. Hubo más de medio centenar de aspirantes, diez superaron la fase previa y los tres últimos se enfrentaron en la final. El tema sobre el que debían disertar se titulaba «Razones para el patriotismo español». La fundación la presidía Santiago Abascal, ya inmerso en la deriva que acabaría, cuatro años después, con el nacimiento de Vox.
Esa facilidad para la oratoria y la capacidad para empeñar su vida en la política la exhibió rápido en Génova. Al escaparate la asomó su tía, Ana Muñoz Merino, muy cercana a Mariano Rajoy, catedrática de Derecho Financiero y Tributario, directora del Consejo Superior de Deportes, entre otros cargos relevantes. Llegó en mayo de 2011 y, a los pocos meses de 2012, ya se había convertido en jefa de gabinete del vicesecretario de Organización y electoral del partido, Carlos Floriano. Las funciones las mantuvo incluso tras el relevo que colocó, en junio de 2015 en esa silla, a Fernando Martínez Maíllo, aunque apenas fueron unos meses.
A finales de ese 2015, Muñoz entró por primera vez en listas. No al Congreso, sino al Senado, donde volvió a figurar en la papeleta de junio de 2016, tras la imposibilidad anterior para formar gobierno. En esa etapa, junto a Luis Aznar, llegó a ejercer de portavoz del PP en plenos de calado, como los de los Presupuestos Generales del Estado, pero se la recuerda por su polémica sobre los «huesos» del Valle de los Caídos. En un encendido debate con la entonces ministra de Justicia, Dolores Delgado, sobre la falta de previsión presupuestaria para crear plazas en la administración judicial, derrapó. «Fíjese, 15 millones de euros destinados a que ustedes desentierren unos huesos en lugar de mejorar a los jueces y fiscales», soltó, convertida de inmediato en munición para las redes sociales, a pesar de que en los pasillos intentara justificar que se refería a Franco, no a los represaliados.
El fuego la quemó por primera vez. El ascenso de Pablo Casado, con quien había convivido en el ecosistema de crecimiento de los jóvenes populares, hizo que perdiera pie. Se quedó fuera de las siguientes de las listas. En tierra de nadie, repudiada por los nuevos amos de Génova y muy lejos de León, la rescató meses después, tras las elecciones autonómicas de 2019, Alfonso Fernández Mañueco. Muñoz llegó a Valladolid como asesora del presidente de la Junta y, al igual que había hecho en Madrid, empezó por mostrarse útil y siempre dispuesta.
A la sombra de Mañueco, Muñoz medró de nuevo alejada del foco. Pero el presidente tenía otros planes para ella: el control del PP de León. En octubre de 2021, la necesidad de quitar a Juan Martínez Majo hizo que la nombrara delegada territorial de la Junta, con el fin de fijar un contrapoder político al control del PSOE en el Ayuntamiento de León y la Diputación.
Carrasco no la metió en 2011 en la lista del Ayuntamiento, dio el salto a Madrid y, tras un paso atrás en Valladolid y León, asienta su poder
Ajena hasta entonces a León, Muñoz pasó rápido lista para volver a convertir el despacho de la delegación territorial en un centro desde el que administrar el poder. Cada vez con más foco, hiperactiva y encantada de su nuevo papel, en noviembre de 2022 tuvo que asumir más: la presidencia del PP de León, tras la renuncia de Javier Santiago Vélez por invitación del aparato. Sin congreso, ni votación, a dedo, como siempre, los populares volvían a tener una presidenta.
León se le quedaba pequeño y las intrigas de pueblos, con la Diputación convertida en un polvorín, le fatigaban. Pero el cargo de presidenta del PP leonés le permitió volver a frecuentar Génova y a los genoveses. Miguel Tellado, que ahora le deja el sitio para coger el relevo de Cuca Gamarra como secretario general del partido, atendió rápido las habilidades de Muñoz y vertió su nombre en el oído de Feijóo. El aval hizo que el líder popular llamara a Mañueco para reclamar que la pusiera en el número 1 de la lista al Congreso de los Diputados.
Su retórica combativa, que le valió en 2009 el premio del concurso nacional de oratoria de la fundación creada por Abascal, le ha premiado
El resto se escribe ya en presente. Diez minutos antes del primer pleno de la legislatura, Feijóo le llamó para ofrecerle la vicesecretaría de Sanidad y Educación del PP. En la foto de la renovación de cuadros del gallego, Muñoz se sentó junto a otras tres mujeres: Paloma Martín, Ana Alós y Noelia Núñez. A todas las ha ganado por la mano dentro de Génova y, sobre todo, fuera: en la agenda de los medios y las tertulias, como voz para ir a los programas más hostiles, como los de La Sexta, y en el Congreso, donde ha apuntado directa a las cabezas más altas, desde Sánchez, a Ábalos u Óscar Puente, a quien vaciló con que tiene «las tres condiciones que más detesta». «Soy mujer, soy de derechas y soy leonesa», le soltó. A partir de este miércoles, además, va a ser la portavoz del PP. A saber qué quiere ser ahora.