Cuenca: "El Reino de León es una de las vigas maestras del edificio español"
El capitán del Ejército del Aire y del Espacio presentará el 13 de diciembre, a las 12.00 horas en el Palacio del Conde Luna, el libro 'En busca de España', del que es coautor

Manuel Ángel Cuencia, capitan del Ejército del Aire y del Espacio y coautor de 'En busca de España'.
El historiador Fermín Valenzuela, la artista Gloria Cuenca y el capitán del Ejército del Aire Manuel Ángel Cuenca presentarán en León el sábado 13 de diciembre (a las 12.00 horas en el Palacio del Conde Luna) En busca de España. Un ensayo histórico que nació nació a raíz "de muchas conversaciones y en muchos kilómetros". "Antes de En busca de España ya habíamos trabajado juntos en otros proyectos; libros infantiles sobre símbolos e historia de España, materiales didácticos, iniciativas para que los niños coloreen escudos, banderas y personajes históricos y, casi sin darnos cuenta, fuimos formando un pequeño taller de ideas: un historiador más académico, un comunicador más divulgativo, una ilustradora con una mirada muy limpia… El ensayo surge cuando algunos lectores, padres y profesores nos empiezan a decir: 'Todo esto que contáis para niños, ¿por qué no lo escribís también para adultos?'", señala Manuel Ángel Cuenca, especializado en Comunicación dentro del Ejército del Aire y del Espacio, quien añade que el "grupo de amigos" comparte "una preocupación y un cariño por España, que se complementa bien", por lo que avanza que "vendrán más proyectos para seguir buscando a España y, sobre todo, para aprender a quererla mejor". Unos principios que, además, llegaron de la mano de la editorial leonesa Eolas.
-¿Cuál es el objetivo del libro? ¿Qué busca?
-El libro busca algo muy sencillo y, a la vez, muy ambicioso: reconciliar al lector con la palabra “España”. Vivimos en un país donde el nombre de nuestra propia casa a veces se pronuncia con incomodidad, con ironía o con cansancio. En busca de España intenta hacer el camino contrario: recordar que España no es un eslogan, sino un hogar compartido, una historia larguísima de mezclas, de conflictos y también de perdón. El objetivo es que el lector termine el libro con una emoción serena y afirmativa: comprender mejor de dónde venimos para poder querer este país sin ingenuidad, pero también sin complejos.
-León, como reino histórico, ¿aparece en este ensayo?
-Sí, León aparece y, más que aparecer, sostiene buena parte del relato. España no se entiende sin el viejo reino de León, heredero de Asturias, corazón político de la monarquía en la Alta Edad Media y uno de los grandes motores de la repoblación y de la expansión hacia la Meseta. León es, por decirlo así, una de las vigas maestras del edificio español: desde sus territorios se proyectan caminos, fueros, monasterios, ciudades y una forma de gobierno que cristaliza, por ejemplo, en las Cortes de 1188, consideradas una de las primeras experiencias parlamentarias de Europa. En el ensayo León no es un decorado, sino un protagonista silencioso: demuestra que España nació, muchas veces, lejos de los focos centrales de hoy.
-¿Qué destacaría de la Historia de España, con qué hito o momento se queda?
Si tuviera que quedarme con un momento, escogería la época en que se va fraguando la España que se asoma al mundo: la segunda mitad del siglo XV y el XVI, con los Reyes Católicos, la unión dinástica, la toma de Granada, el descubrimiento y la empresa americana, la expansión cultural y artística. No porque todo fuese idílico, sino porque ahí se ve de forma muy clara la capacidad de este país para crear, explorar, fundar ciudades, abrir caminos y dejar huella en medio mundo. Es una etapa llena de luces y de sombras, pero también de una enorme energía histórica.
-¿Por qué en otros países se han cerrado cicatrices y en España sigue abierta claramente la que dejó la Guerra Civil?
-En parte porque nuestras heridas más profundas están muy cerca todavía de la memoria familiar: muchas personas han crecido escuchando relatos directos de padres y abuelos. Además, durante mucho tiempo cada familia, cada entorno, conservó su versión particular de lo ocurrido, y ha costado construir un relato más amplio que asuma que la Guerra Civil fue, ante todo, una tragedia para todos. También influye nuestro carácter: somos un país muy pasional, que vive la historia con intensidad, y a veces nos cuesta tomar distancia serena. El libro intenta, humildemente, ayudar a esa mirada más amplia: sacar la Guerra Civil del centro del relato y colocarla en un contexto de siglos, donde también hay grandeza, creación y reconciliación.
-¿Qué tenemos que hacer, como país, para seguir avanzando históricamente?
-Necesitamos tres cosas: memoria, respeto y proyecto. Memoria, para no infantilizarnos ni borrar lo que no nos gusta, sino comprenderlo con rigor. Respeto, para aceptar que el vecino puede amar a España de forma distinta a la mía, sin convertirlo en enemigo. Y proyecto, porque ningún país vive de la nostalgia: necesitamos metas ilusionantes en ciencia, cultura, empresa, demografía, defensa del patrimonio, presencia en el exterior… Si sólo hablamos del pasado para reprochárnoslo, el país se encoge; si hablamos del pasado para sacar fuerzas y construir algo mejor, España se agranda.
-¿Cuál es el papel de los jóvenes en este camino?
-A los jóvenes les pediría dos cosas: que no hereden rencores y que se tomen en serio su propio futuro. No tienen por qué repetir las discusiones de sus bisabuelos; pueden mirar la historia con curiosidad, con espíritu crítico, pero sin odio prestado. Y, al mismo tiempo, pueden exigir una sociedad a la altura de sus talentos: una buena educación, oportunidades para formar una familia, posibilidades reales de emprender, investigar o crear aquí. La España que venga será, en gran medida, la que ellos quieran construir… o la que dejen que otros construyan por ellos.
-Usted ha pasado como profesor por la Academia Básica del Aire y del Espacio. ¿Cómo fue la experiencia?
-Ha sido una de las experiencias más gratificantes de mi carrera profesional. En León tuve el honor de ser jefe de escuadrilla y de acompañar muy de cerca a jóvenes que llegaban casi adolescentes y salían convertidos en sargentos del Ejército del Aire y del Espacio. Allí uno comprende que la palabra “España” se hace carne en rostros concretos, en acentos distintos, en historias familiares muy variadas que coinciden en un mismo juramento de servicio. Enseñarles no era sólo explicar materias o corregir formaciones: era intentar formar criterio, carácter, sentido del deber y también amor por lo que hacen. Yo fui allí a enseñar, pero me fui con la sensación de haber aprendido mucho de ellos: de su energía, de su nobleza y de su forma directa de entender el compañerismo y el sacrificio.