La empresa leonesa encalla en un ‘régimen de declive’ en este siglo

El dinamismo despega en el arco mediterráneo y el sur y se estanca en el noroeste del país. La provincia, entre las que crean menos empresas y menos empleo que la media

Las empresas leonesas no crean suficiente empleo.dl

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El hecho de que se creen empresas no es suficiente para impulsar el dinamismo económico, lo importante es que esas sociedades sean capaces de crecer, innovar y crear empleo estable. Que se consolide un «emprendimiento de alto impacto» en el que el ecosistema empresarial contribuya al progreso del territorio. Y eso no ha pasado en León en el primer cuarto de este siglo. De hecho la provincia está en el grupo de cola del país en cuanto a creación de empresas y el empleo que generan, y no ha conseguido salir de esta posición ni siquiera en las épocas de crecimiento, antes del estallido de la burbuja inmobiliaria y después de la pandemia.

Así lo determina un estudio de Funcas en el que León, y en los últimos años la inmensa mayoría de las provincias del noroeste peninsular, se enclava en lo que denomina un tejido empresarial en declive; frente al crecimiento de un tejido emprendedor y creador de empleo en el sur y el arco mediterráneo del país, además de Madrid.

El informe elaborado por David Troncoso evidencia que León, junto con la mayor parte de las provincias de Castilla y León, no ha conseguido un dinamismo económico capaz de generar más oportunidades en lo que va de siglo; y concluye que estos patrones obligan a identificar las causas de la diferente incidencia de la actividad emprendedora en los territorios para tomar medidas administrativas de apoyo que sean eficaces, porque las adoptadas hasta ahora han demostrado su ineficacia, «a pesar de que los responsables públicos presenten una evolución favorable de las cifras de creación de empresas».

El informe incide en que «tan importante para el crecimiento, la innovación y el empleo local es alcanzar una mayor densidad de emprendedores como que los ya existentes traduzcan su función empresarial en produtividad orientada al crecimiento». Porque «no todos los que desarrollan la función empresarial lo hacen con la misma eficacia».

Para lograr sus conclusiones el profesor analiza la ratio de creación de empresas, de destrucción de sociedades y la volatilidad y turbulencia empresarial. Y divide el análisis en tres etapas económicas: de 2000 a 2007, cuando el dinamismo económico y la creación de empleo eran destacadas; de 2008 a 2015, la Gran Recesión, que «transformó por completo este escenario, dando paso a una recesión profunda en la que España tuvo el dudoso honor de encabezar los rankings de destrucción de empleo; y la última fase de recuperación, entre 2016 y 2023 (que incluye también los años de la pandemia)».

En estas tres etapas analiza los datos que determinan aquellas provincias que tienen un ‘régimen emprendedor’, con tasas de creación de empresas y empleo superiores a la mediana; ‘régimen rutinario’, con menos creación de empresas que la media pero más generación de empleo; de ‘puerta giratoria’, que incluye a aquellas que crean más empresas pero menos empleo que el conjunto y las del ‘régimen de declive’, que crean menos empresas que además generan menos empleo.

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León se incluye en todo el primer cuarto de siglo, independientemente de la etapa económica de crecimiento o recesión, en el grupo de las provincias que están en declive. En todo caso a lo largo de este siglo el dinamismo empresarial (y por tanto el crecimiento económico) se ha polarizado: el arco mediterráneo, con Madrid, Toledo y Cuenca, forman parte de la España emprendedora; mientras que el norte y occidente de la península, junto con Jaén, se hunde en el declive del emprendimiento.

Capaces de abrir nuevas vías o imitadoras

El informe de Funcas apunta que el emprendedor y la productividad «pueden pertenecer a distintos grupos en función de la calidad con la que desempeñan la función», y divide al ecosistema empresarial en un apartado excelente, otro imitador y uno más rutinario. El excelente «está conformado preferentemente por emprendedores capaces de capturar oportunidades no explotadas, y generar nuevas combinaciones productivas en bienes y servicios con un beneficio rentable», además de reducir las ineficiencias. En cuanto al tejido empresarial imitador, es en el que predominan empresas que se limitan a estudiar las estrategias competitivas de las que son excelentes y simplemente las imitan; mientras que el tejido empresarial rutinario está formado por «un buen número de empresarios marginales, para los que el desempeño de la función empresarial se fundamenta en una gestión sin cambios apreciables, y con una falta de adaptación al cambio en el entorno o a la evolución de los mercados». Estas actitudes determinan, junto con componentes territoriales que Funcas anima a investigar en profundidad, la opuesta evolución de las provincias del sur y el arco mediterráneo y las del norte y occidente peninsular. Como excepción en el primer caso están las provincias gallegas de Pontevedra y Coruña, junto con Toledo y Cuenca; mientras que en el segundo caso la excepción es Jaén. En el régimen de declive que incluye a León están las provincias de Castilla y León, junto con Cáceres, Navarra, La Rioja, casi todo Aragón y buena parte de la cornisa cantábrica. «Es necesario indagar en las causas subyacentes de las diferencias en el dinamismo empresarial entre los ecosistemas empresariales provinciales», insiste el autor del estudio, para comprender mejor las condiciones que favorecen el emprendimiento en las zonas más dinámicas, y «revisar y adaptar las políticas de promoción empresarial, considerando la diversidad de contextos tanto locales como regionales».