La mejor enfermera comunitaria de España es de León: «Hay que pasar consulta mirando a la calle»
Marta Martínez es un ejemplo de liderazgo e innovación en la salud de no sólo de sus pacientes (ahora, los del centro de salud Eras de Renueva), sino del conjunto de la comunidad que la rodea. Una excelencia que tiene premio a nivel nacional

Marta Martínez, en su consulta del centro de salud de Eras de Renueva.
Si la bondad, la dulzura, la empatía y la pasión por crecer para ayudar mejor a los demás fuesen una medicina, Marta Martínez podría prescribirlas a manos llenas. La entrega de esta apasionada de la salud no sólo en el ámbito sanitario, sino en el investigador y docente, suma tantos méritos que la han convertido en la Mejor Enfermera Comunitaria en el Ámbito Nacional 2025, por la Asociación de Enfermería Comunitaria.
Es un premio que reconoce el liderazgo e innovación en la mejora de la salud comunitaria, como «referencia para la profesión y para la ciudadanía». Y valora los currículums de forma anónima. En el caso de Martínez el galardón destaca «una trayectoria ejemplar, que integra práctica clínica excelente, liderazgo en cuidados, investigación aplicada, docencia y gestión del cambio en Atención Primaria». Y señala la combinación de «cercanía, ciencia, compromiso y resultados» de su trabajo; que a través de su amplia experiencia adquiere una visión integral sobre los pacientes. La enfermera leonesa (aunque nacida en Valladolid) aúna «excelencia clínica, liderazgo transformador y visión comunitaria».
"Debemos estar donde la vida acontece. Y con los pacientes hay que rascar, ir quitando capas y preguntar lo que les pasa desde la confianza"
«Nunca he sido la mejor en nada, y detrás de este premio lo que hay es muchos nombres y muchas gracias. Soy mejor gracias a las personas que me rodean», insiste con humildad, mientras sigue emocionándose al recordar no sólo la sorpresa por su elección hace unos días, sino el torrente de felicitaciones de compañeros a los que este galardón ha dado pie a manifestar su admiración.

Marta Martínez, en su consulta del Centro de Salud Antonio Gutiérrez, en Eras de Renueva.
Marta Martínez es enfermera familiar y comunitaria del Centro de Salud Antonio Gutiérrez de Eras de Renueva, en la capital leonesa. La intensidad de su trayectoria no cabe en una entrevista, pero en estos momentos ultima su doctorado en Salud y Motricidad Humana, es máster en Investigación en Ciencias Sociosanitarias, ha trabajado en el Centro de Hemotepia y Hemodonación de Castilla y León, en urgencias y en varios centros de salud y hospitales. Lidera proyectos de investigación de la Gerencia de Atención Primaria de León, y participa como investigadora en diversos estudios, además de pertenecer a varias asociaciones científicas de su sector. Ha publicado artículos en revisas especializadas y organizado congresos científicos sobre materias relacionadas con su especialidad, además de participar en más de un centenar de cursos de su ámbito.
"Es en las consultas donde surgen los 'agujeros de investigación, que aportan las pistas sobre por dónde hay que avanzar"
Es, sobre todo, una defensora absoluta de la enfermería comunitaria, «de la atención biopsicosocial. Tenemos que pasar consulta mirando a la calle, no atendemos sólo el aspecto sanitario, hay que buscar el origen de las dolencias». De ahí se pasa a la educación grupal. «Buscar las causas de las causas. Ponerte en los zapatos del otro para entender cuál es el entorno del paciente». Hay un paso más, el de la comunidad. «Debemos estar donde la vida acontece, y ahí están las asociaciones de vecinos, de pacientes,… En la consulta sólo ves un sesgo, pero si vas a los domicilios, al barrio, al entorno, es cuando puedes saber qué puede hacerse para mejorar. El día a día nos come con las patologías crónicas y atender lo que nos va llegando, pero no podemos perder la esencia de la Atención Primaria: la prevención e intentar que las personas se mantengan saludables».
En este empeño se ha desarrollado en buena medida la carrera de la mejor enfermera comunitaria del país, en la detección de las dolencias también emocionales. En el caso más extremo, del peligro de conductas suicidas. «Preguntar es fundamental, y qué mejor que hacerlo en el ambiente de confianza que se establece con tu enfermera o tu médico habitual, tu trabajadora social. Cualquiera que pueda detectar un sufrimiento emocional. Hay que rascar, ir quitando capas. Y preguntar abiertamente si alguna vez ha pensado si estaría mejor muerto».
Una búsqueda incansable en el día a día que obliga también a levantar la vista e ir más allá. «Porque las enfermeras tenemos cuatro competencias bien definidas: asistencial, docente, investigadora y de gestión. Hace años ni siquiera se planteaba que pudiéramos abordar la investigación, por ejemplo. Y ahora hay cada vez más enfermeras doctoras. Además, es en la consulta donde surgen los ‘agujeros de investigación’, esas cuestiones que nuestros colegas del mundo académico necesitan conocer para detectar las necesidades».
"No somos los protagonistas de ninguna historia, somos un actor más, que contribuye desde sus competencias a hacer mejor la vida de las personas"
Marta Martínez es un buen ejemplo de cómo esa curiosidad y ese compromiso, el del avance de la profesión, pasa cada vez más por la investigación. «A mi me apasiona el modelo salutogénico, que desarrolló Aaron Antonovsky. En lugar de centrarse en por qué se enferma, que es la visión patogénica que hemos seguido tradicionalmente, poner el foco en cómo se conserva la salud, incluso a pesar de las dificultades. Una visión salutogénica».
La responsabilidad de formar
Además de su trabajo y de su tarea investigadora, la enfermera de familia y comunitaria premiada es tutora de residentes en su especialidad. «Tengo una responsabilidad con ellas, traerles las últimas evidencias, pero también me enriquezco son sus aportaciones. Hay novedades constantemente, y tenemos que estar siempre actualizadas. Vivimos en un campo de conocimiento en constante cambio, y enseguida puedes quedarte obsoleta. Es verdad que es un trabajo extra, pero también muy gratificante. Además, los pacientes están cada vez más formados. Ya no son esa persona pasiva que viene a ver qué tiene que hacer, se informan y quieren contrastar lo que han averiguado. Y eso es muy exigente».
Marta, que en su infancia pensó en ser profesora, hasta que la sanidad se cruzó en su camino, ha sido también responsable de formación entre otros en el Centro de Salud de Benavides de Órbigo. Una formación que es más exigente con el aumento de las competencias de las enfermeras, que considera ineludible. «En sus orígenes la enfermería se asentaba un tanto en la voluntariedad, eran muchas personas del clero, entregadas a los cuidados. Con el tiempo esa formación se ha hecho universitaria y hoy ya pueden ser doctoras. Y hay que ajustar las competencias al nuevo perfil de enfermera, ya no tan supeditada al médico en las cuestiones en las tiene un amplio conocimiento. La indicación de enfermera ha sido un paso muy importante».

