Diario de León

REPORTAJE

La mujer que roció con ácido a su exmarido tras intentar envenenarle «no parará hasta que lo mate»

Los investigadores destacan la inquina de la mujer que roció con ácido la cara de su exmarido y advierten del peligro que corre

Momento de la detención de la sospechosa.

Momento de la detención de la sospechosa.GUARDIA CIVIL

Miguel Ángel Zamora
León

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Dicho con pleno convencimiento: «Va a volver a atacar, no se va a quedar quieta». Lo dijo uno de los profesionales de la investigación abierta cuando analizaba el intento de envenenamiento que una mujer leonesa ejecutó sobre su exmarido. Convenció a su hijo pequeño para que le obligara a comer unas chocolatinas, en las que había inyectado talio, un potente raticida que le dejó ciego y prácticamente inválido. Le valió una condena de 12 años y medio de prisión por la que, aun así, estaba en libertad condicional.

Así que, cuando el pasado 15 de agosto, el exmarido denunció que había sido atacado por una persona que le había rociado la cara con ácido en Jiménez de Jamuz, los investigadores supieron pronto que se había cumplido el vaticinio. Estaban seguros de que había vuelto a hacerlo, pero el problema era cómo encontrar las pruebas. La fundamental fue el coche que utilizó en la huida. Un testigo reconoció un vehículo muy similar al de la sospechosa y a partir de ese momento se inició una larga y laboriosa tarea de cotejo de datos, pruebas, visionado de cámaras y recogida de restos biológicos, que depararon casi dos meses después en el hallazgo de un dato concluyente para demostrar que era la madre de sus hijos la que estaba detrás de ataque. Hubo que convencer a la jueza instructora para que autorizase una entrada y registro en la vivienda de la sospechosa. Argumentarlo jurídicamente fue complicado. Conseguirlo resultó de lo más efectivo. Una persona tan astuta como ella no iba a cometer el error de regresar a casa con el «disfraz» que había utilizado para ocultar su identidad. Pero en la gatera siempre quedan pelos. Y aparecieron vestigios de que había confeccionado un perfecto envoltorio para mantener el anonimato. Lo que no mantuvo fueron los restos, que permitieron tirar del hilo. La casa guardaba indicios de que había sido utilizada para preparar un plan minuciosamente estudiado en el que no podía fallar nada. Ya hubo un primer registro el 29 de julio de 2020. Fue en la vivienda que ocupaba la investigada, donde se localizó entre otros efectos una jeringuilla de plástica y una tableta de chocolate Milka, un bote con un líquido sin identificar y otras dos jeringuillas de plástico, así como otra en la sala de estar y en el trastero una caja de herbicida.

INDICIOS

Si la instrucción demuestra que hay indicios suficientemente sólidos, es probable que se decrete su ingreso en prisión, aunque de forma preventiva. «Da igual», señalan los profesionales. «Aprovechará cualquier permiso, cualquier ocasión que se le presente porque está obsesionada con él. Quiere acabar con su vida como sea».

No le queda ya mucho consuelo porque ha perdido la visión, camina a duras penas y el estado en el que se encuentra ya no es reversible. Los incidentes con la sospechosa habían sido muy habituales. Ya en la época en la que todavía vivía con su exmarido, ella le ordenó desmontar todos los halógenos de la casa, porque estaba convencida de que les espiaban. En plenas, desavenencias y ya separados, se presentó en la nueva vivienda del progenitor de sus hijos, y cuando fue sorprendida por las fuerzas policiales, alegó que tenía conocimiento de que uno de los niños había sido sometido, a informes psiquiátricos y su exmarido no quería proporcionárselos. Fue la justificación que aportó para explicar por qué merodeaba en torno a la casa, sin más argumentos que lo validaran. La sospechosa fue condenada inicialmente por un delito de coacciones. La Policía Local se encontró con que la vecina aseguraba que la había visto con unas ganzúas en torno a la puerta de la nueva vivienda de su exmarido. La Audiencia Provincial estimó su recurso y archivo la causa. Ahora se abre un nuevo escenario. A la delicada situación que de por sí ya comporta, se le suma el temor a que vuelva a repetirse un nuevo ataque sobre su persona. Quizá tenga que acabar tomando medidas drásticas para poder salvar su vida y la de sus hijos. De momento está vivo de milagro. Solamente el 2% de las víctimas de ataques con talio salvan la vida. Gracias a su gran tesón ha logrado evitar el uso definitivo de una silla de ruedas, precisando sólo un bastón para deambulación (aunque es lenta e inestable). «Asimismo, se ha realizado una recuperación paulatina de parte de sus capacidades cognitivas. La afectación de ambos nervios ópticos ha evolucionado muy poco, quedando, a efectos prácticos, un cuadro de ceguera bilateral», dice su parte médico. Se ha tratado de un cuadro clínico de extraordinaria gravedad, en el que se ha evitado su fallecimiento gracias a los esfuerzos continuados de los facultativos que lo han tratado, y en menor parte a la buena salud y forma física previa del intoxicado.

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