El cambio de tendencia en los clientes de los establecimientos de turismo rural de la provincia se ha dejado notar claramente en el mes de septiembre, que ha registraro un preocupante descenso de la afluencia de viajeros nacionales, a pesar del buen tiempo, y sin embargo se ha colocado entre las preferencias de los viajeros extranjeros. Según los datos publicados ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el mes pasado fue el peor septiembre de los últimos tres ejercicios en cuanto a la afluencia de visitantes españoles a las casas rurales de la provincia, con 4.631. Eso es prácticamente la mitad que hace dos años, y está muy por debajo de las cifras registradas el año pasado.
En cambio entre los turistas extranjeros la afluencia ha crecido con fuerza: más que duplicó las cifras de los dos años anteriores, hasta situarse en 5.421 viajeros el mes pasado. En cambio las pernoctaciones siguen siendo un punto débil de este coletivo, apenas se quedaron una noche en la provincia. Los españoles, sólo dos de media.
Entre los viajeros en conjunto cae también la ocupación en los apartamentos turísticos, mientras crece el uso de los campings entre los españoles, hasta ocupar casi 3.000 plazas el mes pasado.
La tensión de los 'neorrurales' para lo tradicional
El campo ha dejado de ser exclusivamente un espacio de producción agrícola para convertirse en un territorio de consumo turístico, simbólico y cultural, lo que genera tensiones entre los nuevos habitantes —los llamados neorrurales— y las comunidades tradicionales, que ven cómo sus formas de vida se reconfiguran bajo valores urbanos.Así se recoge en un estudio realizado por un equipo de investigadores del área de Antropología Social de la Universidad de León publicado en la revista científica Humans que analiza el fenómeno del neorruralismo en Castilla y León, abordando las transformaciones sociales, económicas y culturales que se producen cuando personas procedentes de entornos urbanos se instalan en el medio rural en busca de una vida más sostenible.El artículo al que ha tenido acceso Efe, titulado The Paradox of Neo-Ruralism in Castilla y León, Spain: Urbanites in the Countryside and Rural Dwellers in the City, fue elaborado por Óscar Fernández Álvarez, Miguel González González y Sara Ouali Fernández.Esa transformación, impulsada por políticas de promoción local y por la idealización del medio rural en los medios de comunicación, genera tensiones entre los nuevos habitantes —los llamados neorrurales— y las comunidades tradicionales, que ven cómo sus formas de vida se reconfiguran bajo valores urbanos.
El estudio subraya la necesidad de dotar de contenido político al espacio rural para afrontar los desafíos estructurales que lo afectan, como la despoblación, el envejecimiento, la pérdida de servicios básicos o la concentración de tierras.Los autores sostienen que estos problemas no pueden resolverse únicamente desde lo local, sino que requieren alianzas más amplias que cuestionen las estructuras económicas que promueven el crecimiento continuo.Concluyen además que el neorruralismo, lejos de ser un fenómeno homogéneo, encierra múltiples paradojas y tensiones que deben ser abordadas desde una perspectiva crítica, integradora y comprometida con la sostenibilidad social, cultural y territorial del medio rural.