La enfermera, en una de las charlas de formación que ofrece.
Defiende también con rotundidad la especialización en el campo de la enfermería. «Hay profesionales que lo ven como una amenaza, yo creo que es una oportunidad. Quien haya estado en un servicio que no controla del todo sabe la frustración y la preocupación que te llevas a casa. Cada vez hay técnicas más sofisticadas y conocimientos más avanzados, y en Atención Primaria el campo de actuación es muy amplio. El fomento de la salud y la prevención de la enfermedad está en nuestras manos, no en otros ámbitos asistenciales. Si no lo hacemos aquí se pierde, y esa es nuestra responsabilidad con la sociedad. Con las personas, las familias y las comunidades a las que atendemos».
«Tengo pasión por lo que hago, porque puede cambiar la vida de las personas, las familias y las comunidades a las que atendemos»
Por eso también se esfuerza en el programa de implantación de guías de buenas prácticas que se impulsa desde la Gerencia de León. «Formamos a los profesionales para que avancen, pregunten, no hagan lo de siempre. Y para eso tienen que saber también cómo reaccionar ante casos de violencia de género, problemas emocionales, soledad,… Las cifras sobre la problemática que hay en estos aspectos cantan».
En este sentido la enfermera insiste en la necesidad de contar con una red de apoyo profesional especializado. «La enfermera familiar y comunitaria tiene un conocimiento muy amplio de muchas cosas, desde las enfermedades más prevalentes a las intervenciones en el entorno. Pero todo tiene que tener una metodología, y no somos las protagonistas de la historia. Somos un actor más que tiene que contribuir haciendo recomendaciones adaptadas a cada persona, no vale una receta para todo. Por eso hay que conocer a la persona, pero también su domicilio, su barrio,… Y contar con una red de apoyo profesional para consultar todas las dudas que surgen en estos procesos».
Es una forma de ser y de entender la profesión que Martínez desvincula del concepto de ‘vocación’. «Hablar de vocación es un retroceso, vuelve al pasado de las dedicaciones casi religiosas e invisibiliza la enorme profesionalización que hay en este trabajo. De lo que sí hablo, con rotundidad, es de pasión por lo que haces. Cómo tu contribución puede cambiar todos los días la vida de las personas, de las familias, de la sociedad a la que atendemos. Y eso ya merece mucho la pena. Por eso nos volcamos con múltiples iniciativas. Es mucho trabajo a mayores, pero si con eso consigues que sólo una persona no llegue a suicidarse todo el esfuerzo ha merecido la pena».
Este apasionado camino, que sigue creciendo cada día, no lo ha recorrido Marta sola. «Son muchas las personas que están sosteniendo todo este esfuerzo. Mi padre, al que debo todo lo que soy. Ana Rivero y Cristina Diez Flecha, que me han dado la oportunidad de desarrollarme como enfermera familiar y comunitaria con un apoyo incondicional. Pilar Marqués, enfermera, catedrática de la Universidad de León y vicerrectora del Campus de Ponferrada, investigadora principal del Grupo Salbis, que me introdujo en el mundo de la investigación y es un ejemplo de liderazgo enfermero».
Por encima de todos, Isaías García, que es profesor titular de la Escuela de Ingeniería Informática de la Universidad de León y también investigador. En la historia de esta enfermera ejemplar es «el apoyo número uno. El que me impulsa y me hace mejor cada día. El gozo intelectual de la curiosidad permanente. Eternamente agradecida por la persona que tengo a mi lado como compañero de vida».
El entorno de Marta Martínez, sin duda mucho más que la mejor enfermera comunitaria de España en este año.