El verano sin fin acorrala la venta de invierno del comercio textil de León
El sector aporta un 18% del empleo, pero pierde ya una cuarta parte de sus negocios en la provincia. Uno de cada tres comerciantes son autónomos sin empleados, y pierden rentabilidad

Dos jóvenes paseaban ayer, sábado, con ropa de verano ante uno de los escaparates del centro de León.
Ni otoño ni entretiempo. El cambio climático se deja notar cada vez más en la prolongación de las buenas temperaturas, incluso de forma inusual como está ocurriendo este año. La meteorología no camina al ritmo de las temporadas comerciales (o al revés), y los escaparates hace semanas que abandonaron las ropas y calzados que siguen vistiendo los ciudadanos, para lucir prendas de abrigo que no apetecen. El resultado, tras un verano que no ha sido especialmente rentable para el comercio leonés, es un otoño que ofrece ya descuentos antes de haber iniciado las ventas propias de la estación. Un tropiezo más en la rentabilidad sobre todo del comercio de proximidad, el tradicional.
Un obstáculo para un sector estratégico en la economía leonesa, sobre todo la de la capital y las poblaciones más importantes. El comercio acapara casi uno de cada cinco empleos en la provincia, pero las sucesivas crisis han hecho desaparecer una cuarta parte de los establecimientos en poco más de una década. Casi uno de cada tres emprendedores en este sector son autónomos, la mayoría sin empleados, y su rentabilidad está cada vez más amenazada. Los cambios de hábitos de los consumidores se aceleran desde el covid y el sector clama por el apoyo de las administraciones para sobrevivir. Argumentan, y es una razón de peso, que el pequeño comercio tradicional es el que dota de pulso a barrios, ciudades y pueblos.
«Las ventas están muy tranquilas, apenas algunos turistas que llegan a León compran ropa de abrigo. Somos un sector acostumbrado a sufrir, y dependiente de la climatología como los agricultores. La situación es complicada, porque las ventas se aplazan, pero las obligaciones mensuales que tenemos que cumplir como empresas no». Alfredo Martínez, presidente del Consejo de Comercio de la Federación Leonesa de Empresarios (Fele) no renuncia «al optimismo, esperemos que llegue el frío y las ventas se reactiven».
Sin obviar que a la vuelta de la esquina está ya el Black Friday, las campañas de Navidad,... Y sobre todo la presión de las grandes cadenas. «Esto es la jungla. Cada vez hay menos regulación, y la que hay se salta». Y frente a esa competencia es difícil mantener el tipo para los comercios locales.
Tampoco el verano fue bueno. «Los incendios redujeron mucho el número de turistas, y el ánimo en general de compra. Pudimos salvar los muebles haciendo importantes descuentos».
Más cierres
La realidad es que el número de comercios evoluciona a la baja. Han cerrado incluso negocios históricos en la ciudad. El reciente informe sobre el comercio de proximidad del Consejo Económico y Social de Castilla y León fija en un 26% el número de negocios que han desaparecido en la provincia desde 2012, en plena crisis financiera.
El observatorio del Ildefe recuerda que sólo en la capital y su alfoz el sector es el motor económico más importante, con casi 15.000 afiliados a la Seguridad Social, un 16% del total. Aunque sólo en un año se han perdido un centenar de empleos.
De lo ajustado de la rentabilidad da buena fe la evolución de los precios. Según el IPC que publica el Instituto Nacional de Estadística, el mes pasado, en pleno inicio de nueva campaña de ventas, el vestido se encareció menos del 1%, y el calzado apenas el 0,4%. En el último año, a pesar de las subidas de precio generalizadas, los precios del sector textil se incrementaron un 2,5%. La rentabilidad de los negocios del sector, advierten desde las asociaciones empresariales, va a la baja. Sobre todo de los pequeños. Porque, apunta la patronal de grandes empresas de distribución Anged, las cadenas tiene capacidad para gestionar una gran cantidad de stocks que se adaptan a las necesidades del consumo. El pequeño comercio no.