El Hospital de León activará su propio protocolo de resucitación para minorar muertes súbitas
Con casos de pacientes en parada cada semana, el plan refuerza la atención ágil y la prevención. Hasta ahora, el Complejo Asistencial seguía el plan de RCP nacional y las guías internacionales

La formación en RCP es clave y se imparte desde hace 30 años en el Hospital.
Doblegar la fina línea que separa la vida de la muerte y actuar en ese margen de tiempo tan corto, de apenas cuatro minutos, se sitúa en el centro del primer protocolo de resucitación propio que activará el Hospital de León a comienzos de este año.
El desafío se sitúa en que el «milagro» de sacar de las garras de Hades a los pacientes en parada no dependa solo de la reacción extrema de los sanitarios, sino de la anticipación para reconocer los signos de deterioro de las personas ingresadas que podrían desembocar en ese fallo cardiorrespiratorio, para así prevenirlo antes de que suceda.
«En este protocolo de Atención a la Parada Cardiorrespiratoria al Paciente Adulto Hospitalizado se insiste en saber 'leer' los signos de alerta que pueden conducir a esa situación, porque no son tan repentinas e inesperadas como se piensa y es fundamental saber ver el deterioro que lleva a ellas antes de que se produzcan», explica la intensivista del Hospital, Silvia Gutiérrez.
De modo, que tras un año de trabajo y reuniones entre los servicios de Anestesia, Intensivistas y Cardiólogos, el Hospital de León activará en pocas semanas un protocolo específico de reanimación, una estrategia «marca de la casa» que supone un salto cualitativo respecto al plan nacional de RCP y las guías europeas que se siguen hasta la fecha. Permitirá adaptar los recursos del centro hospitalario leonés en cada rincón para una actuación rápida que gane esos segundos preciosos que separan la fina línea de la vida. Los intensivistas atienden las paradas en el área médica, los anestesistas fundamentalmente en postquirúrgicos y los cardiólogos en la plantas de cardio y cirugía cardíaca.
El plan asume la realidad estadística de que la mayor parte de las paradas cardiopulmonares ocurren en las plantas del Hospital. «Se calcula que por cada mil ingresos intrahospitalarios, afectan al 1,5-1,8%», precisa, lo que supone más de 60 en el Complejo Asistencial Universitario de León, ya que contabiliza 35.000 ingresos de media. En España, el año pasado se produjeron 22.300 paradas.

Uno de los talleres de reanimación del Caule.
Hasta ahora, la respuesta en planta dependía de la activación de los equipos de reanimación ante un evento. Con el nuevo protocolo netamente leonés, se busca anticiparse a los signos previos para identificar al enfermo que empieza a descompensarse y poder intervenir antes de que el código pase a ser una resucitación extrema.
Es una red de seguridad que asume que la vigilancia constante detecte las alertas antes de que el pulso desaparezca.
Mientras este plan preventivo y de actuación se despliega por el edificio, en el corazón de Urgencias la lucha sigue siendo frenética con medio millar de casos. Médicos y enfermeras se convierten en ocasiones en figuras que salvan a personas que llegaron sin pulso ni respiración. Al menos uno por semana. «Es la labor más espectacular que realizamos, la que nos reconforta más, porque llega alguien que no responde, en parada cardiorespiratoria, y con las maniobras de reanimación del masaje cardíaco y el boca a boca, que hoy se efectúa con una bolsa Ambu y una mascarilla, de repente abre los ojos y respira», reconoce el coordinador de Urgencias del Hospital leonés, Saúl Escudero.
Un servicio donde ya existe un protocolo de atención a la parada extrahospitalaria, de donde llegan la mayoría, aunque también se producen paradas de usuarios tras el triaje. «Si pasan más de cuatro minutos desde que se deja de respirar, es muy difícil salvar la vida sin secuelas porque el cerebro no recibe oxígeno y las neuronas mueren», explica Escudero.
Sufrir un deterioro cognitivo o quedar en estado vegetativo representan un riesgo alto para casos muy graves. También es complicado salvar a todos los resucitados, a pesar de concederles una oportunidad de agarrarse a la vida. «De los reanimados, algunos se recuperan, pero la mitad, vuelven a sucumbir al sobrevenir otro episodio o tras ser ingresados en la UCI o cardiología porque se les complican sus patologías», corrobora.
En las reanimaciones suelen acudir dos médicos y dos o tres enfermeras que empeñan su profesionalidad en intentar insuflar vida a personas sin constantes vitales. A veces sus cuerpos responden y siguen bombeando sangre, aunque se consideran fallecidos y entonces serán sus órganos si son donantes los que salvarán otras vidas.
Con la suma de ambos protocolos, el Hospital aspira a seguir devolviendo el pulso a ese medio centenar de leoneses en la puerta de entrada, y a blindar cada planta con un escudo de prevención que detecte el peligro antes de que sea demasiado tarde.
"Los drones y la IA cambiarán la manera de actuar"
«Todo el mundo debería ser capaz de saber colocar un desfibrilador, una máquina imprescindible para una persona que queda sin pulso y que hay que es vital colocar antes de tres minutos», señala la intensivista del Hospital de León, Silvia Gutiérrez, convencida de que «los drones y la IA van a cambiar la manera de actuar» ante las paradas cardiorrespiratorias de la población. En el Complejo Asistencial Universitario de León se llevan impartiendo cursos de manejo de RCP desde hace 30 años al personal, ya que el plan nacional y las guías internacionales evolucionan y mejoran ese manejo. Con el protocolo propio redoblarán esos talleres para difundir una técnica que salva vidas.
Desde hace 3 años, el 16 de octubre, día mundial de la parada, se hacen demostraciones para profesionales y legos.